Capítulo 167

1400 Palabras

El sol de la tarde se colaba por las cortinas del dormitorio, bañando de luz tenue la cuna donde Eva dormía, envuelta en un arrullo blanco con dibujos de patitos. Marisa, con una coleta mal hecha y ojeras que aún no habían encontrado tregua, se sentaba en el sofá con la pequeña en brazos, mientras Félix iba y venía desde la cocina con bandejas improvisadas de café, galletas y zumos. Aquel sábado por la tarde, la casa se convirtió en un santuario de mujeres y palabras. La primera en llegar fue Estefanía, con su voz desbordante y una bolsa de papel decorada con estrellas. —¡Madre mía, qué cosita más perfecta! —dijo apenas cruzó el umbral, dejando la bolsa y lanzándose a abrazar a Marisa con cuidado de no aplastarla. Eva se movió, emitió un pequeño sonido y Estefanía contuvo el aliento.

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