Entrelazo las manos y me inclino hacia delante en la silla mientras Jace avanza por el pasillo hacia David. No es que reconozca a mi sobrino. Quiero decir, físicamente es el mismo: músculos descomunales, cuerpo enorme, dientes blancos y grandes cuando sonríe. Pero todo lo demás ha cambiado. David siempre ha llevado encima una especie de rabia contenida… que se derrama en oleadas y azota a todo el que se cruza en su camino. Pues bien, de repente… ha desaparecido. En su lugar hay una sonrisa abierta y radiante mientras extiende la mano hacia la mujer con la que se va a casar. Sus ojos brillan, está lleno de alegría y… joder, David está dando saltitos sobre las puntas de los pies. David está dando saltitos. Frunzo el ceño, tratando de decidir qué me parece todo esto. Estamos en plena

