«Nunca me había encontrado con un hombre así. Es extraño. No puedo evitar pensar en lo poco agresivo que es, no dudo que otra persona en su misma posición no perdiera el tiempo para intentar ir más allá conmigo, que intrigante», converso conmigo misma como es normal.
A veces me siento en un monólogo, porque paso demasiado tiempo en conversaciones internas, las cuales me hacen dudar de mi desempeño mental. Ya que en ocasiones son cosas serias sobre lo que haré, o reflexiono en muchas cosas que ocurrieron en el pasado, como también en cosas estúpidas, específicamente la importancia de comer mermelada con pan o una grasienta hamburguesa; de esas que van a tus caderas.
Sonrío internamente al reflexionar en esto. Camino con lentitud hacia el exterior, encontrándome con varios oficiales, viéndome de reojo disimuladamente, lamentablemente al ser mujer detallo muy bien todo, por lo que su forma de disimular no es la más discreta.
«Por eso digo que ese hombre es extraño, creí que era una reacción normal al estar en un ambiente de trabajo donde debes tratar de mantenerte imperturbable, pero al ver a sus compañeros ahora entiendo. Él es diferente».
Intento encontrar lo negativo, pero pasa todo lo contrario al ver lo diferente que es con respecto a la mayoría de los hombres que he conocido. Eso me atrae de una manera que no consideré posible, en cuanto lo vi solo suponía en lo malditamente caliente que es ese hombre. Porque por Dios, qué mujer no se sentiría atraída por un hombre uniformado, y lo mejor es que este maldito uniforme le queda espectacular hasta el punto de sentir que cierta parte de mi cuerpo despierta de solo imaginar tenerlo debajo de mí.
«¿¡Qué tontería estás reflexionando Aubrey!?», niego con mi cabeza varias veces alejando de mi mente a ese maldito oficial.
Es más decirlo que hacerlo, porque el solo ver cómo me veía intrigado mientras hacía mi llamada me pone en una posición difícil. Dios sabe lo mucho que me costó no actuar, no soy tan tonta como para saber que si llegaba a hacer algo fuera de lo reglamentario con lo estricto que es hubiera obtenido un castigo y no de esos que te dejan con las piernas temblorosas.
— ¿Vas a pasar toda la puta noche con esa sonrisa extraña en tu rostro? —otra vez esa voz irritante.
— ¿Quién carajo eres tú? —le pregunto molesta por haberme distraído del escenario tan maravilloso que estaba armando en mi mente con ese hombre de cabello castaño claro—. Además, ¿Por qué mierdas me tienes que hablar así? No es como si fueses jefe mío ni nada por el estilo.
— ¿Quién diría que tengo a la famosa heredera de los Hoteles Kingston trabajando para mí? —no se me escapa el tono de burla que usa para referirse a mí. Me pongo en guardia cuando escucho que conoce sobre mí.
— ¿Cómo sabes eso? —ahora si me pongo a la defensiva al escuchar como sabe sobre mí.
—Fuera extraño que no lo supiera niña, lo que me extraña es como pasaste de ser la princesa de papá a trabajar en el área de la piscina de mi hotel.
— ¿De tu hotel…? —me quedó en blanco a raíz de sus palabras, comienzo a rebobinar en mi mente tratando de recordar el apellido del dueño—. ¿Tú eres Karim Archer?
—Pues sí, ¿Cuántos dueños crees que tiene mi hotel Olympus? —rueda los ojos, irritado por mi actitud o mis palabras, parece como si jamás hubiera sonreído en su vida—. Sube de una vez por todas niña, me estoy quedando sin paciencia.
—Me sabe a mierda que te quedes sin paciencia, dame un puto motivo para montarme ese auto, ya que hasta ahora no me has dado uno lo suficientemente fuerte y dudo mucho que seas un jefe preocupado por sus empleados —le atacó al escuchar su tono mordaz.
—Solo basta una sola palabra para que te subas a mi auto, niña —frunzo el ceño por sus palabras viéndolo de arriba a abajo—. El motivo de mi venida tiene nombre y apellido: Arlette Paige.
— ¿Qué paso con ella? —me acerco con furia importándome muy poco que pueda ser despedida —. ¿Que le hiciste mi amiga?
—En serio estoy comenzando a dudar de tu estabilidad mental, ¿Acaso se te olvida a quien llamaste hace un par de horas atrás? —no puedo evitar sentirme avergonzada por haber olvidado ese detalle.
—Lo siento jefe —le digo con una sonrisa resplandeciente en mis labios—, no fue mi intención hablarle de esa manera. ¿No me va a despedir verdad?
—Supongo que debería hacerlo —entro inmediatamente en pánico al escuchar sus palabras, pero lo que dice después me hace sentir más tranquila—. Pero no lo haré solo porque sé que Arlette no querría eso.
—Retiro lo dicho, no eres un ogro. ¡Eres el mejor jefe del mundo! —exclamo con una sonrisa esperando que esto impida que me despida.
— ¿Siempre eres tan ruidosa? —me callo la boca, al ver como se masajea las sienes—. Ahora, ¿Vas a subir o no?
—Lo siento… —es lo último que digo antes de subir al asiento trasero.
Con base en esas últimas palabras terminamos por salir del estacionamiento de un lugar, espero no tener que visitar en mucho tiempo, al menos como huésped. Aunque no puedo evitar preguntarme como mi amiga, termino involucrada con el señor Archer.
Esa es una duda que no me deja tranquila. Observo las calles iluminadas de Miami. Veo como hay varias personas yendo de un sitio a otro con un gran grupo de amigos. Eso hace que el pasado llegué de golpe a mí.
El ver a todas esas personas saliendo en grupo no puedo evitar pensar en las veces que yo salía cuando era Aubrey Kingston y no Knight. Era normal como niños ricos, salir en grupo a hacer cosas que para este momento realmente no vale la pena recordar, ya que eso estaba lleno de apariencias, solo para obtener beneficios.
Al principio reflexioné como cualquier persona que ellos eran mis verdaderos amigos. Me equivoqué.