Capitulo 2. Cercanía.

2260 Palabras
Capítulo 2. Cercanía. Ambos se retiran y vuelven a encontrarse minutos después. Ella lo observa sacar las rosas del envoltorio y acomodarlas en el jarrón en silencio, detallando sus fracciones, su gran porte, mide 1,77 cm de alto, un poco más alto que ella, de tez clara, ojos color miel y cabello castaño, un chico muy guapo de mandíbula gruesa que la atrae mucho, la concentración que tiene al cortar los tallos de las rosas y acomodarlas en el jarron cautivan por completo su atención, sintiéndose atraída por él misterio que él guarda. —¿Puedo saber cuáles son tus metas? —pregunta ella un poco tímida. —Soy capitán del equipo de fútbol; en unos meses serán las pruebas para la estatal, aplicaré a ello. —Jugador, ¿por qué no lo pensé? Con tu porte debí suponerlo. —dice para sus adentros sin notar que lo ha dicho libremente. Él la mira en silencio con una sonrisa. —¿Porte? —Ella se sonroja dándose cuenta de que lo dijo en voz alta. —Yo… no quise… —Él sonríe, dejando ver sus hermosos dientes blancos. —Tus mejillas se tornan rojas… —La acaricia, causando que ella apague su sonrisa y lo mire un poco nerviosa pasando saliva ante su mirada. —Debo irme… —dice sujetando su mano sobre su mejilla.— Gracias por ayudarme, Edrian.— Le sonríe una vez más. —Es un gusto, Cristal. Ella toma su jarrón y sale del lugar, tropezando con su nana al salir un poco distraída. —Cris… —Cristal se apresura. —Lo siento, Nana. Cristal sube a su habitación; acercándose al balcón, lo observa en silencio. No puede evitar sentirse atraída por él, es algo que la pone muy nerviosa, casi imposible de resistir. * Desde que regresó su padre, Cristal pasa mucho más tiempo sola en casa, ya que sus padres trabajan y están en reuniones hasta tarde, lo que la lleva a pasar un fin de semana largo solo en la compañía de su nana, lo que la hace sentir más aburrida y decide dar una vuelta por el jardín, donde puede admirar la obra de Edrian. Ella camina por el jardín, llegando a la casa de visitas, donde camina en pasos cortos, recordando los momentos en los que jugaba a las escondidas con su padre. Ella siempre se escondía en la casa de visitas y su padre sabía exactamente dónde encontrarla, lo que la hacía reír muchísimo al sacarla del armario de la habitación principal a la que poco a poco se va aproximando recorriendo el abandonado lugar, deteniéndose de golpe al ver a Edrian dormido; él está en boxer, lo que la pone aún más nerviosa y alterada da vueltas intentando escapar de la escena. Ella intenta salir en silencio, pero tropieza con la mesita al salir, causando un gran extruendo al golpearse el dedo pequeño del pie. —¡Ah! —Ella se agacha inquieta, intentando sobar la zona, exponiéndose a ser descubierta por Edrian quien se levanta rápidamente al verla. —¿Estás bien? —pregunta Edrian, preocupado. —Tú… tú, ¿qué haces aquí? —pregunta tartamudeando ante su cercanía y desnudes. —Tus padres me dieron permiso de quedarme, tengo una entrevista a las 10 am y me dieron la oportunidad para poder llegar a tiempo. Ella lo mira agitada, siendo sujetada por él, quien la carga en sus brazos. —¿Qué haces? —pregunta inquieta. —Voy a revisarte, quiero saber si estás bien —responde dejándola sobre la cama. Se arrodilla frente a ella para revisarla. —Lo estoy, solo… —Ella se queja al sentir que él aprieta su dedo para liberar la tensión. —¡AH! Eso dolió, imbécil. —Lo golpea en el pecho, siendo detenida por Edrian quien la toma de sus manos atrayendola a sus brazos. —Tenía que hacerlo, ahora vas a estar bien—le dice acariciando su mejilla. Ambos se miran, él limpia sus lágrimas, permanecen en silencio por varios segundos. Sus miradas causan en ambos una sensación a la que no pueden resistirse, poco a poco se van acercando, sintiéndose más atraídos, lo que los lleva a rozar sus labios ansiosos por sentirse. Él aprieta su mandíbula intentando resistirse y ella puede sentirlo al acariciar su mejilla, cerrando con un corto beso, que se vuelve más intenso cada segundo. Edrian la toma de las caderas y la acomoda sobre su regazo; sus manos la acarician suavemente, subiendo desde sus caderas a su espalda. Él la acomoda sobre su regazo, y ella lo abraza, apoyando sus manos en su nuca. Ambos disfrutando de este intenso momento; esa corriente eléctrica, sus caricias, miradas y besos los hace sentir. Es una fuerte e inquietante atracción que no pueden controlar. Continúan besándose hasta que les falta el aliento, lo que los lleva a detenerse apoyando su frente sobre la del otro sintiéndose como nunca antes. —Me gustas mucho, Cristal. —Ella sonríe ligeramente acariciando sus labios. —Y tú a mí. —Ella besa sus labios siendo correspondida.— Debo irme, mi nana podría venir, no quiero que te metas en problemas. Él sonríe ligeramente. —¿Te preocupa que me corran? Qué sería de tus días sin espiarme mientras trabajo en el jardín… —Ella se sonroja evitando su contacto visual. —No te espió —responde tímida. —¿No? —pregunta sujetando su barbilla. —Yo solo observo tu trabajo, no creas que es por ti. —Responde responde nerviosa. —Mentirosa—le dice, robándole otro beso, un poco más intenso, ya que la toma del cuello, besándola con tanta pasión que el corazón de ambos empieza a latir con fuerza, e incluso muerde sus suaves y hermosos labios rojos que a él le encantan y disfruta. Ellos pasan varios minutos entre un juego tras otro, hasta que ella nerviosa, decide marcharse. —Debo regresar —le dice preocupada. —¿Me podrías dar tu número? Ella le sonríe y asiente, alejándose para que él tome su celular y anota su número, despidiéndose con un corto beso. —Espero que todo salga bien en tu entrevista. —Gracias, hermosa. Cristal sale del lugar muy emocionada, sintiéndose increíble; no puede sacar de su cabeza ese beso, sus miradas, sus caricias, esa conexión, todo ha sido maravilloso, la hace sentir muy feliz. * Cristal no para de revisar su celular; llegan mensajes de todos los tipos, pero ninguno de él, la pone un poco triste. Sin nada que hacer, ella da vueltas en su cama pensando en su gran momento esta mañana, hasta que el sonido de una llamada y el número desconocido en la pantalla alteran sus emociones, la pone tan nerviosa que la primera llamada la deja caer; en la espera de una nueva que no demora en responder. C: ¿Bueno? Responde más calmada. E: ¿Qué haces? Ella sonríe al escuchar su voz; aún así, decide hacer como si no lo conociera. C: ¿Quién eres? E: ¿No reconoces quién soy? ¿Estabas esperando la llamada de alguien más? Ella no puede parar de sonreír de manera nerviosa jugando con su camisa mientras permanece acostada mirando al techo. C: Solo estoy confirmando que seas tú. ¿Cómo te fue en la entrevista? E: Bien, creo que sí me aceptarán en la universidad. C: Eso es una buena noticia, estás a solo pasos de cumplir tus sueños. E: Eso parece. Tú aún no has respondido a mi pregunta, ¿qué haces? C: Busco una película. E: ¿Nunca sales de tu casa? C: No me gustan las fiestas, soy más de un ambiente tranquilo. E: Eso es una lástima, mi hermano está en casa y le había pedido prestada su moto para dar un pase. ¿Qué dices? ¿Te animas? C: Son casi las 10 p.m. E: ¿Tus padres te imponen reglas o algo así? C: No. Cristal se muerde el labio, incómoda. E: En ese caso, estaré en tu casa en una hora. C: No lo sé, Edrian. Ella es más de estar en casa evitando cualquier escándalo, lo contrario de lo que era su madre, ella dice que es más parecida a su padre, aburrida le dicen sus amigas, nadie ha podido sacarla de su zona de confort hasta ahora. E: No te preocupes, te prometo que te vas a divertir, no acepto un, no, como respuesta. Ella se inquieta, pero realmente siente curiosidad por estar con él. C: Ok, te esperaré. Avísame al llegar; saldré para que nadie nos vea. E: Ok. En una hora, ya estaba esperando por ella. Cristal se ha vestido adecuadamente para subir a la moto, poniéndose unos jeans cómodos, que le permiten acomodarse con tranquilidad. —Nunca he subido a una, estoy un poco nerviosa.— Le dice sujetando temblorosa. —No te preocupes, manejo desde que tenía 15 años, no tengas miedo. Ella se abraza a él y se deja llevar. Edrian la lleva a las afueras de la ciudad, a un mirador, donde él se reúne en ocasiones con sus amigos; esta vez la trae a ella, quien disfruta de la impresionante vista de la pequeña ciudad de Kansas City. Él la abraza sentados en el peñasco, disfrutando junto a ella del paisaje. —Es maravillosa la vista desde aquí.—dice ella emocionada. —¿Jamás habías venido? —Jamás, gracias por traerme. —Me alegra que te guste. —Ambos se miran, compartiendo una tierna mirada, terminan con un apasionado beso.—Este no es el único lugar al que quiero llevarte; vamos, la noche aún no termina. Edrian la ayuda a levantarse; hay un juego de besos entre los dos, que se vuelve entretenida. Edrian la lleva a recorrer una sala de bolos, él la invita a jugar y le enseña su técnica secreta. —Levanta la bola, inclina… —Él la ayuda, apoyando su mano sobre la de ella y arrojan juntos la bola, acertando; le dan a todas. —Siiii… —Ella celebra abrazándolo, terminan en un excitante beso. — Buen trabajo campeona. La noche continúa, tras pasear y jugar bolos, él la lleva por helado, una parada donde aprovechan para hablar y conocerse un poco más. —Terminé una relación con una chica; llevábamos mucho tiempo juntos, pero las cosas simplemente empezaron a salir mal y lo dejamos. Ahora solo somos amigos, por la necesidad de pasar el curso, ya que estamos en un proyecto juntos. —Cristal permanece en silencio por unos segundos. —¿La amas? —pregunta ella un poco inquieta, ya que no había pensado en nada de esto antes; saber que existe alguien más, que podría volver la asusta un poco. —La quise, sí, no te lo puedo negar. Ella se sonroja, lo mira un poco más, pensando en todo lo que le dijo, un joven de 17 años, capitán del equipo de fútbol, inteligente y muy guapo. ¿Cómo no había pensado en que podría existir alguien más? Esto de cierta manera la baja de esa nube en la que estaba. —Son las 2 am, creo que debería volver.— dice intentando terminar su malteada. —¿Dije algo que te incomodara? —No, me agrada que seas sincero conmigo, pero es que solo llevas dos meses que rompiste con ella, sabiendo que están tan cerca, que aún la quiere, no quisiera estar en medio; yo preferiría que solo fuéramos amigos. Edrian la mira y nota su incomodidad, lo que lo lleva a pensar en que ella realmente estaba pensando en ellos en una relación. —Pensé que estabas con Liam, ¿O me equivoco? —No, entre Liam y yo existió una relación hace tiempo, pero terminamos hace más de un año. Él empezó a salir con alguien más y al romper quiere intentarlo de nuevo, pero le he dejado saber que solo seremos amigos. Alegaba que yo nunca tenía tiempo para estar juntos y es verdad, me he enfocado mucho en mi carrera que no tengo tiempo para una relación; creo que es lo mejor. Pronto me iré a estudiar fuera y él tomará su curso, entonces decidí enfocarme en mí, dejar las relaciones para cuando haya cumplido lo que deseo. —¡Auch! Eso me cierra las posibilidades de volver a besarte. Ella se sonroja, enfocándolo de manera tímida. —Llévame a casa, ¿sí? —Sí. Está bien. Al volver, ella siente ese vacío nuevamente, uno en el que se siente incómoda, porque había pensado en ellos como algo más. No sabe qué sentir, pero verlo a los ojos causa inquietud en su corazón. —Gracias por esta noche, realmente me divertí mucho. —Entonces me merezco una recompensa—le dice coqueto. —¿Una recompensa? ¿Qué quieres? —Un beso de despedida. — Edrian la detalla. Ella hace un gesto dulce con sus ojos color azul, mientras acomoda su cabello rubio de lado y se muerde el labio inferior, acercándose lentamente a él. Sus miradas se unen, el corazón de ambos se acelera y la respiración se vuelve pesada. Ella lo besa, cerrando los ojos al sentir su agarre agresivo sobre su nuca, presionsndola contra sus labios, para intensificar ese beso que desborda esa conexión que ambos comparten. —Después de haber probado tus dulces labios, se me hará difícil no poder besarte de nuevo— dice Edrian en susurros acariciando sus labios mientras ella permanece apoyada sobre su frente, intentando calmar su ansiedad por permanecer así. —Abrázame, Edrian.
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