Alejandro El día comenzó con esa calma falsa que uno sabe que va a estallar en cualquier momento. Angela estaba en la cocina, impecable como siempre, preparando su café con la precisión de una científica. Yo, mientras tanto, revisaba unos documentos en el comedor. -¿Tienes reunión temprano? -preguntó sin levantar la vista. -Sí -respondí-. Pasaremos a buscar a Martina antes de ir a la oficina. El silencio fue tan inmediato que hasta el reloj pareció dejar de sonar. Angela giró lentamente la cabeza, con una sonrisa tensa. -¿Perdón? -Martina vuelve hoy. Quiero que no se arrepienta, así que pasaré por ella para llevarla. Dejó la cuchara sobre la encimera con un clic calculado. -Ah, entiendo. Así que el “necesito aire” de ayer no era para despejarte, sino para ir detrás de ella. -An

