Capítulo 10: ¿Doblegándome?

1778 Palabras
Marcos        Después de un café bien cargado vuelvo a estar como nuevo, él alcohol siempre ha sido un buen amigo para olvidar, pero esto no tarda mucho para volver a la realidad.        Ahora mismo, me encuentro en mi despacho revisando los documentos que he sacado de la computadora de Luciana, mi gente está haciendo un excelente trabajo, muy pronto el apellido Montenegro solo será un mal chiste.      Ya tengo todo preparado para mi próximo paso, sé que esa mujer me quiere, ella mismo me lo ha dicho y no hay que ser tonto para darse cuenta, me mira con tanto amor que a veces me da lástima, pero se me pasa al recordar que el cabrón de su padre no tuvo ni un pizca de piedad por mi madre.      Cuando me agarra hambre salgo de mi despacho y comienzo a caminar hacia el comedor, pero cuando paso por el living veo a mi novia, y al observarla detenidamente se me sale el alma del cuerpo, no se ve para nada bien, un poco aturdido por la situación me acerco rápidamente hasta donde se encuentra.       -¿Qué te paso, mi amor?- pregunto in poder ocultar mi preocupación, ella no responde y por sus ojos sé que está asustada, eso solo me desespera más ¿Quién se atrevió a lastimarla? su ropa rota y la tristeza en sus ojos no son una buena señal, me abraza sin darme tiempo a negarme sus ojos se llenan de lágrimas a punto de ser derramadas.- ¿Quién se atrevió a tocarte?- pregunto separándola un poco de mi para que me mire, pero en lugar de hacerlo ella desvía su mirada hacia otro punto ¿Por qué no me mira?       -Yo...lo lamento, él lo intento, pero yo me defendí, te lo juro Marcos.- dice con desesperación queriendo que le creo ¿Tan importante soy para ella?         -No te preocupes cariño, iremos a qué te duches y puedas descansar.-digo con voz suave para seguidamente alzarla en mis brazos y empezar a caminar, ella se recuesta en mi pecho y me vuelve a entregar su seguridad sin ninguna duda.                Cuando llegamos a la habitación, la guio hasta el baño en donde la ayudo a desvestirse, y en el momento que vi lo que adornaba su cuello sentí mi sangre hervir, su cuello estaba lleno de pequeños hematomas o mejor dicho chupones, ¿Quién mierda marco su piel? sé que no es momento de preguntar, ella aún se encuentra muy alterada, así que esperare el tiempo que sea necesario para que me cuente si así lo desea. Me desvisto rápidamente y entro a la bañera sin pronunciar palabra, luego de unos minutos comienzo a esparcir suaves caricias mientras susurro suaves palabras tranquilizadoras en su oído.        Apoya su cabeza en mi pecho mientras siento como llora en silencio, me siento inútil al no saber cómo consolarla ¿Cómo consolar a la persona que debes destruir?       -Tranquila cariño, no voy a presionarte.-susurro con suavidad tratando de calmarla, porque si sigue llorando como lo está haciendo se puede poner mal.       -Ese hombre me toco Marcos, intento forzarme a estar con él.-dice con la voz rota provocando en mí una sensación de impotencia.-Aún siento sus asquerosas manos tocando mi piel sin mi consentimiento.-dice desconsolada y me doy cuenta que está recordando lo sucedido.       -Matare a quien se haya atrevido a tocarte, eres mía y nadie debe ni siquiera mirarte.-digo descontrolado, nadie puede lastimarla, él único que tiene ese poder soy yo.           Al terminar nuestro baño, la ayudo a salir y la envuelvo en una toalla y me separo un poco para ponerme una también, ella no dice nada y eso me mata, se encuentra completamente ida y de sus ojos caen más y más lágrimas.     La vuelvo a cargar en mis brazos y ella solo se acurruca, al momento de llegar la acuesto con suma delicadeza en mi cama, cuando intento separarme ella se aprieta más a mí.   -Cariño, no iré a ningún lado solo buscare algo para vestirnos.- digo en apenas un susurro logrando que me suelte para seguidamente esconder su rostro en la almohada.      Me pongo solo mi bóxer, y abro uno de los cajones del ropero en donde busco una de mis camisas y unas bragas de las que tiene entre mis cosas, ni siquiera sé que en qué momento mudo sus cosas a mi casa.        Regreso a su lado, y le doy la vuelta para comenzar a cambiarla, ella mantiene sus ojos cerrados, pero sé que no está dormida, no podría hacerlo, en lo poco que la he conocido estos meses pude darme cuenta de que cuando algo la preocupa no puede conciliar el sueño.   -¿Estás mejor, cariño?-pregunto recostándome a su lado al mismo tiempo que la atraigo a mi pecho, ella sin perder tiempo esconde su rostro en el hueco de mi cuello mientras me abraza con fuerza como si tuviera miedo a perderme.   -¿Tú me protegerás?-pregunta con voz rasposa producto del llanto, me tenso de inmediato ante su pregunta llena de inseguridad ¿Cómo prometer algo que no podrá cumplir?   -Lo haré, las cosas tal vez se pondrán difíciles, pero tú debes ser fuerte ¿Lo prometes?-digo sin saber el porqué.    -Lo prometo, sé que si tú estás conmigo todo será más fácil.-dice despacio y siento como se va quedando dormida.         Luego, de unos minutos la voy separando de a poco tratando de no despertarla, necesita descansar y yo necesito encontrar al maldito hijo de perra que se atrevió a tocar a mi mujer.         Me visto en completo silencio para seguidamente salir de la habitación, estoy a punto de perder el control, pero eso no es nada bueno en estos momentos, me encamino por los extensos pasillos de la mansión, y cuando veo a mi mano derecho así que le indico con la cabeza para que me siga, una vez en mi despacho me siento en mi silla intentando borrar la imagen de la forma en que llego mi....Luciana.   -¿Qué necesita Señor Rivadeneira?-pregunta expectante haciendo que lo mire fijamente.   -Necesito que averigües lo que sucedió con mi mujer, quiero que encuentres al maldito infeliz que se atrevió a lastimarla y me lo traes, yo me encargo del resto.- ordeno cabreado, a parte de mi mejor amigo nadie sabe de mis planes para Luciana.   -¿La señorita se encuentra bien?-pregunta con profesionalismo.   -No, no está para nada bien, pero lo estará.-declaro a lo que el asiente de acuerdo.- Es todo, puedes retirarte y hasta que no encuentres información no vuelvas.-ordeno, él se despide con un asentimiento para seguidamente salir de mi lugar de trabajo.   -¿Quién te hizo esto, Luciana?-me pregunto y no obtengo ninguna respuesta coherente.             Me pierdo en mi trabajo, tratando de ocultar esas sensaciones que comienzo a experimentar y que no me agradan en lo absoluto. Estoy tan concentrado firmando papeles que cuando escucho gritos me sobresalto, pero inmediatamente me recupero y prácticamente corro al darme cuenta que se trata de Luciana, cuando logro llegar la encuentro sentada en la cama completamente blanca, está temblando como gelatina y sus ojos están perdido en algún lugar lejano, sin saber que hacer o que decir me acerco lentamente para que no se asuste.   -Amor, soy....Marcos, solo ha sido una pesadilla, nada te pasara mientras estés conmigo.-digo al tiempo que llevo mi manos a su rostro para girarlo y hacerla volver en sí, sus ojos me miran aterrorizados y sin dudarlo me siento a su lado para atraerla nuevamente a mi.-Sh, ya no llores.-pido.   -Ese.... hombre abusaba de mí y yo....yo no hacía nada.-dice descolocada, y yo solo quiero matarlo con mis propias manos por haberla hecho pasar ese horrible momento.   -Luciana debes tranquilizarte o enfermarás.-digo agotado al tiempo que la presiona más a mí, ella por el contrario luce perdida, sus ojos hundidos junto a la palidez de su piel me asustan, su débil cuerpo tiembla producto del llanto.      De pronto, se separa de mi tacto, para llevar sus delgadas manos a su cabeza y comenzar a mecerse mientras grita suplicando que no la toquen, desesperado me levanto rápidamente y comienzo a llamar a las muchachas, mi novia está al borde de la cordura, ella...está cayendo al abismo y yo no puedo hacer nada.   -¿Qué le sucedió a la señorita?- pregunta asustada.   -¡Deja de preguntar cosas que no son de tu incumbencia, mejor ve a llamar a un médico!-exclamo perdiendo la paciencia, ella sale prácticamente corriendo a hacer lo que le pedí mientras yo me acerco nuevamente a Lucí, está vez ejerzo mucha más fuerza para evitar que se escape, ella golpea mi pecho para que la suelte, pero no se lo permito así que se termina dando por vencida, sus lágrimas caen manchando mi camisa, cosa que me importa una mierda.         Después de más de veinte minuto la puerta se abre y por esta entra un hombre vestido con una bata blanca, que evidentemente es el médico. Camina hasta donde nos encontramos dejando un maletín en la cama, y sacando una inyección.   -¿Ha estado sometida a mucho estrés?-pregunta ¿Lo ha estado? pues no tenía una repuesta para eso.   -Si, tal vez un poco.- digo sin saber que responder.   -La sedare porque no está para nada bien, y puede llegar a cometer alguna locura.-explica, dejándome completamente mudo ¿Qué está insinuando? - Por el estado en que se encuentra puedo asegurar que algo grave le paso y no está en sus cinco sentidos.-concluye, asiento sin remedio, y él se acerca hasta Lucí, al hacerlo siento como se completamente tensa.   -No te hará daño cariño, es para que te sientas mejor ¿Confías en mí?-pregunto sonriéndole apenas, ella asiente levemente y yo en consecuencia dejo un beso en su frente.-Bien, entonces solo obsérvame.-pido y lo hace, nos mantenemos observándonos en completo silencio mientras el doctor le inyecta el sedante.        Luego de unos segundos veo como sus ojos se van cerrando poco a poco, mi Diosa no está nada bien, y decido dejar por un momento mi venganza de lado, ahora solo quiero encontrar al responsable y que ella se recupere.      El médico me da algunas indicaciones para después despedirse, me mantengo acariciándole su pálida mejilla al mismo tiempo que admiro la hermosa pero prohibida mujer que tengo ante mis ojos.            ¿El amor es más fuerte que la sed de venganza? ¿Podré olvidarme de mi venganza y aceptar lo que estoy empezando a experimentar?               Buenas, espero que estén muy bien y que hayan disfrutado del capítulo, y si es así déjenlo en los comentarios.   ¿Quién sufre por Luciana?   ¿Marcos se dará una oportunidad?         Nos leemos pronto.   Estefanía....Saludos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR