Jimena González salió de Torres & Asociados pasadas las seis, con la cabeza llena de ruido. La cena de la noche anterior seguía pesándole: el toque de Álvaro bajo la mesa, la aparición de Raúl Mendoza, la forma en que todo parecía escapársele de las manos. Había pasado el día revisando contratos con la mente en otra parte, esquivando las preguntas de María Elena sobre por qué parecía tan tensa. No tenía respuestas, no todavía. El cielo estaba gris cuando dejó el edificio, las nubes bajas prometiendo tormenta. No había traído paraguas, pero no le importó; necesitaba caminar, aclarar la cabeza antes de que Álvaro volviera a irrumpir en su vida con otra cita, otra prueba. El teléfono vibró en su bolso mientras cruzaba la calle: un mensaje de él. "Evento esta noche, 8 p.m. Te recojo. Traje os

