Marcos
Si en algún momento dude en seguir con la venganza, ahora me doy cuenta que se lo merece. Las investigaciones no son para nada de mi agrado, Luciana Montenegro no es más que una basura como su padre, la muy maldita tenía planeado casarse con un tal Mario Fontana, todo sería por una sociedad que beneficiaría a su empresa, es decir, se casaría por dinero.
Ella de seguro se arrepintió cuando vio que yo tenía mucho más dinero que ese tipo, y por eso acepto ser mi novia y hasta decirme sus "te quiero" a cada momento. Y ese hombre solo quiso cobrarse lo que prácticamente compro, por eso trato de...mejor no lo pienso, porque aunque la odie no puedo sentir una punzada en mi corazón cuando recuerdo en las condiciones que llegó.
Le haré creer que me tiene en sus manos, aprovecharé ahora que se encuentra vulnerable para seguir con los últimos pasos, y así comenzar con mi venganza.
Por lo mismo he decidido, que adelantaré la propuesta de matrimonio, le endulzare el oído, y le haré firmar su sentencia de muerte.
Pero es obvio que deberé esperar unas semanas hasta que se recupere por completo, también soy consciente que en eso no me mintió, ya que enserio estaba muy mal, o sabe actuar muy bien.
Recostado en el marco de la puerta la observo mientras duerme gracias a los calmantes que el médico le receto. Ya hace más de una semana que se encuentra en ese estado, no come mucho, no habla, lo único que hace cuando me acerco es acurrucarse en mi pecho y abrazarme como si me estuviera extinguiendo.
-¿Marcos?-susurra desde la cama.
-¿Qué sucede, amor?-pregunto en mi papel de novio preocupado.
-¿Qué hora es?-pregunta al mismo tiempo que se sienta en la cama, y enreda sus piernas para apoyar sus manos en la cama y quedar más cómoda.
-Son las doce, cariño.-digo mientras me acerco hasta donde se encuentra la culpable de mis males.
-¡Oh, he dormido demasiado!-exclama avergonzada. Odio que actúe tan bien, tanto que me confunde y .e hace pensar que me estoy equivocando...basta Marcos, debes acabar con ella.-me recuerdo.
-Tenías que descansar, estabas agotada.-digo apoyando una de mis manos en sus mejillas sonrojadas para darle pequeñas caricias.
-Gracias por apoyarme en estos momentos.- dice mirándome con los ojos brillosos, esos que muestran tantos y que terminarán apagados por mis acciones.
-Tú harías lo mismo, Luciana.-digo tratando de sonar sereno.
-¿Podrías hacerme el amor?-dice al mismo tiempo que se cuelga de mi cuello para acercar su boca a la mía. Hacerle el amor, es una palabra que encierra muchas promesas, que es para personas que se aman, pero yo no siento más que desprecio, odio y asco por ella.
-¿Estás segura?-pregunto cauteloso.
-Lo estoy, o es que acaso ¿Me tienes asco por qué pasó?-pregunta con la voz quebrada, y sin saber porque siento una puntada en el corazón al verla así.
-No, ¿Cómo puedes pensar eso?-pregunto al tiempo que termino con la distancia que nos separa para besarla apasionadamente, la levanto y ella rápidamente enreda sus piernas en mi cintura, la beso con desesperación tratando de mostrarle mis supuestos sentimientos. No voy a negar que me encanta tener sexo con ella, es una hermosa mujer, lástima que sea hija de esa basura. Sus manos suben a mi cabello para desordenarlo mientras que las mías bajan a su trasero para apretarlo e inmediatamente siento sus gemidos que son silenciados por mi boca.-Te quiero follar, cariño.-digo separando nuestras bocas para regular nuestras respiraciones.
-Y yo quiero que lo hagas, mi amor.-dice perdida en la lujuria y el deseo. Así que sin perder tiempo camino con ella a puestas y la acuesto con suavidad en la cama quedándome unos minutos en silencio admirando su cuerpo de infarto, solo lleva una de mis camisas y su ropa interior, así ha estado desde que llegó a mi casa, y no me molesta para nada tener esa vista.
-¿Que tanto ves?-pregunta con curiosidad.
-Lo hermosa que eres.-sin tener tiempo de procesar mis pensamientos se los termino confesando.
-Me encanta cuando te pones romántico, pero quiero que me hagas tuya.-susurra agarrando el cuello de mi camisa para atraerme a su rostro.
-Tus deseos son órdenes, mi Diosa.-digo dejándome llevar por el deseo que me produce esta mujer.
***
-¿Tienes hambre?-pregunto mientras jugueteo con su perfecto trasero qué tanto me enloquece. Después, de una acalorada sección de sexo hemos terminado agotados, ahora mismo se encuentra apoyada sobre mi peso, por lo que puedo sentir sus pezones desnudos rozar mi piel, sus largas piernas enredadas con las mías.
-No tengo hambre, cariño.-dice perezosa y sé que no tarda en quedarse dormida, así que llevo mi mano que se encontraba masajeando su trasero para repartir pequeñas caricias a lo largo de su cabello.
-Entonces comerás después de la siesta.-susurro dejando un beso en sus cabellos.
Mi Diosa no tarda nada en quedarse dormida, y yo también me voy perdiendo en la inconsciencia.
-¿Qué es lo que te preocupa?-pregunto al verla inquieta.
Después de dormimos unas horas, volvimos a tener relaciones sexuales y más tarde nos bañamos.
Ahora nos encontramos sentados en la cama comiendo un poco para recuperar las energías, pero hace minutos que ella está queriéndome decir algo, pero no de anima.
-No quiero que creas que soy interesada.-dice haciendo que la mire desconcertado.-Yo...este me podrías hacer un préstamo, te prometo que te lo devolveré apenas logré levantar mi empresa.-dice apenada y yo tengo ganas de reírme en su cara, que ingenua eres cariño, le estás pidiendo ayuda a la persona que está acabando con tu compañía.
-Por supuesto, ni siquiera hace falta que me lo devuelvas.-aseguro mientras meto una cucharada del manjar que estoy almorzando.
No, apenas tenga te lo devolveré.-dice optimista.
***
-¿Tienes todo preparado?-pregunto serio observando a mi hombre de seguridad.
-Todo está como lo pidió, Señor.-dice.
-Bien, que una de las muchachas les lleve esas bolsas a mi mujer y luego tú la llevarás dónde te lo he indicado.-ordeno.
-Así será, señor. -dice para seguidamente salir de mi oficina.
Hoy es el gran día, Luciana Montenegro será mi esposa cuanto antes. He tenido que aguantar más de dos semanas para hacer esta farsa, pero al fin llegó el tan anhelado día para proponerle matrimonio.
Reviso la carpeta que me ha traído mi hombre de seguridad, mandé a investigar a Mario Fontana, es divorciado, tiene dos hijos, y es un apostador de primera, no es más que un bueno para nada. Este tipo está detrás de mi mujer desde hace más de un año, tenían un matrimonio arreglado desde ese tiempo.
Que lastima, pero ella será mía y nada ni nadie lo impedirán.
Salgo de la mansión para seguidamente caminar hacia mi auto, debo llegar antes que ella al salón, he preparado unas cosas cursis para que todo parezca más real.
Manejo con destino a mi unión con esa mujer, en mi vida me imaginé casado con alguien, pero esto es diferente, es una pieza más para mí venganza.
Una vez llego, bajo de mi vehículo y saco unas cosas que he traído, para organizar todo he recibido la ayuda de mi amigo Guillermo, que no está de acuerdo con lo que estoy haciendo, pero tampoco me dará la espalda.
Todo ha quedado espectacular, todos los que no me conocen pensarían que estoy perdidamente enamorado para hacer esto.
Será una boda civil, he contratado a un juez el cual ha firmado un documento de confidencialidad, de igual manera deseo que todos se enteren de quién es la mujer, una cosa es que no sienta nada por ella, y otra que permita que se le acerquen los malditos babosos.
-Buenas tardes, Señor Rivadeneira.-saluda el juez.
-Buenas tardes.-saludo por educación.-Mi mujer llegará enseguida.-aviso.
-Esperaremos.-dice tranquilo a lo que asiento sin saber que responder.
-Marcos.-escucho a mis espaldas, así que me doy la vuelta para quedar de frente a mi amigo junto a su novia.
-Has venido.-digo ya que pensé no vendría, pero aquí está.
-Una cosa es que no esté de acuerdo y otra es que no venga a apoyarte en tu locura.-dice divertido.
-Buenas tardes, Marcos.-dice su acompañante, cuando voy a contestar empieza la melodía que me indica que ha llegado Luciana...mi futura esposa.
Me pongo en mi lugar mientras repaso que todo esté en orden, y cuando lo compruebo me quedo como un tonto esperando a verla, no sé porque siento como que me falta la respiración, y siento mi corazón a punto de salir con la velocidad de los latidos.
Mi novia entra observando confundida a sus alrededores, no entiende que está pasando.
Me acerco unos pasos hasta quedar enfrente de ella, y comenzar con mi actuación.
-Mi amor.-susurra cuando me ve llegar a su lado.
-Mi Diosa, nos abre como he esperado por este momento. Nuestra relación comenzó rápido y eso es lo más divertido, sentimos tanto en tan poco tiempo, no me imagino con nadie más a mi lado que no seas tú ¿Luciana Montenegro quieres casarte conmigo? ¿Quieres acompañarme en esta aventura?-pregunto al mismo tiempo que me hinco para apoyar una de mis rodillas en el suelo.-Te amo, cariño.-miento descaradamente.
-¡Oh, por Dios!-exclama eufórica lanzándose a mi brazos.-Te amo, Marcos. Y por supuesto que quiero ser tu esposa.-dice feliz.
-Pues, entonces no tenemos por qué esperar.-digo confiado.
-¿Cómo sería eso?-pregunta separándose un poco para mirarme.
-Nuestra boda es hoy.-le explico e inmediatamente su cuerpo se tensa ante mí palabras.
-¿Hoy? Pero...eso es muy pronto...y además ¿Cómo estabas tan seguro de que iba a aceptar?-dice apresuradamente.
-¿Acaso no quieres casarte conmigo?-pregunto fingiendo estar dolido.
-No, no digas eso mi amor. Es solo que todo está siendo tan rápido.-dice sin creerlo aún.
-¿Para qué esperar? ¿Qué mejor que salir de aquí siendo la Señora de Rivadeneira?-pregunto y por su sonrisa sé que he logrado mi cometido.
-Tienes razón, Marcos. Te amo, y quiero que nos casemos hoy mismo.-dice emocionada
***
-Nos encontramos aquí reunidos para unir en matrimonio a Luciana Montenegro y Marcos Rivadeneira, damos inicio a la ceremonia.-dice el juez.-Marcos Rivadeneira, ¿quieres recibir a Luciana Montenegro, como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
-Sí, quiero.-digo tragando grueso, ya no hay marcha atrás.
-Luciana Montenegro, ¿quieres recibir a Marcos Rivadeneira, como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
-Sí, quiero.-dice sonriente, no sabes en qué te estás metiendo, mi amor.
-Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia.-dice y no tiene que repetirlo, agarro con mis manos su rostro y estampó mis labios con los suyos.-Los testigos pasen a firmar el acta.-pide e inmediatamente mi amigo junto a su novia y las amigas de Luciana lo hacen.-Felicitaciones Señores Rivadeneira.-dice.
-Muchas gracias.-agradece mi...esposa.
Tengo ganas de gritar a los cuatro vientos que es todo parte de mi venganza, pero en cambio le sonrió falsamente a mi querida esposa.
Después, de recibir las felicitaciones de todos, nos sentamos para compartir este momento "tan especial".
Al estar agotado de este pesado día, le digo a Luciana que es hora de despedirnos, y así lo hacemos para seguidamente salir del salón.
Luego de unos quince minutos llegamos a la casa, me bajo y camino hacia la entrada sin detenerme a ayudarle, sé que debe estar confundida por mi cambió de actitud, pero tiene que entender que nada es color de rosas.
-¿Sucede algo, amor?-pregunta a mis espaldas, pero sigo mi camino ignorándola.- ¿Qué pasa contigo?-vuelve a preguntar logrando que pierda la paciencia.
-¿Quieres saber que me pasa?-pregunto con desprecio al mismo tiempo que me doy la vuelta y en consecuencia ella retrocede unos pasos mirándome con miedo.
-¿Por qué me miras así?-pregunta en apenas un susurro.
-Te lo explicaré, mi amor.-digo irónicamente al mismo tiempo que me acerco a ella y de un solo movimiento le agarro con fuerza del brazo para seguidamente caminar escaleras arriba, ella forcejea, suplico para que la suelte, pero no lo haré. Al fin me conocerá sin máscaras, sin palabras vacías.
-Marcos, me lastimas.-dice con lágrimas en los ojos, pero no me causa lastima, por el contrario me llena de satisfacción verla así.- ¿Amor, que haces?-dice rompiendo en llanto cuando la lanzó sobre la cama apenas entramos en la habitación.
-¿Pensaste que enserio sentía algo por ti?-pregunto con asco mientras me subo arriba de su cuerpo, cuando veo su intención de querer escapar.-De ahora en adelante pagarás lo que me han hecho, sufrirás como yo lo hice. Te haré la vida miserable, y no podrás impedirlo.-declaro para seguidamente bajar mi boca a su cuello para chupar y mordisquear su piel, ella intenta golpearme, pero no impedirá que tome lo que me pertenece.-Eres mi mujer, y debes cumplir con tu responsabilidades como tal.-digo al tiempo que una de mis manos baja hacia sus suaves piernas, e inmediatamente su cuerpo se tensa.
-No, no lo hagas.-suplica llorando como una niña.- ¿Estás borracho, verdad? Porque jamás me tratarías así.-dice segura.
-Estoy sobrio, y además ¿No querías tener sexo en nuestra luna de miel?-pregunta sarcásticamente mientras con mis dedos voy recorriendo su pierna hasta llegar a su v****a, y al hacerlo siento como su respiración se acelera.
-No, no quiero hacerlo.-dice intentando soltarse de mi agarre, pero solo hace que presione con más fuerza.
-Yo no he pedido tu opinión, amor.-digo mientras de un solo movimiento llevo mi mano que se encontraba entre sus piernas hacia la parte de arriba del vestido y lo rompo sin remordimiento, su brasier de encaje me recibe y sin esperar a lo quito para empezar a chupar sus pezones, ella se remueve ante mí tacto intentando terminar con aquello, pero solo acabaría cuando yo lo decidiera.-Tal vez a Mario Fontana te le pudiste escapar, pero a mí no.-digo con voz dura.
-Suéltame, maldito gilipollas.-grita con la voz ronca producto del llanto.-No voy a permitir que abuses de mi.-asegura mientras intenta golpearme con su rodilla, pero adivino su intención y no lo permito.
-No será violación si estás de acuerdo, mi Diosa.-susurro mirándola fijamente.- ¿O acaso quieres que la pequeña Emma pague las consecuencias?-digo sonriendo maliciosamente.
-No...no serías capaz.-susurra.-No le hagas daño, por favor.-suplica al darse cuenta de que si sería capaz.
-Eso depende de ti.-susurro apretando su mandíbula con mi mano libre.
-¿Qué...quieres que haga?-pregunta temerosa, y eso me encanta, amo sentir el miedo de las personas.
-Deberás obedecer cada una de mis órdenes, serás mi juguete, un objeto más de esta casa. No tendrás contemplaciones de ningún tipo ¿Aceptas mi amor?-pregunto dejando un casto beso en sus labios para seguidamente separarme y así esperar su respuesta.
-Yo...acepto, solo no lastimes a nadie.-pide dejando de forcejear, y esa es mi señal para poseer su cuerpo.
-Tomaste la mejor decisión.-digo al mismo tiempo que me termino de deshacer de su vestido lanzándolo a alguna parte de la cama, me quito mi camisa y mi pantalón de un tirón, para rápidamente quitarme el bóxer, quiero que vea cómo se ha entregado al diablo.
Una vez me deshago de su bragas, la penetro de una sola estocada sin contemplaciones, ella llora pidiendo que lo haga más despacio, pero deseo verla sufrir, rogándome que me detenga.
-Buena chica.-digo corriéndome dentro de ella, no dice nada su mirada se encuentra perdida en alguna parte de la habitación.-Bienvenida al infierno, amor.-digo observando como bajan lágrimas silenciosas por su mejilla, por un momento me arrepiento lo que he hecho, pero luego recuerdo que su padre le hizo lo mismo a mi madre y se me pasa.
Después de unos minutos me levanto para ir al baño y darme una larga ducha.
Mi venganza ha iniciado.
Buenas, primero que nada mil disculpas por no actualizar, pero si les soy honesta tuve como un bloqueo con la historia, cosa espero no vuelva a suceder.
Por otro lado, deseo que se encuentren bien y que hayan disfrutado del capítulo.
Empezó el sufrimiento para Luciana, esto solo es el comienzo.
Nos leemos pronto.
Estefanía... Saludos ❤️