Capitulo 6: Una prueba

1186 Palabras
Encerrada en una habitación. Quizás debería agradecer que su destino no fuera una celda. No es que fuera un palacio impecable. De hecho la habitación era modesta. Pequeña y sucia. Pero aun así tenía un lecho donde podría recostarse cómoda. ¿Por qué estaba pasando todo esto? ¿Acaso era su castigo por haber permitido que su aprendiz se enamorara de ella sin siquiera notarlo? —Ugh.— suspiro agotada con dolor de cabeza. Entonces se acercó a un velador que tenía un espejo. Se observo. Reined tenía razón, no se parecía en Selene en nada, era desorientador observarte y no reconocerte en un espejo. Y por unos momentos pensó en el cuerpo de la chica que estaba ocupando ¿Dónde estaría la verdadera Naevia ahora? ¿Estaría muerta? ¿en otro cuerpo? ¿Acaso su regreso causo la muerte de esta mujer? Sintió algo retorcerse en su estómago. ¿Qué será de la familia de esta chica? Quizás regresar a esta época había sido un error… nunca había creído en las reencarnaciones o en la inmortalidad y todas sus leyes habían sido desafiadas en un día. Sus ojos fueron hacia algo que no fuera el espejo y volvió a ver la oscuridad que se alzaba en el mundo por la ventana abierta —Esto es un error. Debo hallar la forma de solucionar todo esto. Se acerco hasta el muro de piedra y se subió al gran ventanal abierto. Si saltaba su vida acabaría de nuevo. Pero… ¿podría? Si todo esto era un sueño, ¿el golpe la despertaría? Jamás creyó en la idea de quitarse la propia vida, era un pecado, un crimen a todo lo espiritual que representaba el alma, además, seria huir a un problema que estaba sucediendo ante sus ojos. No había sido consciente de la presencia del hombre en la puerta hasta que le hablo. —Si vas a saltar. Hazlo de una vez Como siempre falto de toda emoción. Ella giro levemente el rostro para observarlo —¿Cómo es que nunca logro detectar tu presencia hasta que ya es demasiado tarde porque estas frente a mí? —La oculto. Es lo que hago —¿Eso puede hacerse? —quizás habían cosas en esta época ya descubiertas que podía aprender. ¿Qué tanto había avanzado la magia? ¿o ese era acaso una de habilidad especial solo destinada a la magia negra? —Ya ves que si Ella regreso la vista al precipicio ante ella —si muero no habría nadie que te detuviera. —Nadie me detendrá de todas formas, no hasta que la tenga de vuelta. Ni siquiera tu. ¿Tenerla? Eso la hizo voltearse, dándole la espalda al viento —¿Dónde está mi cuerpo? La pregunta parecía simple, pero no lo era. El monarca sonríe —¿estas asustada? —No hay magia capaz de resucitar a los muertos, Reined. Y menos hacer que un cuerpo no se descomponga. Después de cien años este solo debería estar p… —Lo sé — la corto —créeme, lo intente, pero su descomposición era inevitable. No es como si la tuviera en una caja de cristal. —De alguna forma oír tu explicación no me tranquiliza... —Guardo sus cenizas —aclaro —están en un jarrón antiguo y poderoso. Estará ahí hasta que sepa como traerla. Ya he probado varios rituales, aunque… debo decir que ninguno ha funcionado hasta ahora Rituales… Se sintió mareada de nuevo. ¿podría ser que alguno hubiera funcionado, pero no de la manera que el esperaba? —Tú me trajiste de regreso —comprendió. Algo que él no estaba entendiendo. —No he traído a nadie aun —¿Es que no te has dado cuenta aun? ¿Por qué perturbar mi paz solo por un deseo egoísta? — estaba molesta ahora. —puede que haya una forma de dar ese paso para atrás, eso que has hecho, quizás así la dueña de este cuerpo pueda volver a el. Reined la miro sin expresión alguna. No la estaba tomando enserio, así que ella probo otro camino. Solo tenía que demostrar que ella era la maga Selene. Solo tenía que probarle que ella era su maestra, después de todo, esa era la única razón por la que estaba viva ahora. —¿Extrañas el monte Olida? —le pregunto —este lugar es muy diferente de este. Alla siempre había mucha gente de aquí para allá. Lleno de colores, amor, relaciones sociales El joven no luce impresionado —eran igual de simples hasta que esperaba la llegada de mi maestra. Solía salir seguido. Ella recordo —¿Qué hay de Esther? ¿la recuerdas no? —Ugh— se quejó —ella y su malditito tintineo Eso la alegro. La recordaba. Aun después de cien años recordaba a la gente que residía en el monte —¡Si! —rio —tenía esa pulsera dañada, y siempre que nos ofrecíamos a arreglarla ella se negaba. Pues decía que era una reliquia, un gran regalo dado por su gran amor que estaba en el ejército. Y por lo tanto… —Y por lo tanto nos torturaba a nosotros con ese tintineo todo el día. ¿Por qué teníamos que ser víctimas de su romanticismo absurdo? Agradecí a los dioses cuando se mudó a la otra casa. Rio suavemente con una mano viajando a sus labios —Siempre podías saber cuándo ella se acercaba por ese tintineo. Solías ser igual a ella. También recuerdo tu túnica rota. Pasaste meses con ese agujero. Era tu prenda favorita, te la ponías todos los días. Hasta que me ofrecí a coserla. Su mirada de pronto cambio —no era mi favorita. Me la ponía porque era SU favorita. Además, —suspiro —asumía que te ofreciste porque ese agujero en la ropa le daría mala reputación al templo. Sus ojos lo miraron honesta —no fue así. Me ofrecí a cosértela porque llegaba la época de invierno y con ese agujero no quería que te resfriaras. Yo solo quería cuidarte. Sus palabras parecieron golpearlo. Agacho el rostro, pero no se movió —¿Porque te es tan difícil creerme? El silencio los lleno, y justo cuando creyó que este ya no respondería escucho el leve susurro —porque es imposible. —… Imposible… ¿Qué podía decir ellas de las imposibilidades a estas alturas? —Todo lo que está pasando. Todo lo que has hecho en este mundo… está mal. Sin respuesta aún. —Mi magia no es lo que era antes —se miró las mano — este cuerpo no maneja bien mis habilidades. Y no tengo el entrenamiento físico adecuado. ¿Qué tengo que hacer para probarte que soy ella? Alzo la vista y sus ojos azules la observaron. Entonces se acercó hasta ella hasta el gran ventanal con su túnica revoloteando por el viento. Se inclino y ella solo lo observo incapaz de moverse. —Empieza por probártelo a ti misma. Ella entrecerró los ojos confundida —Puedes empezar salvándote a ti misma —y entonces el la empujo por la ventana.
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