— Bastian — . A la mañana siguiente desperté por el ruido de niños gritando a la distancia; me removí y abrí los ojos para toparme con Bárbara, acostada a mi lado, mirándome con dulzura mientras sonreía. —Buenos días, dormilón —saludó con alegría. —Dios… Despertar así sería aterrador si no fueras tan hermosa —comenté acercándome a ella para darle un beso casto mientras reía—. Buenos días, hermosa. Me incorporé sobre mi codo y fruncí el ceño cuando vi la delicada prenda blanca que me impidió ver una vez más sus perfectos pechos, mientras que a mí solo la sábana me cubría la desnudez. —¿Por qué estás vestida? —Porque eso de cocinar desnuda rebasa mis límites —respondió sonriendo. —¿Tienes mucho rato despierta? —Una hora, quizás. —¿Por qué no me despertaste? —Lo intenté, pero hubi

