Eliana, Betania y Rebecca se pelean por mirarse en el espejo. Yo solo las observo mientras estoy sentada en la cama. Me alisté desde hace rato, terminé optando por un vestido de tirantes n***o que se ciñe a mi cintura. En cuanto al maquillaje, el salir de fiestas me enseñó que mientras más simple, mejor; luego, cuando esté toda borracha al menos no tendré el maquillaje corrido.
—Esta noche me llevo a la cama a tu primo Sara —canturrea Eliana con una sonrisa coqueta, ante lo que me limito a asentir. Trato de sonreír y espero que ninguna note mi congoja. ¿Cómo decirle a mi mejor amiga que no se meta con mi primo? No se me ocurre ninguna excusa para que no estén juntos y la verdad es que yo siendo ella, ya me habría lanzado sobre él.
Suspiro y ajusto mis sandalias para evitar ahogarme con mis pensamientos. Cuando me incliné hacia adelante, la tanga que llevo me presionó el culo. La sensación fue algo incómoda, pero a la vez deliciosa, me muerdo el labio pensando en todo lo que puede pasar, si no tendré a Andrés, al menos podré divertirme con alguien esta noche.
El claxon suena y les digo a las muchachas que se apuren puesto que seguro es Andrés quien está afuera. Tomo mi pequeño bolso y me levanto con elegancia. Dejé mi cabellera castaña suelta, siento que así, se realzan mucho más mis facciones. Por suerte, como son ya las 10:00 pm, mi mamá está durmiendo y luego de algunas risas, mis amigas y yo salimos de mi casa.
En efecto, mi fabuloso primo está afuera del coche esperándonos con los brazos cruzados. Suelta un silbido al mirarnos y nos dedica una sonrisa encantadora. E, B y R lo saludan de beso en la mejilla y luego comienzan a discutir sobre cuál de ellas se sentará en el puesto de copiloto. Ruedo los ojos.
—Yo iré adelante chicas, más les vale que se vayan subiendo. —les digo.
Ellas sin mucho reparo se suben al asiento trasero del carro y yo camino hasta Andrés quien me recibe con un abrazo.
—Llegó la abeja reina —susurra a mi oído.
—Más te vale que te comportes con mis amigas —le advierto separándome de él para tomar aire. Me embriaga su perfume.
—No respondo por lo que suceda esta noche —responde coqueto elevando la palma de las manos. Refunfuño y nos subimos al auto. Cuando el coche enciende y comenzamos a trasladarnos por las calles, mi vista se pierde con todas aquellas luces. El aire acondicionado hace que me de frio y me abrazo con mis propios brazos. Siento la mirada de él, así que me giro en su dirección y en efecto, está mirándome, mira mis senos. Al darse cuenta de que lo observo, voltea el rostro rápido.
—¿Quieres que apague el aire? —pregunta tragando saliva.
—No, está bien así —respondo sintiéndome mojada de pronto. El frio, hace que mis pezones se pongan erectos y como mis senos son pequeños, por lo general, con este tipo de vestidos no acostumbro a llevar sostén. ¿Algunas se quejan por las tetas pequeñas? Pues este par le ha alegrado la vida a más de uno.
Cuando por fin llegamos al centro nocturno, mis amigas bajan en medio de chácharas y anécdotas. Yo las sigo a unos cuantos pasos detrás y tras unos segundos siento las manos de él en mis hombros.
—¿Esta noche tendré que llevarte a tu casa? —inquiere divertido.
—Despreocúpate —le respondo —esta noche debe venir un amiguito que me llevará a casa.
Andrés se coloca a mi lado y asiente dubitativo.
—Solo cuídate ¿Está bien? Ya no estoy en edad para meterme en peleas.
—Solo tienes 24 tonto —lo codeó entre risas, en medio de lo cual él atrapa mi mano.
—Por eso, Sara, por eso, ahora las peleas son con arma en mano.
Ingresamos al recinto una vez llegamos hasta donde están mis amigas. Andrés muestra un carnet con el cual lo dejan entrar al área vip y entre empujones llegamos hasta allá. Eliana, Betania, Rebecca y yo nos acercamos a la barra. Todas pedimos mojitos y mi primo se pierde con dirección al baño.
—Deséame suerte —me dice en un grito Eliana acomodando su camisa con escote en uve. Ella lleva un jean alto con tacones negros y aquella camisa que es capaz de hacer babear a más de uno. La misma se adhiere bien a sus tetas y a través de la tela creo visualizar una sombra de sus areolas. Tiene ese tipo de pezones que tienen areolas amplias y redondas.
—Suerte —digo con pocos ánimos.
Ella toma mi rostro entre sus manos y junta nuestras frentes lo cual hace que me lleve una sorpresa. Creo que puedo sentir su aliento en mi cara.
—¿Estás segura de que no te molesta? —pregunta con sus ojos fijos en los míos.
Saboreo mis labios mientras que siento que mi pulso se acelera.
—No, para nada. —miento —todo tuyo.
—Ok — se separa y me sonríe —iré por él entonces.
Eliana dejó su bebida intacta, así que Rebecca, Betania y yo nos miramos sin entender nada. Empiezo a tomar sorbos a la velocidad de la luz, la música, inunda mis oídos. No quiero pensar, no quiero hacerme una imagen de mi mejor amiga y Andrés, solo quiero divertirme.
Trago tras trago, los minutos pasan. R, B y yo vamos hasta la pista de baile. Nos movemos como si no hubiese un mañana. Paso las manos por mis caderas y luego las subo como si buscase tocar el techo. Tengo los ojos cerrados, amo bailar así, cuando siento unas manos en mi cintura, abro los ojos de forma abrupta.
Cuando me giro, tengo pegado a mí a un guapo rubio de ojos azules. Él me sonríe cuando se percata de que lo observo y se mueve al ritmo de la música. No me desagrada, así que le sigo el juego, pero, cuando sus manos bajan hasta mi trasero, me detengo de pronto.
—¿Qué haces? —le pregunto casi en un grito.
—¿No es esto lo que te gusta putita? —replica casi chillando aquello a mi oído.
Frunzo el ceño y le doy un empujón con toda la fuerza que puedo. Lo único que logro es hacer que retroceda unos pocos pasos, cuando luego el hombre me da un empujón a mí que me hace caer sentada en el suelo. Siento el impacto del golpe hasta en la espalda y busco a mi atacante furiosa.
Algunas personas que estaban cerca de mí, se inclinan para ayudarme, mientras que yo solo busco a la persona que me empujó, pero nada. Parece que desapareció entre la masa de gente. De pronto ya no quiero bailar, me siento ultrajada, quiero ir a casa.
No hay nada que me moleste más que aquellos hombres que se creen que solo porque una parece estar disfrutando el momento pueden aprovecharse. Digo, era probable que terminara acostándome con él, o insinuándome, pero esa decisión iba a ser mía, no cuando a él se le antojara.
Ni siquiera me percaté de que las lágrimas corrían por mis mejillas, solo estaba parada en el medio de la pista lamentándome sola, pero como siempre, cuando creía que estaba desamparada él aparecía. No pasó mucho tiempo cuando Andrés puso sus manos en mis hombros y me acercó a él para preguntarme qué me pasaba.
¿Si él seguía actuando así cómo iba a lograr dejar de estar enamorada?