CAPÍTULO IX – LA RENUNCIA

1886 Palabras

Martina Dormí mal. Bueno… si a cerrar los ojos y revivir la misma escena mil veces se le puede llamar dormir. Cada vez que me quedaba quieta, veía los ojos de Alejandro al descubrirnos en el camarín. Esa mezcla de sorpresa, decepción y algo que me dolió más que todo: desconfianza. El lunes amaneció gris. Perfecto para mi ánimo. Me levanté, preparé café y ni siquiera el monstruo se acercó. Tal vez porque notó que hoy no había nada que celebrar. Llegué temprano a la oficina. Nadie me miraba directamente, pero todos murmuraban. Los rumores corren más rápido que los correos. Y cuando el chisme involucra a la “nueva modelo improvisada” y al prometido de la señorita Rodríguez, la noticia se vuelve oro. Respiré hondo y caminé directo a Recursos Humanos. La secretaria me miró como si y

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