Fueron los primeros que me fallaron, ahí es cuando caí. El golpe fue demasiado fuerte, aparte de inesperado, me pasé muchas veces en la madrugada analizando que hice mal para que ellos se vieran en la necesidad de abandonarme.
Después de muchos meses comprendí que no era yo la del problema, me tomo más tiempo del esperado poder notarlo.
«Es increíble a los extremos que son capaces de llegar unas personas con tal de obtener lo que quieren. Esa fue una de las razones que me hizo querer apartarme de todos».
Sin darme cuenta comienzo a revivir esos momentos llenos de alcohol y sustancias que espero jamás probar nuevamente. Por eso ahora más que nunca tengo especial cuidado sobre lo que consumo en el lugar, sea el lugar que sea.
Porque si he aprendido algo, es que ningún sitio está exento, todos los sitios son peligrosos, por igual, solo hay que saber a cuáles puedes ir. Así de sencillo.
Libero un suspiro con la intención de apartar mis pensamientos de esos sitios que aún se encuentran en mi mente.
—Ya llegamos, señorita Kingston —escucho que me dice mi jefe; ese que tiene una conexión dudosa con mi amiga.
—Hazme el favor y jamás me vuelvas a llamar así —digo para luego bajarme de su lujoso auto n***o mate.
Llega a mi lado para proceder a caminar en dirección a este hotel que conozco demasiado para mi gusto, no es porque lo haya querido sino más bien por una obligación.
Nos introducimos en su interior, pasando por el lobby en el cual se encuentran varios empleados; a unos lo conozco a otros no. Eso no es extraño, después de todo esté sitio es gigante.
Permanecemos en silencio todo el camino, aunque debo aceptar que esto me cuesta demasiado. Soy una persona acostumbrada a hacer ruido, hablar hasta por los codos, por lo que se me complica el tener que aguantarme de decir cualquier cosa, pero al ver el rostro serio del señor Archer, se me quita.
Ya que este hombre pareciera que no conociera otra expresión aparte de la molestia e irritabilidad.
Nos introducimos en el elevador para luego subir hasta el último piso del hotel, no es para menos después de todo él, es el dueño. Aunque me sorprende darme cuenta de la velocidad con la que subimos.
—Obviamente, cuando son pisos superiores hay que subir un poco la velocidad del sitio, de lo contrario sería un hastío subir de planta a bajar al último piso, como lo harías del primero al tercero —asiento entendiendo el punto al que quiere llegar.
—No creo que a Arlie le guste mucho esto… —susurro, aunque no dudo que debido al silencio que hay en el sitio el haya podido escuchar cada una de mis palabras. Cuando lo veo, su cambio de expresión me lo dice todo.
— ¿Por qué no le…? —inquiere, pero no le da tiempo a hacerlo debido a la velocidad del ascensor, ya nos encontramos en su piso.
Traslado mi mirada alrededor, intrigada pero no sorprendida, después de todo. Estoy acostumbrada a este tipo de vistas, lo único que cambian son las decoraciones porque todo lo demás permanece de la misma manera, misma ostentosidad.
— ¡Amiga! —exclama Arlie corriendo hacia mí, eso me hace sonreír. Por lo que no me queda más que abrir mis brazos para poder recibirla.
— ¿Qué te sucedió? ¿Estás bien? ¿No te hicieron nada allá adentro? ¿Segura que estás bien? —luego de abrazarme procede a atiborrarme de una pregunta tras otras, importándole muy poco haber repetido la misma pregunta por lo menos tres veces.
—Sí, niña, claro que estoy bien. ¿Qué es lo peor que me podría pasar? —me da risa ver su rostro contraído de la preocupación—, tranquila mujer. Además, vi a un hombre que Dios mío, estaba para comérselo —le comento recordando a ese hombre que tiene mis partes sensibles palpitando a pesar de no haber cruzado más que un par de palabras.
— ¿Aun estando en ese lugar tuviste la osadía de coquetear con un recluso? —niega varias veces sorprendida por mi actitud.
— ¡Oye! —exclamo a la vez que la tomo de los brazos para que pueda verme directamente—. ¿Quién te dijo que era un recluso? Era un maldito oficial de policía, que con solo verlo no dudo que al verlo tendrás la misma reacción que yo.
Escucho un ruido a mi espalda, aunque al saber quién me trajo no tengo que pensar demasiado para saber que ese carraspeo vino de ese hombre. Veo la sonrisa que surge en los labios de mi amiga al escuchar el ruido que hace Archer debido a mi desliz.
— ¿A todas estás como terminaste en la suite de ese gruñón? —le pregunto molesta por haber sido interrumpida.
—Oh, eso… —observo como su rostro se oscurece en cuanto hago la pregunta—, prefiero que te sientes, y por favor trata de mantener la calma Au.
— ¿Cómo carajo quieres que mantenga la calma ahora que me dices eso? —le pregunto, pero igual la sigo hacia el interior de la sala para luego sentarnos sobre el sofá.
No mucho tiempo después llega un señor mayor; el que se presenta como Fitch. Él nos da un té de manzanilla, para luego devolverse por dónde sea que haya venido. Luego de darle el primer sorbo escucho como Arlie procede a contarme cómo terminó aquí.
Al principio no encontré nada extraño, pero a medida que avanza todo puedo comprender como terminó aquí.
— ¿¡Que ese maldito hizo qué!? —exclamo furiosa, al escuchar como el hijo de puta de Black estuvo a punto de violar a mi amiga—. Espero que el imbécil de Archer haya hecho algo…
— ¡Au! —exclama haciendo señas para nada disimuladas a mi espalda—, él está detrás de ti ¿Podrías ser más silenciosa? —me susurra.
— ¿Silenciosa? ¿Cómo esperas que esté en silencio mientras escucho como ese gordo tuvo sus asquerosas manos sobre ti? —me acerco con rapidez a ella, para proceder a examinar todo su cuerpo—. ¿Todo bien amiga? ¿No llego más allá verdad?
—No amiga, no te preocupes Karim llego antes de que él pudiese hacerme un daño irreparable —suspiro aliviada al escuchar eso.
—Por lo menos hizo algo bien, además ¿Cómo ese hombre amargado puede tener un nombre que significa noble?
— ¡No seas irrespetuosa Aubrey! —levanto mis manos en un gesto inocente.
— ¡Oye! Tenía que desquitarme de alguna manera —le digo con una pequeña sonrisa en mis labios.
—Si eres tonta, ahora te toca a ti. ¿Cómo terminaste en ese lugar?
Me quedo en silencio unos minutos para luego proceder a contarle cómo termine en ese maldito sitio por la culpa de ese niñato. Aunque no se me escapa contarle del caliente hombre de cabello castaño y ojos oscuros que llena mi mente de pensamientos para nada sanos.
Menos aún al ver esa mirada imperturbable, sin saberlo, eso me da más ganas de inquietarlo, ver hasta donde es capaz de llegar.