Los días pasaron y el mes estaba a punto de terminar, habíamos pasado días increíbles e intensos en la casa de campo, Robert y yo parecíamos una pareja de recién casados, aprovechando la más mínima oportunidad para tener contacto, sin importar hora o lugar, digamos que vivíamos una saludable sexualidad médicamente hablando. Robert ya no era tan antipático y hablábamos de muchas cosas, casi quería preguntarle sobre aquella misteriosa cabaña a la orilla del mar, de la que me sacó casi a rastras y quiénes eran las personas de las fotos que no pude hilar, sin embargo, no lo hice, así como tampoco dije nada acerca de mi diminuto secreto. Tengo que aceptar que me gusta más allá de solo algo físico, sin embargo hay que ser realistas y saber que no pertenezco al estilo de vida que implicaría llev

