Me giro en mi lugar, incómoda. Al no poder encontrar un buen sitio para seguir con mi sueño, abro lentamente mis ojos llenos de lagañas, encontrándome con un rostro que conozco muy bien, demasiado para mi gusto.
Es mi amada Arlette, aunque al verla completamente dormida no puedo evitar sonreír. Pensé que le costaría conciliar el sueño después de lo que ocurrió hace un par de días, gracias a Dios no fue así.
Sospecho que esto tiene que ver con la presencia de cierto hombre de ojos cafés que parece nunca apartar su vista de ella. Es lindo a la vez que espeluznante, es demasiado posesivo con ella.
Hasta el punto que me da escalofríos, pero de los buenos porque sé lo feliz que ella es con él. A pesar de que lo quiera negar, estoy segura de que Arlie se encuentra cayendo cada vez más por ese hombre misterioso.
Tampoco es que estoy aquí porque quiera, hasta siento que soy su mata pasión personal. Ya que cuando estoy decidida a devolverme a mi apartamento para darle a cada uno su tiempo a solas, ella insiste en que me quedé.
Y que no crea Karim que no he notado la mirada irritante que me transmite cada vez que me ve durmiendo con ella. Es un hombre como cualquier otro, por lo que sé perfectamente lo que cruza por su mente.
No dudo que esté contando los minutos para que me vaya, y él pueda hacer lo que sea que vaya a hacer con mi amiga.
Lamentablemente, eso es más difícil que hacerlo, ya que cuando ella se pone en modo cachorro es imposible para mí decirle que no.
Cuando no estoy debido a mi trabajo en el hotel, puesto que sí. El muy imbécil es dueño del hotel, pero no me deja evitar el trabajo, una vez lo hice para estar con Arlie y él me regaño, dijo unas cuentas tonterías sobre responsabilidad que no me importa recordar en estos momentos.
No puedo negar lo gracioso que me parece ser el medio por el cual ellos no pueden tener intimidad, en el caso de la de ojos grises no es tan grave, ya que como mucho lo ha hecho una sola vez en su vida.
Una vez que la llevo a estar embarazada, maldita suerte de mierda lo sé, y no. Ese bebé no es del insufrible Karim Archer, dueño de la cadena hotelera ‘Olympus’.
Lo sorprendente es que aún él, sabiendo sobre esto, no la boto. Si no que dejó que permanecerá a su lado, hasta creo que en secreto ella no tuvo relaciones con el inepto de su novio, sino con este hombre de ojos cafés.
Ya que él se comporta como si ellos fueran de u propiedad; tanto mi amiga como el bebé que viene en camino.
Me levanto de la cama luego de desprender sus brazos de mí alrededor. Lo hago con suprema lentitud para que no despertarla, aunque no sé por qué hago tanto esfuerzo. Puesto que despertar a Arlette es lo más difícil que hay en este mundo.
Niego con mi cabeza varias veces para luego encaminarme hacia el cuarto de baño, en el cual me desprendo de mi ropa.
Desde mi pantalón de pijama color rosa hasta la franela que le sigue. Quedando como Dios me trajo al mundo, como estoy con solo ella alrededor, no veo la necesidad de usar ropa interior, además de lo cómodo que es estar alrededor sin nada que se interponga entre mis gemelas. Es lo más increíble que hay.
Después de hacer mis necesidades. Me introduzco en la ducha, encantada con el diseño del lugar, a pesar de que estoy acostumbrada a este tipo de lugares por mi anterior vida, no puedo negar lo mucho que extraño, algunas cosas. Estuve mucho tiempo viviendo bajo el nombre de Aubrey Kingston; la heredera de esa famosa cadena hotelera que ni siquiera recordar.
Me introduzco en el interior del agua para permitir que esta lave todo mi cuerpo antes de proceder a limpiarme con el jabón corporal que nosotras compartimos. Uno de vainilla que me encanta.
Bajo mis manos de mi cuello hasta llegar a mis pechos; amo mi genética, ya que no lo parece, pero mis pechos son gusto del tamaño perfecto, ni tan grandes ni tan pequeños, justamente perfectos. Desciendo mis manos desde ahí para luego seguir mi camino hacia el sur.
Mientras hago este recorrido cierto rostro viene a mi mente. Cada vez me encuentro más tiempo pensando en ese hombre de ojos oscuros, y aún más al ser consciente lo malditamente caliente que sé con ese uniforme. —Cuanto quisiera tener un momento privado con ese hombre —. Me muerdo los labios de tan solo reflexionarlo.
— ¿Cuándo será el momento donde volveré a verte? ¿Esa próxima vez serás tan serio como esa primera vez? Anhelo que llegue ese momento pronto… —termino por llegar hacia la unión entre mis muslos.
Lavo con calma en ese lugar con mucho deseo de permitir que mis dedos hagan estragos en esa zona en específico. Es increíble como el mero recuerdo de ese hombre me tiene en una posición incómoda aquí, nosotros no cruzamos nada más que un par de palabras. Por eso no entiendo cómo tengo cierta parte de mí respondiendo a un solo recuerdo.
«Lo peor de todo es la manera en como me rechazó, a mí jamás nadie en la vida me ha rechazado. Y ese no será el primero, me niego a creerlo».
Aparto con rapidez mi mano de ese sitio, no sin antes lavarme con calma. Pero eliminando el deseo que estaba creciendo en mí. Me encuentro molesta por el recuerdo de él negándose a mí. Con un gruñido salgo de la ducha con una toalla envuelta a mí alrededor. Salgo hacia la habitación, para tomar mi uniforme.
El mismo que llevamos todas, una falda de tubo color beige y una camisa vino tinto con el logo del hotel, en compañía de unos tacones bajos color n***o.
Me observo en el espejo, encantada con lo que veo, más aún con la forma en como esa camisa combina perfectamente con el color de mi cabello. Me dispongo a maquillarme para salir en dirección al área de la piscina. Agradezco que solo me toque el área del bar, no soportaría estar en otras zonas donde tenga que usar zapatos deportivos o algo así. No estoy acostumbrada a eso.