El infierno de Oscuro.

1663 Palabras
La diabla mística dormía a su lado, acaricio un largo mechón de su cabello, ni la oscuridad antes del amanecer opacaban esa ausencia de luz con un destello azulado majestuoso en las extensiones de sus hebras espesas. Cuando sus ojos azules lo miraban era casi un hechizo. Sol Grace era su perdición, le latio desde el día uno, cuando su descaro los llevo a follar como animales. La sangre de su virtud, fue un aliciente para que se recuperará más rápido ese día en que por primera vez se cruzaron sus destinos. Aúnque en ese encuentro no ató cabos, solo intuyo que era una Graclis más u otro de los experimentos de su madre para que el tuviera descendencia. Acomodo la cabeza de su diabla dormida en la almohada, también la arropó, no quería pecar con su silueta. Lo ideal era dejarla descansar luego del conflicto con Brenda. Aparto la vista de ella y se enfocó en las últimas páginas del libro ancestral, que llevaba algunos días leyendo. Un relato detallado del infierno. Le faltaban algunos capítulos para terminar, pero en esencia ya tenía segmentado en su mente un infierno más complejo del que llegó a conocer. Apenas lo recordaba, su padre fue desterrado, junto a su madre, para ese entonces era un adolescente. Le tocó la expulsión por herencia, el mismo ayudo a su padre a sostener su dignidad, cuando fueron esculpidos. Su delito fue dejar escapar unas almas prisioneras, entre ellas el de una hada llamada Bondia. Está era una de las reliquias favoritas del mismo diablo. No perdono el error y lo condenó al destierro no sin antes llevar un castigo. Sus intentos de sostenerlo, no valieron de mucho, con las partes de su cuerpo que fueron cercenadas como ofrenda de liberación, se fue su alegría de vivir, ni el cuidado de su demonia destinada detuvo su suicidio. Volvió al infierno y dejo que lo matarán. Aún le dolía recordar los fragmentos de su cuerpo volando por el aire, los demonios carroñeros festejar la caída de un grande. El infierno no era tan simple, al menos eso habia descubierto durante sus viajes y estudio. La obsesión que impero en el por encontrar su destinada, le enseño una realidad, jerárquica y cruel. El amo y señor de todo era el "Diablo", su poder era regido en 6 dimensiones, la séptima era imposible para el, la divinidad segaba a las energías más bajas. En la primera dimensión estaban, los demonios Oscuros y Carmesí. Todos machos milenarios, eran los más temibles, de razas puras y sanguinarias que comandaban lo que se podría llamar un ejército infernal. No debían de quedar más de tres ejemplares por especie. Su exterminio era probable, era de los tantos que solo podían concebir con alguien destinado, al parecer las estrellas no los alcanzaban, menos la buena fortuna. Con excepción. Volteó para ver a su diabla, en definitiva era hija de uno, solo ellos tenían la habilidad de incinerar todo a su paso. Los oscuros, eran lo peor, los más altos en jerarquía, solo aparecían cuando las cosas llegaban a los límites más extremos. Nunca tuvo la oportunidad de ver uno, incluso se decía que ya no existían, vendían su espejismo para doblegar a los siervos y las grandes legiones de demonios. Repaso una de las páginas anteriores, en esta reafirmaban esa creencia, igual se empezaba describir la dimensión a la que el pertenecía, la segunda; la más prospera, solo habitaban demonios dorados y las hembras con las cuales podían procrear. Igual pasaba con los de la tercera dimensión, los llamados demonios cupido', los mas salvajes y errantes, pasaban más tiempo vagando por la tierra, rastreando las almas que le pertenecían al infierno. Hubo un tiempo que quiso ser uno de ellos, pertenecer a ambos lugares y sobre todo poder elegir un vínculo. En los peldaños más bajos estaban los de la cuarta dimensión, demonios/as simple, solo dotados de fuerza, no tenían grandes talentos, su único objetivo era servir, estar ahí en sumisión, de rodillas ante el mal. No tanto como los de la quinta, los Mosdeo, eran la carroña s****l, vivían copulando a cada instante, incluso transgredian la barrera que dividía el infierno con la tierra para fornicar con humanos, mientras dormían, estos lo llamaban incubo y sucubos. En la mierda estaban los carroñeros, se alimentaban de la putrefacción, de los cuerpos en estado de descomposición que eran lanzados, sus cuerpos esqueléticos aguardaban siempre hambrientos. El saber todo eso, cansaba. Coloco el separador del libro en la página en la cual detuvo su lectura y lo cerro. Lo último en hacer, fue dejarlo sobre la mesa. Tanto infierno lo abrumaba, en parte se conformaba con no vibrar tan bajo. Sus manos eran poderosas. Sol ya había empezado a roncar. Hasta sus ronquidos lo extasiaban. Se levantó de la cama y camino hacia el otro lado, para confirmar que existía. Claro que era real, no un espejismo, una parte de el empezaba a sospechar que ella era a quien había buscado por tantos años, casi todo encajaba, incluso su embarazo. Literal, lo derretía con solo estar. Necesitaba encontrar la fórmula para quedarse con ella. Había una realidad que le había ocultado, aún si lograba sobrevivir, si le quitaba el sello y sus marcas de destino vibraban a la par. Aún así no sería suficiente, habían reglas incluso en la anarquía de los demonios, una diabla mística, era un tesoro muy preciado, su padre tenía la potestad de arrebatarsela, a menos que alguien de más autoridad interceda a su favor. Eso nunca pasaría, los desterrados no tenían derechos en el Inframundo. Se fue alejando de ella, con el retroceso de sus pasos. Intento aligerarlo para no despertarla. Incluso cerro la puerta con cuidado. Se estrujo la cara antes de disponerse avanzar por el largo y amplio pasillo, semi iluminado. Carlota no tardo en cruzarse con el, mientras descendía por las escaleras Ella ascendía, cargaba algunas sábanas limpias. Le causó curiosidad saber hacia donde iba. —¡Detente!.—Obedeció al instante, más que eso, lo miro con un deseo antiguo. —¿Dónde llevas eso?. —A la habitación de su señora madre. —Se balanceo con coquetería, le pareció vulgar su forma de ofrecerse, más cuando aleteo su lengua. —Si lo desea, puede acompañarme y recordar viejos tiempos. —Sal de mi vista, Carlota.—Le quitó su atención, termino de bajar los peldaños que le faltaban de la escalera. —¡Usted se lo pierde, señor Leóncio!.—Exclamo la bruja. Era una igualada, ni que hubieran tenido sexo como tal, en el pasado. Carlota era una de las tantas hembras que le habían mamado la v***a en su convalecencia. Otras de las jóvenes de servicio se cruzo en su camino, apenas recordaba su rostro, aprovecho y le pregunto sobre el paradero de su madre, está le otorgó la información que necesitaba. Como ya sospechaba tenía a Brenda aún dentro de la mansión. Se dirigió hacia el sótano. Indiscutiblemente estaba detrás de la puerta que tenía delante, después de descender por segunda vez. El olor a piel quemada estaba aún muy latente. Igual había una servidora junto a ellas. No tocó, entro sin avisar. Dos pares de ojos lo enfocaron al unísono. —Hijo mío, no debiste molestarte en bajar hasta acá.—Su mamá seguido se le acerco. No esperaba la hora que dejara de tratarlo como un niño. —Me urgía saber su estado.—Estaba hecha mierda, pero con cuidados podria sanar. Eso pensaba, no tenía las ideas muy claras en esas situaciones. —Estara bien, mí Leóncio.—Su mamá se alejo y tocó algunas plantas, que había llevado la servidora curandera. Está otra mantenía su rostro agachado, untando una pomada herbal en toda la piel quemada de Brenda.—Lana es una servidora muy talentosa. Eso ayudará a Brenda a cambiar de piel. —Para sanarla se necesita más que talento y don, señora Ines.—La bruja hablo, tenía un tono de voz muy singular.—Ni cambiando de piel, borrará esas cicatrices. —No puedes estar hablando en serio, esa mujer no es cualquier bruja.—Su mamá se veía algo mortificada. —Tampoco fue quemada por algo simple. Solo en libros y relatos de mis ancestros había visto las quemaduras carmesí.—La bruja servil, hablaba con mucha propiedad, los miro a los ojos para ser enfática, mostrarle que hablaba desde el conocimiento anudado a la virtud. Se acercó más, necesita ver más de cerca el cuerpo de Brenda. Sin lugar a duda la mujer estaba en lo cierto, tenía quemaduras en más de un 70% de su cuerpo, incluyendo la mitad de su pálido rostro. Eran unas quemaduras atípicas, círculos en espiral con costras rojas. Un símbolo de derrota en la piel del adversario. Con lo banal que siempre había sido Brenda con su apariencia, sin duda se desplomaria cuando despierte y vea en el estado irreversible en el que ha quedado. —Lamento si mis palabras son tomadas por imprudentes. Solo alguien desquiciado se atreve a meterse con una especie tan superior. —Miro a su madre, ambos entendían el alcance de su diabla. Había heredado esa parte letal de su padre. —Haga lo que este en sus manos, servidora, le pagaré bien.—Salio luego de expresarse. Necesitaba que se sanará para mandarla lejos. Las dejo en silencio. Volvió con Sol, lo mejor era estar con ella. Brenda busco ese desenlace, ahora le tocará vivir con la consecuencia, lejos de el. Tenía pensado mandarla bien lejos apenas se recupere. Se acostó al lado de la pequeña diabla, está se movió apenas lo sintió. Se acerco más a ella y la abrazo. —Leoncito, papito rico, mío.—La diabla hablaba dormida. Parecía estar soñando con el. Más le valía, toda ella le pertenecía, hasta los mínimos suspiros que brotaban de sus labios. Le dió un beso en la mejilla, antes de decidir conciliar el sueño.
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