Determinación sin barreras. El trayecto fue bastante corto, sobre todo por lo que mi corazón sentía en ese momento. Un millón de emociones y sentimientos que estallaban como el combustible en las cámaras de ese motor que rugía desesperado cuando mi pie se hundía en el pedal del acelerador. Estaba cerca la meta y mi piel lo podía sentir de manera certera. Cada segundo contaba y se sumaba a una agonía que ahora era por la espera. No había mucho para pensar después de aquella revelación de vida y de valor que me había regalado una oportunidad de experimentar aquello determinación furiosa que no aceptaba barreras. Estaba en camino a confrontarme ante la imperante realidad de mi propio destino; un destino que no admitiría más la personificación de ese papel de protagonista sufrida, ahora quer

