Capítulo Veinte. Diana Verdades ocultas, pasados macabros. — ¿Cómo está el viejo? —agarro las pinzas y saco la bala dejándola sobre la mesa, gotas de sangre se escapan de la herida, cayendo en el camuflado n***o y las baldosas blancas. —Está bien, no tiene ninguna herida significativa y está en sus cinco sentidos—agarra mi brazo, haciendo presión sobre la herida—yo me encargo de esto. —Mmm—aprieto fuertemente la mandíbula, evitando gritar cuando hurga dentro de las heridas para sacar las balas que aún están adentro. —Neft lo está vigilando desde el otro lado de la pared, aún no hemos comenzado, pero puedo decir que es alguien duro—siento la aguja entrar y salir de mi piel, repetidas veces—listo hemos terminado. Nos dirigimos hacia el cuarto oscuro o de interrogatorios, como le dice

