En un parpadeo, la página se cargó con las novedades, ya no solo se podía ver mi perfil, las fotografías que Lorena seleccionó para mostrar, las que se podían ver gratis, y las más explícitas por las que tenían que pagar una mensualidad. ―Ya pasó, además, de momento todavía no pueden hacer pedidos ―comentó con tranquilidad, como si con ello lograr detener los tormentosos latidos de mi corazón. Sacudí la cabeza y bajé los ojos a mis manos temblorosas, pálidas y heladas. Mi piel entera se congeló, como si la sangre se hubiera estancado en alguna parte de mi cuerpo, como si el frío invernal calara hondo bajo mi epidermis, pero no era así. Encogí los dedos en dos pequeños puños sin fuerza. No necesitaba que se diera cuenta de mi nerviosismo, que descubriera la vocecita que gritaba en mi int

