~* Capítulo 04: Presentaciones Apresuradas *~

2820 Palabras
— Bastian — . El viernes por la tarde crucé la calle justo a las cuatro; aún había mucha luz de sol, pero el clima estaba fresco y el viento no estaba tan inclemente como los últimos días. Llegué a la puerta de Bavarian´s justo a tiempo para ver a Tom tropezar con el hombrillo de la acera; el chico logró maniobrar para no impactar de cara contra el barandal metálico que rodeaba los arbustos, pero el incidente le exasperó. —¡Puta acera! —exclamó al pararse en sus dos pies nuevamente, amagando con dar un fuerte pisotón al suelo. —Sí, es que desde que nos volvimos una ciudad futurista, y las aceras se mueven de lugar… Hay que tener mucho cuidado de dónde se pisa. —Tom me lanzó una mirada asesina. —No intentes ser chistoso hoy, Bastian, que no estoy de humor. Fruncí el ceño al oírle, era muy raro encontrarlo de mal humor. Tom Becker era uno de los meseros del bar, un tipo alegre y bromista, a veces demasiado, pero era un sujeto agradable en todos los sentidos; siempre dispuesto a ayudar a los demás, y, particularmente, admiraba su puntualidad, a diario solía llegar a trabajar al mismo tiempo que yo, y yo siempre llegaba antes de lo debido. —¿Por qué? —pregunté intrigado. —Terminé con Alice. —Se apoyó con actitud desanimada sobre la pared. —¿Alice? ¿Esa no es la chica con la que sales desde hace apenas una semana? —Él asintió—. ¿Y qué pasó? —Pues… Básicamente… Está loca. —Sacudió sus manos al aire, mostrando su frustración—. Se la pasaba revisándome el teléfono, preguntándome quién era cada persona en mi lista de contactos, y luego vio una foto de Laura, perdió la cabeza y empezó a gritarme. —¿Y por qué tienes una foto de Laura en tu teléfono? —pregunté un tanto divertido, viendo cómo él se quedaba mudo por unos segundos sin saber qué decir. Laura era otra de las meseras del bar. —Larga historia, pero no viene al caso, solo la tengo, y eso la enloqueció. Tuve que terminar con ella antes de que me matara. Está mal de la cabeza en serio. Sonreí mientras terminaba de abrir la puerta. Tom siempre tenía alguna divertida anécdota que contar; la mayoría de ellas estaban ligadas a mujeres, ya que era un tipo de personalidad llamativa, lo curioso era que las cosas siempre le salían mal; siempre había una mujer nueva no porque él así lo buscara, sino porque parecía no encontrar a la indicada. Su lema era “algún día la encontraré”. «Pero al menos él está más cerca de encontrar a alguien de lo que jamás estaré yo», pensé con un dejo de amargura. —Aguarda. —Le ordené antes de entrar al bar. Me tomé un par de minutos para inspeccionar todo, y encender todas las luces; y cuando regresé a la puerta, ya Viktor se encontraba en su lugar. —Lo siento, Bas. Tuve que llevar a Lucca a las inscripciones y… —Descuida, hombre. Solo fueron unos minutos. —Le interrumpí, restándole importancia. Lo cierto era que en las últimas semanas yo había adoptado más responsabilidades de las que me correspondían con tal de aliviar un poco a mi compañero. Viktor era un padre de familia, que trabajaba como personal de seguridad en un local nocturno para poder alimentar a todos en casa; cubría él solo los gastos, ya que su esposa no podía salir a trabajar por tener que cuidar a su padre enfermo. La vida del hombre no era nada fácil, y teniendo yo tanto tiempo libre como tenía, procuraba encargarme de todo lo que podía en el bar, así él solo tenía que cumplir horarios rigurosos, no tener problemas con Franz por alguna impuntualidad; al menos hasta que su estrés disminuyera un poco. Cuando finalmente estuve fuera del local otra vez, Tom estaba charlando con Manuel, nuestro bartender; ambos me miraron impacientes, pero solo cuando les hice un gesto con la cabeza fue que entraron al bar. Me quedé de pie en la puerta de la calle, esperando a que todos los demás llegaran. Había pasado poco menos de media hora cuando el auto de Franz cruzó la esquina y se estacionó en la acera de enfrente. En cuestión de segundos estuvo en la puerta, cargando unas cuantas carpetas bajo su brazo. A leguas se veía malhumorado, así que abrí la puerta tan pronto puso un pie en la acera. A nadie le gustaba lidiar con Franz cuando estaba de mal humor. —Buenas tardes, Bastian —saludó con la educación que le caracterizaba—. Vamos a adentro, hay un par de cosas que conversar. Asentí y, en silencio, caminé unos pasos a su espalda. El viernes era el día en el que a él le gustaba hacer reunión de personal, y asumí que el tema de esta vez sería la inclusión de Bárbara en la plantilla. De pronto, pensar en ella me subió el ánimo. Solo faltaba un día para poder verla otra vez, pero no tuve demasiado tiempo para pensar en eso, puesto que Franz se aclaró la garganta y se detuvo cuando estuvimos en el salón principal. —¿Qué tal, chicos? ¿Estamos todos? —preguntó, barriendo el lugar con la mirada; pasando de un rostro a otro hasta dar él mismo con la respuesta. Soltó el aire de forma exagerada y bajó la cabeza antes de hablar—. ¿Dónde está Allison? Su expresión pasó de solo tener un mal día a estar realmente enfurecido, lo cual hizo que todos nos removiéramos incómodos en nuestro lugar. Allison era nuestra segunda bartender, una chica agradable y buena en su trabajo, sí, pero que tenía el mal hábito de llegar tarde cinco de cada siete días a la semana; a mí eso solo me caía mal, pero Franz tenía un serio problema por ello, y tener a la pelirroja en su oficina para darle una larga descarga de reprimendas, ya se había convertido en cosa de todos los días. —De acuerdo… —dijo mirando su reloj—. Le daremos quince minutos más. Yo… —Se rascó la barbilla con gesto pensativo—. Tengo una llamada que hacer. Se dio la vuelta y se dirigió a su oficina, escalera arriba. Karla y Laura, las dos meseras, intercambiaron miradas burlonas, Tom rio, y Manuel solo sacudió la cabeza; para nadie ahí era una sorpresa ni el retraso de Allison ni el enfado de Franz; podía decirse que ya era una rutina, al punto de que cuando pasaron los quince minutos, para sorpresa de nadie, la chica seguía brillando por su ausencia y Franz salió de su oficina hecho una furia. Lancé un silbido para llamar la atención de los chicos otra vez, que dejaron lo que estaban haciendo al ver la cara de nuestro jefe y se apresuraron a agruparse alrededor de la barra principal. —Bien, seré breve porque ya perdimos mucho tiempo —comentó llevándose las mangas de su suéter hasta los codos—. Primero: en vista a que el Oktoberfest se acerca, Ben y yo hemos estado planeando algunas actividades festivas para llamar más clientes en esas fechas. Habrá música en vivo, animadores, cocineros y todo el asunto, pero los detalles se los daré más adelante. Segundo: es probable que Tom tenga que asistir en la barra durante esas semanas, así que necesitaremos más manos por acá, pero ya me hice cargo. —¿Incluirás a alguien más? —preguntó Manuel, a quien también le correspondía encargarse del personal. —Sí, el día de ayer entrevisté a una chica y le ofrecí el puesto. Comenzará hoy —anunció, sorprendiéndome, porque estaba muy seguro de haberle escuchado decir a Bárbara que sería el sábado. —¿Hoy? ¿Y por qué no está aquí ya? Tenemos que ponerla al día, Franz; y eso tomará tiempo. —Manuel estaba confundido, normalmente Franz organizaba mejor las cosas ahí. Salvo por Allison, el bar funcionaba como un reloj suizo gracias a él, y de pronto todo me empezó a oler mal, pero él no tardó en sacarme de dudas. —Ustedes no tienen que hacer nada. Allison, y solo ella, se encargará de entrenar a la chica —respondió, mostrándome sus verdaderas intenciones, por lo que tuve que bajar la cabeza para reprimir una sonrisa. Por lo que logré entender, él veía aquello como un justo castigo por el retraso de su trabajadora. —Pero, ¿estás seguro de que Allie querrá…? —Manuel se detuvo al ser víctima de la helada mirada de Franz. —Lo que Allison quiere me importaría si ella estuviese aquí para decírmelo —respondió cortante—, pero como no está… Entonces yo decido que será ella quien se encargue. A menos, claro, que alguno de ustedes quiera tomar su lugar y entrenar a la nueva. Pero les advierto que esta chica nunca ha trabajado en un bar, así que ustedes dirán: ¿quién se ofrece? Miré en silencio los rostros de mis compañeros y supe la respuesta que darían incluso antes de que Tom abriera la boca para confirmarlo. —Allison me parece una excelente elección —respondió el chico. —Sí, ella es la mejor para eso. La nueva se pondrá en línea de inmediato —agregó Laura, y así, todos dieron su consentimiento. Solo Viktor y yo nos mantuvimos al margen. —Perfecto. Vuelvan a lo suyo entonces —continuó Franz y luego se dirigió a Manuel, señalando hacia la entrada—. Tan pronto como Allison cruce esa puerta… la quiero en mi oficina. —Sí, señor —respondió Manuel con una mueca. Luego todos soltaron risitas burlonas cuando el jefe se marchó, y empezaron a murmurar mientras volvían a sus labores. —Mi pobre zanahoria… —comentó Viktor, riendo por lo bajo—. Apuñalada por la espalda. —Ella se lo buscó. —Me encogí de hombros y empecé a caminar hasta la puerta, dándome cuenta de pronto de que todo eso significaba que podría ver a Bárbara mucho antes de lo que esperaba, y aunque eso significaba que las cosas estarían complicadas en el bar esa noche… Sonreí de expectativa. *** Allison entró al bar unos diez minutos después de eso, hecha una flecha y con una expresión angustiada. Al menos sabía reconocer cuándo estaba en verdaderos problemas, pero no por eso dejaba de hacerme gracia lo que le esperaba. Y entonces salí para hablar con Viktor, y hacer justo lo que hacíamos cada vez que aquello pasaba… Apostar. —Veinte a que la pone a trapear pisos otra vez —comentó él al verme, sabiendo muy bien mi intención. —Cincuenta a que no lo hace —respondí. —¿Crees que se conformará con lo de la nueva? —Asentí—. No lo sé, se veía en serio molesto, él… Mi compañero dejó de hablar cuando un taxi se detuvo frente al local, y entonces la hermosa chica que se había colado a mis sueños la noche anterior apareció ante nosotros; y, si fuésemos personajes de alguna caricatura, nuestra mandíbula hubiese caído al suelo en ese instante. Bárbara llevaba zapatos altos, lo que solo podía considerarse una segunda piel forrándole las piernas, y una blusa de flores que con tan solo una ligera brisa la dejaría expuesta. Se veía encantadora y sexi, pero no entendí por qué decidió vestida así; supe que a Franz le daría un infarto al verla… y a mí detrás de él. Esa noche tendríamos que cortar un par de cabezas; los ebrios y las chicas bonitas eran una mala combinación la mayor parte del tiempo. —Jesucristo… —susurró Viktor a mi lado, haciéndome sonreír. —Hola, feliz tarde —saludó Bárbara, deteniéndose frente a nosotros, y luego me miró directamente—. Hola, Bastian. ¿Qué tal estás? —Hola. —Sonreí como un estúpido—. Estoy bien, me alegra verte. —A mí igual, admito que estaba ansiosa por volver… Aunque apresurado, me alegró que Franz me llamara para empezar hoy. —Escuché el resoplido de mi compañero casi al tiempo que empezó a hablar. —Espera, espera… ¿Tú eres la chica nueva? —preguntó estupefacto. —Ehm… Bárbara, te presento a Viktor, él es también del equipo de seguridad; Viktor… Sí, Bárbara será la nueva mesera. —Les presenté y contuve un resoplido mientras se estrechaban las manos, él no salía del asombro. —Mucho gusto. Un placer conocerte. —El esfuerzo que estaba haciendo para no reír era patético, solo esperé que ella no se lo tomara a mal. Bárbara logró darle las gracias, pero luego, la brisa en la que había pensado unos minutos antes se hizo realidad, haciendo que su blusa ondeara de un lado a otro, ella se apresuró a cruzarse de brazos para evitarlo y luego se sonrojó al vernos. —Sí, sé que estoy inapropiadamente vestida, pero yo no tenía pensado venir al bar. —Se excusó y se giró hacia mí—, Se supone que empezaría mañana, pero me llamó hace un rato y me dijo que viniera, y entonces no quise ir a casa a… —Aguarda… ¿Franz te avisó hoy que tenías que empezar a trabajar esta misma noche? —preguntó Viktor, frunciendo el ceño. —Sí, hace media hora, quizás. Yo estaba en el centro comercial, y solo tomé un taxi hasta acá. —Ya veo… —Mi compañero asintió y me lanzó una rápida mirada; ya lo había entendido todo. Franz apresuró su entrada solo para castigar a Allison. —Bueno, los chicos encontrarán cómo solucionar lo de la ropa. Por ahora lo mejor es que entres… Ya vamos contra el reloj —anuncié, no queriendo complicar más las cosas para ella. Bárbara asintió y se apresuró a la puerta, pero cuando iba pasando por el corredor de entrada al salón, se golpeó el brazo con uno de los pilares. —¡Recorcholis! —exclamó juguetona y entre risas, llevándose la mano al codo. Apreté los labios cuando vi la expresión incrédula de Viktor detrás de ella, que alzó sus manos y articuló un “¿Qué diablos…?” mudo. —¿Estás bien? —pregunté, y sonreí cuando le vi asentir con expresión adolorida—. De acuerdo, vamos. Chicos, atención acá… Ella es Bárbara Badstuber, nuestra nueva compañera. —¡Holis! —Saludó la chica con extrema amabilidad, demasiada para encontrarse dentro de las instalaciones de Bavarian´s, aunque eso ella no lo sabía… aún; y como confirmación a eso, pude apreciar la expresión pasmada de cada uno de los chicos al verla. Procuré ignorar la mirada de Manuel, que preguntaba a gritos si le estaba tomando el pelo. Bárbara se adentró más al salón y, uno a uno, fue presentándose con todos en el lugar. Todos le respondieron con amabilidad, pero ninguno salía de su asombro ni trataban de ocultarlo. —¿De dónde diablos sacó Franz a ese personaje? —susurró Viktor a mi espalda sin dejar de mirarla. —No lo sé, creo que es un favor que está haciendo. —¿Un favor? ¿Y qué debe? ¿La vida? —Oh, vamos… Dale una oportunidad a la chica. —Le reprendí con la mirada. —¿Qué le de una oportunidad? ¿Acaso no la viste? ¡Se la van a comer viva! —Sí, la vi; y sé a lo que te refieres, pero ella tendrá que adaptarse o… marcharse, hombre. No le quedará de otra, solo no le pongamos más presión encima, —Pues no le niego que tenga entusiasmo, pero apuesto doscientos a que no quedará nada de ella para el final de la noche. —Resopló en medio de una risa—. Y tienes razón, Allison no trapeará pisos esta semana… Ya tiene castigo suficiente. Sonreí mientras él se adelantaba, caminando hacia la salida, pero no pude evitar dar un último vistazo al grupo antes de seguirle. No tenía que preguntarles para saber que todos ahí estaban pensando lo mismo que Viktor, y me hubiese gustado poder decirles que no sería así, pero la verdad era que no lo sabía. Bárbara era una completa desconocida y no podía poner las manos al fuego por ella, por mucho que quisiera hacerlo. Solo me quedaba rogar que todos estuviesen equivocado y que sí lograra adaptarse, porque nada me entusiasmaba más que la idea de verla a diario y poder conocerla mejor; no podía ni explicarme a mí mismo lo que pasaba… Lo que sentía con tan solo verla, solo sabía que hacía mucho tiempo que no me sentía de ese modo, y aunque sabía que no llegaría a ninguna parte, no estaba listo para dejarlo ir.
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