Noticia errada.

1940 Palabras
3 días y contando; veía a Leoncio algo frustrado, mientras intentaba ayudarla a descender por las escaleras. Al pie de la estructura estaba Carlota simulando una sonrisa sincera. De sobra conocía lo agrio que podía ser su carácter, había sido hiriente y enigmática con ella. Rodó sus ojos y se adhiero más al cuerpo duro de su León cuando terminaron el descenso. —Me encanta que me consientas, papi León. —El brillo dorado en los ojos del demonio, se hicieron visible con un filo de éxtasis, sobre protección y ternura. Por unos instantes se olvidó de los ojos extras, envidiosos de la mujer en su cercanía, que amaba un vibra contraria a ella. —Nunca dejes de decirme así, mi diabla. —Se mordió los labios, era su nuevo juego desde la noche anterior, cuando había reiniciado la faena s****l luego de haber sido castrada en los arbores de la copulación, por su condición física. El encuentro en llamas con Brenda la había dejado agotada, pero algo bueno floreció de su maldad; Leoncio la había cuidado y protegido en esos días, como aún tesoro. —¡Uppp, uppp!. —Un sonido proveniente de la garganta de la mujer que aguardaba silente a unos metros de ellos, los saco de su burbuja. Al unísono clavaron sus ojos en ella. —Señor Badin, la señora Inés los espera en el comedor. —Gracias Carlota.—Fue la respuesta a secas de Leoncio. El comenzó su andar, lo siguió, por igual también miro hacia atrás. El gesto contemplativo de los ojos embrujados de Carlota le daba pistas del desagrado que había nacido de esa mujer hacia ella desde el día uno y cada día se hacía más inmenso, sin entender razones aparentes. La causa era Leoncio, el titilante brillo rosa que gravitó en segundos por sus pupilas, le anuncio el encandilamiento por su demonio. Avanzó, dejando atrás esa aura, pero el creciente fastidio de saberla cerca de su León, le producía un escozor irritante. Debía calmarse, nunca había sido celosa. «No seas tonta Sol, nunca te habías enamorado». Le recordó la voz más consciente en su cabeza, la que a veces impulsaba sus deseos de diabla. —Estás muy pensativa Sol.—Apenas volvió a escuchar la voz de el, redujo su retraimiento y lo enfocó. Avanzando unos pasos, atravesaron el umbral de la puerta. —No me pasa nada, papi León.—Le susurro con naturalidad, le daba mucho placer decirle así. Lo volvió a ver sonreír complacido. Esa complicidad mermo cuando la silueta reservada de la señora Inés estuvo a su vista; en un principio su rostro tenía toda la atención en la página de portada del periódico local. Levanto la vista apenas ellos estuvieron más cerca de la mesa. —Buenos días Mamá.—León siempre complaciente con la mujer, la dejo unos segundos atrás, fue directo, beso las mejillas de la bruja. Lo veía bien, también le hubiera gustado tener una madre y hacer esas cosas. —Buenos días, mí Leoncio. Se sintió como si fuera un ser sobrante en la dinámica familiar. —¿Y tú, niña?.—Se quedó absorta, no sabía que responderle a la señora. Dada la tensión recurrente entre ellas, habían sido gratos sus días de convalecencia, gracias a estos se mantuvo encerrada y evito intercambio de palabras y miradas de desprecio.—¿No piensas saludarme?. La mujer seguía a la espera, su lengua sin embargo parecía trabada, en negación a dejar brotar la cortesía con la la señora. Miro a su León, este le asintió para que lo hiciera, mientras iba hacia ella y hacia rodar una silla hacia atrás para que se sentará. —Buenos días, señora Inés. —Bajo el rostro luego del tímido saludo, apenas la miro a los ojos. Una parte de ella estaba avergonzada, la situación de Brenda, la cual estaba en algún lugar de la mansión recupendose, a los cuidados de la señora. Si quería a Brenda, ella en cambio era una suerte al azar en la vida de su hijo. Lo había escuchado en una oportunidad que había entrado a la habitación, aprovechando la breve ausencia de este. Fue clara y quemante con sus palabras. Le dolió, uso el poco auto control que tenía para seguir fingiendo estar dormida plácidamente y no saltar le encima. —Buenos días, Sol Grey. Para la próxima dime madre. Debes ir acostumbrando a mi nieto desde ya, a tener buenos modales.—La respuesta llegó, todos sus pensamientos fueron borrados; se quedó en blanco, confundida. ¿Qué rayos había dicho esa mujer?. Miro a León. —Mamá, deja tranquila a Sol, no la confundas. Tampoco le exijas las mismas ridiculeces que le pedías a Brenda. —Su León acababa de defenderla. Sintió un placer triunfal que la empezaba a excitar, su lo hubiera follado en ese instante de no ser por la presencia de la bruja de su ahora suegra. —Tranquilo, hijo, bueno educarla. No lo digo por mal. —Le prometo dejarme instruir señora, soy muy afortunada de tenerla, me ayudara mucho con mi hijo.—Le dijo con una sonrisa forzada. Solo ellas dos podían notar esa hipocresía, Inés le devolvió el gesto simulador. Quizás pensando lo peor. No le importo, su León se veía satisfecho. La beso en los labios. Después del húmedo contacto de su lengua dentro de su boca, miro de nuevo a su suegra con malicia. Estaba desencajada. —Mejor empecemos a desayunar. —La mujer doblo el periódico que llevaba en sus manos, en parte para disimular el malestar que parecía producirle verlos juntos.—No crees que sería prudente que te sentaras en tu lugar.—Volvia a querer imponerse. El permanecía sentado a su lado, en una de las sillas del medio. —No, me siento bien aquí. —Le ganaba nuevamente a la bruja de su suegra. —Toma hijo. ¿Estás en la portada del periódico. Ya todo el pueblo sabe lo de tu recuperación.—Ines estiró sus brazos para pasarle el periódico a León. El fue activo al tomarla. Con precaución miro el papel estampado de cientos de palabras bien diagramadas. Su foco principal fue la foto central del hombre que tenía a su lado acompañado de su madre y otra figura que no alcanzo a distinguir. —¡Mmmmm!.—Los ojos dorados de su León se clavaron sobre el papel. Se mordió los labios ligeramente, deseosa de leer el contenido. De forma sorpresiva lo cerro en sus narices. estuvo a punto de leerlo. —Mejor desayunemos. Se acomodo en su asiento, se había quedado con las ganas de leer su contenido. El hombre a su lado, se mantuvo en silencio, durante la media hora que permanecieron sentados en el comedor devorando enormes piezas de carne, acompañadas de tortillas. Una dieta carnívora. Le fascinó el sabor, muy diferentes a las sobras que estaba acostumbrada a comer en el convento y la comida mundana que le sirvieron en la comida de esa mansión. Su paladar estaba extasiado. Hasta su León y la bruja habían notado su placer al comer y la animaron a seguir. Al menos el resto de esa actividad en familia termino en paz ******* Dos hora después, se vió sola, caminando por los pasillos de la mansión; al menos entendía que lo estaba. Su León había salido, dejándola en compañía de una de las mujeres de servicio y bajo responsabilidad de Ines, la cual apenas este se marchó, le dió la espalda y se encerró en la biblioteca. Caminaba en círculo, observando los cuadros, la chimenea inútil. Sus pies rozaban torpemente la alfombra. Todo como un juego para no aburrirse. —¡Señora!. Le recomiendo sentarse, puede marearse, sería perjudicial si se cae, dado su estado de embarazo. —Le puso atencion a la señora, tenía un rostro amigable...uno que no había visto antes. —¿Eres nueva en la mansión?. —Esa pregunta intento hacerla con anterioridad, se limitó por Inés, no deseaba que le fuera con el chisme a su León, de que estaba interrogando al personal de la casa. No le daría armas para hacerla quedar mal ante los ojos de su demonio. —¡Sí!, llegué apenas ayer, por órdenes del señor Leoncio. Confía en mí, para su cuidado. —La mujer que parecía ser servidora, movía las manos de forma grácil e inocente. —Soy partera. Es un honor que el señor me haya elegido. Asintió. Al recibir su respuesta sincera. Le dió mas confianza acercarse a la mujer. —Eso me tranquiliza. No estoy acostumbrada a pasar tiempo sola, ni en silencio. —Le confeso mientras se recostaba en el sofá. En el convento era lo menos que había, cuando no eran los gritos de la madre superiora mientras follaba con el padre, eras una de las hermanas. Sus compañeras eran otras que la solían distraer con sus murmuraciones. —Si desea podemos hablar del tema que desee, oh si prefiere, le puedo buscar un libro.—Le expreso animada su acompañante. Su malicia nata le susurro la oportunidad de leer algo más interesante, en la misma mente que cada vez estaba más corrompida. —Me conformo con el periódico.—Le sonrió al son de manipularla. —Quiero la sección de astrología. —La mujer parecía dudarlo. —No se, el señor Leoncio mando a votarlos todos. —La mujer se veía apenada, al darle esa respuesta. —Entonces vamos a recogerlo al bote de basura. El embarazo me tiene ansiosa, con antojos. —¿Se le antoja leer un periódico?. —¡Se me antoja leer mi horospoco!. —Le decía una tontería, suerte que esa mujer posiblemente no supiera que ella fue novicia hasta que su León la corrompió. Encontraría extraño su afán por cosas mundanas. En verdad aún lo era, dudaba que la madre superiora supiera de su estado. —Entonces la acompaño. —¡Vamos!.—Se levantó animada. La mujer se mantuvo a su lado, mientras iban en dirección a su objetivo; sabía que algo importante estaba escrito en el periódico, por algo lo habían mandado a votar. Una vez, estuvieron cerca de los botes de basura, se abalanzó a buscarlo. —¡Espere señora!.—La sintió ofuscada, pero la ignoro, se mantuvo en su objetivo, uno que estaba entre basura mal oliente. Levanto el objeto de su interés, triunfal, se movió algo ansiosa, para descansar del hedor. Sus ojos inquietos fueron directo a la portada. —La milagrosa recuperación del empresario de Leoncio Badin, benefactor del pueblo....—Palabras redundantes bailaban entre sus ojos, hasta que encontró líneas de impacto. —¡Mejor entremos, este olor le hará daño. —¡Guarda silencio!, provengo de un lugar que debe apestar más.—Ya empezaba a es enfurecerse. Literal había dicho la verdad, venía del infierno. Dónde todo estaba podrido. Su linaje y su herencia estaban en esa abismo rojo. Cuando la mujer retrocedió volvió a enfocar las líneas. «El empresario minero, logra alcanzar su total recuperación, en un momento fértil de su vida. Su esposa Brenda de Badin está a la espera de su primogénito». —¡Demonios!.—Sintió una rabia tan fuerte que le dieron ganas de ella misma rasgarse su propia piel y prender en fuego todo lo que la rodeaba.—¿Cómo qué Brenda, era quién estaba embarazada?. Agito sus manos con descontrol, mandando a volar las grandes hojas de papel por separado. En un lapso breve, volvió su autocontrol. Sabía el transfondo y quién estaba detrás de esa noticia tan errada. Pero ni que sueñe que se le darían esos planes.
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