No era así, mis pechos sí obedecían a la gravedad, quizá no estaban caídos, no más allá de lo normal, y sí, quizá eran redondos, pero tampoco eran simétricos. Mis caderas podían ser voluptuosas y mi trasero tener la forma de corazón, sin embargo, tenía celulitis como otras mujeres, además de dos hoyuelos en la espalda baja, y tenía los muslos tan juntos que se rozaban. Pese a lo que dijo Lorena, mi piel no era perfecta. Al final, yo no era perfecta, nada en mí lo era. Aun así, al verme al espejo, al analizar mi cuerpo, al pesar mis pechos y dejar que una gota de leche resbalara de mi pezón hasta perderse en mi piel, dejando un rastro húmedo, no pude evitar calentarme. Sí, no lo hice a propósito, no fue mi intención estrujarme los pechos, relamerme los labios y apretar los muslos para sos

