PRÓLOGO...
No tener nadie al lado mío, eso era normal, desde niña me lo hicieron saber.
Pero hoy, en esta vida soy ala reina, de un matrimonio que nunca se consumó, amo siempre a su concubina.
No recuerdo, ya cuántas veces me pidió el divorcio, yo aposté una y otra vez.
Hasta que me di cuenta que en su segundo hijo, jamás me miraría.
Guarde cada papel, le decía que lo había quemado, que nunca iba a pasar.
Pero hoy todo eso, había llegado a su fin 10 años después.
Me case con 17 años, di mí juventud a su lado.
Hice cualquier cosa para que el reino creciera, pero seguía siendo la villana que se interponía entre el amor de el rey y su concubina.
No lo entendía, hasta que me enamoré, un hombre que me hizo amarme como pensé que valía.
Con un hijo en su vientre y no de el rey, me fui en silencio una noche, presentando los papeles de el divorcio, pero unas horas antes el rey se presentó en mis aposentos.
-su majestad-hago reverencia.
-Dimitri: levanta tu cabeza!
-que le trae esta noche por qui su majestad?
-Dimitri: me dijeron que mí Reyna está triste esta noche!
-no soy su reyna su majestad! Y solo es un malestar!
-Dimitri: lo eres! Quiero aclarar un par de cosas, mañana quiero que estés presente.
-creo que no será posible su majestad! Me iré al amanecer!
Comienza a reírse y se acerca a mí de manera deliberante.
-Dimitri: deja de hacer chistes, tu pueblo quiere verte y yo quiero hacer un anunció!
-no lo es su majestad! Hoy lo dejo en libertad!
Me da un beso en mí frente, antes de irse me mira preocupado, y se va.
Mañana, todo el mundo sabrá que dejaré de ser la Reyna de este maldito imperio.
Ella no sabía, que eso traería tras su ida problemas.