- Artemis ¿podrías dejarme tranquilo, al menos por hoy? - lo escaneo intentando no demostrar lo irritada que estoy.
- Sabes que el Sr. Tanner no es una buena personas y…
- ¿Tú me hablarás de buenas personas? – pregunta mientras se gira para poder verme de frente – Recuerda bien cuál es tu apellido.
- ¿Desde cuando te fijas en los apellidos de las personas? Además; nos conocemos demasiado como para ocultar lo que pensamos, el uno del otro. Deja de actuar como un idiota y dime ¿Qué te pasa? – sueno mas autoritaria de lo que quería, pero siempre he sido así.
- ¿Quieres saber lo que me pasa?
- Sí
- Bien, entonces. Vamos – me toma de la muñeca y me arrastra fuera.
- Tony, quédate aquí- ordeno, pero aun así nos sigue. Manteniendo mas distancia de la que acostumbra.
- Solo ignóralo – comenta Kaleb mientras salimos al jardín lateral del internado en donde se encuentra mi árbol favorito, me guía hasta el y se deja caer sobre el césped. Lo observo un momento – Es más cómodo de lo que crees – pero ensuciaré mi ropa, no quiero pasar por el proceso de preparación dos veces en el día. Al parecer Kaleb capta mi molestia, se quita su sudadera y la coloca sobre el césped para luego darle unas palmadas invitándome a sentar, lo cual hago.
- Kaleb…
- Sssh – dice mientras mira las hoja del árbol ser movidas por el viento mientras la luz del sol se cuela por ellas – Solo dame un momento, necesito ordenar mis pensamientos. – suspiro mientras dejo que el viento mueva mi cabello, es verdaderamente relajante este lugar. Por eso es mi favorito, puedo ver todo el internado, nuestra casa y el lago justo a un lado. Al ver hacia el campo, puedo ver a Viernes correr hacia nosotros mientras una persona lo persigue intentando detenerlo, pero el perro logra llegar hasta nosotros, abalanzándose sobre mí, intentando lamer mi rostro.
- Viernes, basta -al escuchar la voz de su dueño, el perro cambia de dirección hacia él
- Como lo siento – dice el chico – No pude detenerlo y…
- Está bien, déjalo con nosotros. Gracias por cuidarlo – tras escuchar eso, el chico se aleja en dirección a nuestra casa. El bello perro corre entre nosotros mientras mueve su cola dándonos latigazos con ella, hasta que se cansa y se acurruca en mi regazo. – Siempre te ha preferido a ti – comenta Kaleb mientras acaricia las orejas de su perro.
- Bueno, soy fácil de querer – digo sonriendo
- Eso es cierto – levanto la vista para ver su rostro – Por eso sé que estarás bien – le dedico una mirada confundida
- ¿A que te refieres?
- Artemis, no hagamos más complicada la situación. Sabes que tu hermano está aquí, esta es la oportunidad perfecta.
- ¿Perfecta para qué?
- Para anunciar la cancelación de nuestro compromiso – lo dice tan naturalmente que me dan ganas de golpearlo, mi mente se queda en blanco y solo puedo seguir acariciando a Viernes.
- No hemos rompido nada– digo, intento que mi voz no tiemble al hablar
- Artemis…
- Me pediste tiempo – le recuerdo – No hablaste nada acerca de romperlo, no intentes cambiar tus palabras.
- Bueno, en ese caso. Ya no necesito tiempo, he tomado mi decisión.
- ¡Pero yo sí necesito tiempo! – levanto la voz´
- En verdad lo siento, no quiero lastimarte.
- Entonces no lo hagas – mi voz se quiebra al decir la última palabra, obligándome a respirar profundamente mientras intento deshacer el nudo que se ha formado en mi garganta.
- No puedo seguir junto a ti, al menos no sin pensar en mis padres y en todos los problemas que tenemos con la empresa.
- ¿Estas usando la empresa como excusa?
- No quiero estar contigo…
- Así que ya no sientes nada por mi ¿es lo que dices?
- Sí, es lo que digo – mis ojos arden debido al esfuerzo que hago por no derramar lágrimas, pero no puedo evitar que mis ojos se cristalicen. No llores, no lo hagas, no dejes que te vea llorar.
- ¿Amas a Mary? – pregunto
- Mary no es el asunto aquí
- Claro que sí, si ella es la responsable de que ya no sientas nada por mí; al menos quiero saberlo
- ¿Para qué? ¿Para seguir haciéndole la vida imposible?
- ¿Cuándo he hecho eso? – pregunto dolida - No le he tocado ni un pelo.
- Ambos sabemos que eso no es cierto. La han estado acosando desde que llegaste; y tú, ni siquiera has intentado defenderla
- ¿Por qué tendría que defenderla? – pregunto molesta – No tengo ninguna obligación de hacerlo. Y si tanto te importa, defiéndela tú mismo – giro mi rostro en dirección al campo mientras una lagrima se resbala por mi mejía.
- Artemis, no hagamos de esto un problema. Seamos amigos y…
- ¡ya te lo he dicho! ¡TU Y YO JAMAS PODREMOS SER AMIGOS! – grito
- Artemis… después de todo lo que hemos vivido… lo que hemos soportado juntos… por favor, terminemos – regreso mi vista hacia él, negándome a seguir escuchándolo.
- Hace menos de un año, vivías detrás de mí. No importaba a donde fuera, tú siempre estabas allí. No me dejaste caer ni una sola vez, siempre me sostenías y… cuando resbalaba y caía porque no estabas conmigo, me cuidabas y sanabas cada herida; no salías sin curitas y gel – una risa se escapa de mis labios mientras dejo que las lagrimas bajen sin control – Siempre cuidabas lo que comía, me abrigabas cuando sentía frio…
- Artemis…
- ¿Cómo puedes cambiar tanto? - pregunto – No lo entiendo… - susurro, esto parece irreal. Todo solía ser tan cálido y armonioso. ¿cómo terminamos así? No, debe haber otro motivo de su cambio repentino, la empresa no es la única cosa que le preocupa... tiene que haber otra cosa...