- Oigan, empiezo a creer que están molestos por algo – digo al ver como levantan a Dalton de una manera muy agresiva del suelo.
- ¿Estás bien? – Kaleb se acerca a examinarme
- ¿No sabes preguntar otra cosa? ¿verdad?... ¿Estas bien, Artemis? ¿Estas bien? – coloco una mano sobre su hombro mientras me aparto de él
- Suficiente, vámonos a casa – ordena Peter
- No – avanzo hacia la barandilla de uno de los puestos de comida y me sostengo firmemente – Aun no he terminado de explorar
- No me hagas enfadar más, jovencita - Peter toma mi mano y tira de mí, pero me sostengo firmemente
- Deja de llamarme “jovencita” crees que nos llevamos mas de 20 años ¿o qué? – noto que empiezo a arrastrar las palabras
- ¡Suéltate! – Peter libera mi mano para tomarme de la cintura en un intento de apartarme de la barandilla
- ¡No, suéltame! ¡No me quiero ir! – grito
- Te llevaré a la fuerza si es necesario – me aferro con ambas manos al metal como si mi vida dependiera de ello, no quiero volver a estar encerrada en esa jaula de oro.
- No me sorprende, últimamente te encanta obligarme a hacer las cosas que no quiero – siento como su agarre se suaviza de mi cintura
- ¿Cuándo te he obligado a hacer algo que no quieres? – pregunta dolido
- Eso es lo que estas pensando hacer ¿verdad?. No podrás parar una vez que empiezas
- Suficiente, Artemis – Kaleb se para frente a mi – Deja de actuar como una niñita y vámonos.
- Lárgate tú si tanto quieres irte – digo molesta – No me convencerás con esa cara preciosa que tienes – digo mientras veo como ahora hay dos Kaleb parados frente a mi – Aunque te multipliques, no cederé.
- ¿Multiplicarme? – pregunta confundido
- Artemis, vámonos – escucho la voz de Atena – Me urge ir al baño – comenta mientras empieza a caminar tambaleante hacia el internado.
- ¡Espera! – Khai corre para sostenerla
- Me duele la cabeza – me suelto de las barandillas para intentar caminar tras Atena, pero las cosas no paran de girar y se me dificulta poder enfocarme.
- ¡Cuidado! – Kaleb me sostiene para evitar que caiga de bruces al suelo.
- Te llevaré – Peter intenta sostenerme
- ¡No! – digo aferrándome a Kaleb – Tu no… yo puedo caminar – veo a Kaleb – Suéltame – digo para luego enderezarme y seguir caminando.
- ¿Por qué eres tan necia? – comenta Peter. Lo ignoro para poder enfocarme en mi camino ¿Por qué se mueve tanto?
- ¡Wow.. wow…! – Siento las manos de Kaleb sostenerme de nuevo
- Ven aquí – dice mientras lo veo agacharse y tomarme de las piernas, lo siguiente que sé es que estoy colgando cabeza abajo sobre sus hombros.
- Ten cuidado – le advierte Peter
- Lo sé – responde este. Siento toda mi sangre bajar a la cabeza.
- Creo que vomitaré – comento mientras cubro mi boca
- Adelante – me alienta Kaleb – No me molesta, siempre y cuando te sientas mejor.
- Me sentiré mejor cuando ambos me dejen tranquila – dejo caer mis brazos sin oponerme a que Kaleb me lleve. Parezco un costal de papas en esta posición, pero todo es mejor que caminar ¿verdad?. Desde este punto puedo ver su trasero, se ve suave; ¿será suave? Me animo y coloco mi mano sobre su posadera, Kaleb se detiene al instante.
- ¿Qué pasa? – pregunta Peter
- Oh… nada. Démonos prisa – comenta mientras empieza a caminar mas rápido. Aprieto mi agarre de su trasero y siento como su agarre sobre mis piernas se tensa; eso provoca que me ría.
- En verdad está ebria – Peter se apresura para seguir el paso de Kaleb y se posiciona a su lado – No dejes que se acerque a ese chico de nuevo. No me agrada.
- No puedes evitarle todo en la vida
- ¿Crees que ese chico es buena compañía para ella?
- Creo que ella es quien debe decidir, por mi parte; solo me dedicaré a observarlo y partirle la cara si llega a lastimarla.
- No puedes ir golpeando a las personas por allí
- Sí puedo
- Adolescentes – dice dándose por vencido y nos adelanta el paso – Date prisa o se mareará más de lo que ya está.
- Claro – le doy una nalgada a Kaleb mientras suelto una risita
- ¿Quieres dejar de hacer eso? – pregunta
- Es muy suave – digo para luego volver a apretar su trasero
- ¡Artemis! – me amonesta
- ¡Kaleb! – respondo. De pronto siento como azota mi trasero y doy un respingo - ¿Me azotaste? – digo atropelladamente
- Tienes razón, tu trasero también es muy suave – afirma
- ¿Verdad? – comento contenta – Podría pasar manoseándote toda la noche – Lo escucho reír – Oye…
- ¿Sí?
- Por que nos persigue ese canguro – pregunto, Kaleb se gira para poder comprobar mis palabras
- Es solo Viernes, ya casi llegamos – dice
- Claro que no es viernes, es un Canguro
- Lo que digas… - veo como sube los escalones de la entrada. Y sube las escaleras en dirección a las habitaciones.
- ¡No quiero dormir! – empiezo a patalear mientras intento bajar de su hombro
- Artemis, cuidado… - Kaleb me deja caer sobre mi cama – Tranquila, solo duerme ¿esta bien?
- No quiero… - respondo mientras intento sentarme – Quiero ese manjar llamado helado y quiero más refresco raro…
- Mañana podrás comer y tomar lo que quieras.
- ¿Mañana?
- Así es
- ¿El canguro también podrá comer?
- Sí el canguro también – dice mientras sonríe – Aunque sospecho que mañana no recordarás al canguro para nada.
- ¿Cuál canguro? – pregunto… de pronto tengo mucho sueño
- Eres adorable… - siento como acaricia mi cabello – Ese idiota… ¿sabes la ilusión que me hacia emborracharte por primera vez?
- ¿Quién se emborrachó? – balbuceo a punto de dormir
- Hey – él me mueve para evitar que me duerma - ¿Sabes quién soy?
- Sí
- ¿Quién?
- Un chico guapo – respondo – Un chico guapo que no me deja dormir, ni comer helado… y tampoco al canguro – escucho como se ríe nuevamente.
- Definitivamente mañana no recordarás nada – siento su aliento en mi cuello por lo cual salto sorprendida
- No hagas eso… - digo apartándolo
- ¿Por qué?
- Porque yo estoy enamorada de alguien más – digo. Lo veo ponerse serio de repente
- ¿Enamorada?
- Sí
- ¿De quién?
- Prometes no decirle a nadie – sus ojos verdes me examinan
- Lo prometo
- Bien… pareces una persona confiable – él sonríe – Su nombre es Kaleb – confieso
- ¿Enserio? – su sonrisa se ensancha
- Sí, pero es un idiota
- ¿Lo es?
- Sí, prefiere a una peli teñida – comento dolida
- Sí que es un idiota, puedes desquitarte conmigo ¿Qué le dirías a ese idiota si lo tuvieras delante de ti? – observo su rostro y la tristeza me invade de nuevo – No, no llores. Sí no quieres, no tienes que decir nada…
- No te enamores de ella – comento mientras mi voz se quiebra – No te enamores de nadie más que yo… por favor, no la ames delante de mí – ahora lloro mientras limpio mis lágrimas con su corbata – No te enamores.
- Sssh – él acaricia mi rostro – ¿te cuento un secreto? – asiento mientras sollozo
- No la amo… nunca amaré a nadie que no sea Artemis – comenta pegando su frente junto a la mía
- ¿Artemis?
- Sí, la adoro con locura
- Se llama igual que yo – observo
- Así es… ella es perfecta para mi
- Eres un suertudo… ¿ella te quiere?
- Eso dijo…
- Me das envidia – lo veo a los ojos nuevamente – Entonces ¿Por qué estas sobre mí? – pregunto curiosa
- Porque ahora soy Kaleb ¿recuerdas? – siento como rosa sus labios con los míos mientras siento su olor, es delicioso.
- Bésame – pido mientras siento como mi boca se seca, necesito su tacto.
- No podré parar después – me advierte
- Entonces no lo hagas – me acerco a él juntando nuestros labios en un beso lento y delicioso, paso mis brazos sobre su cuello mientras entierro mis dedos en su cabellera negra pegándolo más a mí; un sollozo se apaga en mi garganta mientras nuestro beso se intensifica, siento sus manos en mi cadera mientras la aprieta.
- Hueles delicioso… incluso con ese nivel de alcohol – comenta mientras reparte besos por mi rostro – Escúchame bien Artemis
- ¿Sí? – pregunto mientras entrecierro los ojos, estoy a punto de quedarme dormida
- No vuelvas a sentarte a horcajadas sobre nadie que no sea yo – deposita un beso rápido en mis labios – Nadie ¿entendido?
- Sí – balbuceo - ¿Puedo dormir?
- Claro que si… - lo siento abrazarme y nos acomodamos en la cama – Te Amo… - me susurra para luego besar mi coronilla.
- Sí… - respondo y todo se vuelve color azabache.