—Están a punto de llegar —dijo Marisa desde el dormitorio, mientras se daba los últimos retoques frente al espejo—. ¡Qué nervios! —¿Por mí o por ellas? —bromeó Félix, ajustándose el cuello de la camisa. —Por todos —rió—. Son como hermanas, y no les presento a cualquiera, llevo casi dos años sin verlas. La reunión era en su casa, un encuentro informal, con picoteo y risas garantizadas. Tocaron al timbre y Marisa fue a abrir con una sonrisa enorme. —¡Ay, por favor, qué barrigota! —exclamó Estefanía, lanzándose a abrazarla sin reparos—. ¡Estás guapísima! —Te juro que no me creo que vayas a ser madre —añadió Teresa, emocionada—. Si hace nada estabas ligando con aquel camarero portugués... Marisa reía, abrazándolas una y otra vez. Tras ellas entraron sus parejas, y un grupo de amigos más,

