Gemí y me estremecí cuando el escalofrío juntó mis piernas y me tuve que morder el índice. Me pegué a la pared y lo vi entre las pestañas. Me observó con detalle, perturbado por mi sensibilidad. ―No llevas sujetador ―susurró con la voz grave y gutural. Negué con la cabeza, mi cabello se enredó con sus dedos que siguieron amasando mi pecho. ―S-si to-tocas más… Gimoteé y me removí con exaltación, presa de su estampa pulcra que en ese momento se desequilibró gracias a que mis manos lo despeinaron. Gruñó y se irguió cuan grande era, creando una sombra sobre mi cuerpo. ―S-si sigues tocándome… ―Las tienes llenas, ¿verdad? ―consultó con ardor. Su mandíbula se apretó, sus dientes rechinaron y sus ojos refulgieron cargados de lujuria. Me mordí el labio, mis manos bajaron para detenerme a

