Que dramático.
Pero cuanto drama en una sola linea.
Selene se dejo caer sintiendo el viento, pero no siendo inconsciente de la distancia entre ella y el suelo. Y solo cuando sabia que estaba llegando a su final invoco su aura y por unos minutos floto sobre el aire y sobre si misma.
Bajo lentamente con su magia hasta tocar el suelo.
Miro entonces hacia arriba, donde el cuerpo del monarca seguía asomado observándola por la ventana.
“¿En que estas pensando Reined?” Pensó Selene
Y casi indignada se dio media vuelta y empezó a caminar rumbo al castillo. Si, al interior. No pensaba huir. Queria demostrarle que estaba con el, queria ayudarlo, o al menos lo sacaría de este desastre. Quizás arreglaría su propio error.
Pasaron apenas unos minutos cuando escucho los aplausos con el hombre bajando por las escaleras —Eso fue impresionante —eso casi parecía una felicitación
—¿Qué es lo que querías probar?
Sonríe —Solo tu fuerza de voluntad y convicción
—Sabes que mi magia esta débil y está fallando. Hasta la misma Selene cansada podría haber caído y fallar —dijo y se sentía extraño hablar de ella misma en tercera persona
—No. Ella hubiera encontrado la forma. Es lo que siempre hacía. Encontraba la manera.
Ella se cruzó de brazos enojada —No me digas —rodo los ojos. No solía ser tan expresiva en su otra vida. Pero olvidaba que a veces Reined era el único que podía despertar tantos sentimientos en ella. Pues en realidad, solo con el mostraba sus emociones a veces.
—Vaya semblante, deberías controlarte, maestra —había burla en su voz
—Cállate. —entonces empezó a caminar, paso de largo de él y empezó a subir las escaleras
—¿A dónde cree que va, mi señora?
—No jugare este juego tuyo. Si no me tomaras enserio, entonces me retirare a mi alcoba por ahora. Ya hablaremos mañana sobre como procederemos para arreglar todo este desastre.
El muchacho soltó un gruñido molesto. Si. Esa si que parecía una reprimenda de Selene cuando se enojaba. Y casi tuvo el impulso de adelantarla, ponerse de rodillas y rogarle un perdón.
—Hoy no —dijo en cambio conteniendo su buen juicio —no iras a tu habitación. Hoy, iras a las mazmorras del calabozo
Ella se detuvo. —¿Por qué?
—Han llegado noticias inesperadas.
—¿Noticias? ¿Qué noticias?
—Nada que te incumba. Solo digamos que es tu primer día, está anocheciendo y tengo visitas. Como comprenderás, no puedo permitir que te vean por ahora. A estas alturas ya todos han de estar rumoreando sobre la chica que tome prisionera. Después de todo, nunca tomo esclavos.
¿Esclavos?
Pero más importante aún, —¿Visitas? —dijo intrigada —¿Qué clase de visitas?
—¿Qué clase de visitas crees que podría tener un rey maldito? —indago creyendo que ese era el tema —no se llega al poder sin aliados fuertes. Hablo de gente poderosa en la magia. Son un problema.
—Magia negra —corrigió ella con ceño fruncido. Su disgusto y desacuerdo se reflejaba en sus ojos. En todo su cuerpo.
—Y humanos también. Unos con riquezas que solo anhelaban el poder. Tanto hombres comunes, como magos se corrompen por igual. Que divertida y falsa es la moralidad
—¿Piensas que una celda en las mazmorras podría detenerme?
—Se que podrías romperlas y salir con facilidad. La prisión no es para ti. Pero al estar abajo, evitare que mis invitados deseen verte, con tanta arrogancia acumulada se sentirían indignos si bajan hasta allí.
—Quieres mantenerme escondida por ahora
—Serias un gran problema de otro modo. Además, quiero prepararte más pruebas y un cuestionario más elaborado. Quizás tengas sus recuerdos, pero no eres ella. Ya te lo dije, o quizás solo lo pensé, pero podrías simplemente ser un descendiente de ella.
—Lo cual no lo haría una reencarnación —murmuro para sí misma. Pero luego negó —no. Tendría memoria de la vida de Naevia, y no hay nada. Soy yo. De alguna manera. Quizás podrías decirme cuantos hechizos usaste, uno debe de haber funcionado, pero no de la manera que esperabas, quizás podría hacer un contra hechizo si hecho un vistazo a ese libro tuyo.
—¿Y eso que le haría a mi maestra?
Ella negó —no lo se. Quizás me devolvería a la muerte. Eso no importaría, pues sería el orden natural de las cosas. Aunque no podría ayudarte a solucionar todo esto si me voy ahora.
—Suponiendo que eres ella. No es una opción.
—Te es muy difícil creerlo aún. Pero si sigo viva quiere decir que tienes tus propias sospechas. Solo dime que tengo que hacer para probarlo y lo hare Reined. Y hare que el mundo respire de nuevo.
El solo la quedo observando, había algo en él, allí, en lo profundo de su mirar que quería creer en una esperanza que quizás le daría paz —Ella murió. Y el mundo murió con ella.
Selene negó —la gente muere todos los días. ¿Es que no lo ves? Polvo al polvo. Así es la vida, nadie es eterno. Y la vida no siempre es justa. Nuestras sombras nos preceden y el cómo la historia nos recordara a los dos, y a veces ni siquiera puedes decidir quien cuenta tu historia cuando ya no estás aquí. Pero aun así, viví una vida honorable. Y si tuviera que repetir los acontecimientos de aquella noche lo haría una y otra vez, sin importar el resultado. Porque mi vida era para el mundo.
El tenia la cabeza agachada ahora —¿para el mundo? —un bufido —dime, tu vida ¿no podía pertenecerme a mí? —era casi un susurro, pero ella lo oyó con cuidado
—No. Ni antes. Ni ahora. Ni jamás. Nací para esto. Era mi objetivo en vida y aun lo es.
—Pero ya moriste. Así que puedes elegir un nuevo objetivo. Puedes elegirme a mí ahora.
Ella se quedó pensando. ¿Es así como se había sentido en todos estos años de miseria? ¿Qué esa noche no lo eligió a el?
—Nunca quise abandonarte, sabes que no era mi intención morir sin haber llegado al lago, tú sabes que… —estiro la mano para acercarse a él con la intención de tocarlo, pero en ese momento apareció una cadena. Una que se extendía a ambas muñecas —¿Q-que… que es…?
—Supongo que, por una vez, tendré que protegerte de ti misma. Son cadenas mágicas ancladas a mi con mi magia. —entonces el mostro sus propias cadenas en sus muñecas. Uniendo a ambos —puedo sentir todo mientras las lleves puestas. Y no intentes quitártelas, solo te harás daño. Es magia oscura.
Ella se quedo solo callada, casi consternada mirando las cadenas espirituales. Entonces solo bajo la vista.
—¿Qué pasa? —indago el monarca con ceja enarcada —No me digas ¿Tienes algo que quieras decirme?
—Reined no me haría esto. —casi un susurro
Eso lo golpeo de lleno, pero entonces negó—No te dejare marchar esta vez. Entiende. No cometeré el mismo error dos veces. No el mismo error de aquella noche.
— No puedes hacerme esto…—insistió ella
El solo sonrió perdiendo casi toda sensibilidad —¿no?
—No. ¡No eres más que un tirano ahora! Ya no eres mi Reined.
Entonces el libero su aura oscura y ella sintió su magia entrando en ella. Invadiendo su cuerpo, su mente. Era extraño, casi como mezclar almas. Sintió sus piernas fallar, pero antes de ella caer Reined la agarro por los brazos pegando su cuerpo ahora débil al suyo
—¿Q-qué estás haciendo…? —dolía. Esto dolía.—para... ayúdame…
—¿Ayuda? No. — dijo —Recuerde que soy solo un tirano ahora, maestra.