Estando ya en la habitación nos despojamos desesperadamente de la ropa, nos hundimos en largos besos y caricias, él me miraba como si nunca antes lo hubiera hecho, sujeté su cuello para aferrarme más a él, nos completamos uno al otro en un intenso vaivén de pasión, toda aquella que en mi caso estuvo acumulada por mucho tiempo, eran tan extraordinario que podría describirla como mi mejor experiencia, no hubo rincón de mí que no se estremeciera ante Robert, sus manos eran mágicas y todo lo demás… Después de una insaciable sesión de deseo terminamos recostados en la cama, los dos en silencio, solo yacíamos al lado del otro sin aliento, acababa de romper todas mis reglas, había caído una vez más en sus brazos y la verdad es que no me sentía para nada arrepentida, Catalina era una infiel aunqu

