Martina Si alguien me hubiera dicho hace unos meses que estaría en una sesión de fotos profesional, con maquilladores, luces y cámaras apuntándome, me habría reído hasta llorar. Pero ahí estaba yo. Temblando de nervios, sí… pero feliz. El estudio era enorme. Las luces blancas colgaban del techo como soles artificiales, y las telas de fondo formaban olas suaves de color crema, rosa y gris. Había olor a perfume caro, a spray para el cabello y a nervios. La estilista -una mujer delgada, de cabello rojo y sonrisa amable- me recibió con un abrazo. -¡Así que tú eres la famosa Martina! Alejandro me habló mucho de ti. -¿Ah, sí? -pregunté, con una media sonrisa-. Espero que bien, porque si no, me hago la dormida y me voy. La mujer rió. -Tranquila, querida. Eres nuestra “mujer real”. Nada

