El sonido del silencio Y entonces nada. No ocurrió nada portentoso ni escuche nada audible. Quisiera engañarme a mí misma diciendo que el aire a mí alrededor había cambiado o que había sentido algo especial, pero realmente nada ocurrió, nada físico ni material, pero en mi alma comencé a sentirme mejor. Era como si de repente el vacío ya no fuese vacío, como si la necesidad hubiese logrado ser saciada de cierta manera y que ahora mi alma encontrase los mecanismos para proceder a una especie de sanación. Había dolor todavía, era inevitable, pero se sentía como el tipo de dolor que puede llegar a su final solo con lograr la recuperación. El sonido del silencio me había dicho más que todas aquellas horas de ruido angustioso. No podía estar segura de lo que había ocurrido, ni siquiera me atre

