Temblorosa, caminé hasta el salón, donde me senté al lado de una chica que me sonrió y me preguntó sobre no sé qué cosa. Calló cuando Alistair entró y la tortura inició. Me mareé, mis piernas juntas, mis manos bajo la mesa del laboratorio, donde traté de no despellejarme con cada gemido que retuve dentro de mi pecho cuando aumentó o bajó la intensidad de la vibración. Mis braguitas se empaparon. La bala se encajó entre mis labios y las ondas se expandieron por mi nudo de nervios. Mis ojos se desenfocaron cada vez que me miró y elevó la velocidad. Estiré la falda para hallar algo a lo que agarrarme, la chica a mi lado me preguntó si me sentía bien y mentí al darle entender que tenía cólicos porque estaba en mis días. Mentira sucia que solo hizo que me preguntase si no quería algún comp

