Jimena González despertó con el cuerpo pesado, la ropa mojada de la noche anterior todavía tirada en una esquina del cuarto. La discusión bajo la lluvia con Álvaro Gutiérrez se había colado en sus sueños, mezclándose con imágenes borrosas de su mano en su pierna, sus ojos grises desafiándola. Se levantó, sacudiendo la cabeza para despejarse, pero el nudo en su pecho no se iba. Algo estaba cambiando, y ella no sabía cómo detenerlo. El apartamento estaba silencioso. Sofía había dejado una nota en la cocina: "Fui a la uni. Hay café". Jimena lo preparó, el aroma llenando el aire mientras revisaba su teléfono. Un mensaje de Álvaro, enviado a las seis de la mañana: "Reunión en Gutiérrez Ventures, 3 p.m. Trae tu cabeza fría". Ella frunció el ceño, pero no respondió. Necesitaba espacio, aunque él

