Capítulo 12: Mi cruel realidad.

1858 Palabras
Luciana      Cuando confirmo que Marcos se ha quedado  dormido agarro la sábana que cubre mi cuerpo y me levanto con mucho cuidado tratando de no hacer ningún tipo de ruido. Mis pasos son torpes, mi intimidad duele horrores y todo por la rudeza en que me tomo, no le importo mis lágrimas ni mis súplicas.    Una vez, entro al baño cierro rápidamente  la puerta, para seguidamente soltar la sábana que cubría mí desnudes y camino hacia el inodoro, dónde hago mis necesidades.  Minutos más tarde, lleno la tina para meterme en esta y comenzar a refregar todo mi cuerpo queriendo borrar los recuerdos de anoche, pero eso es imposible porque no solo ha lastimado mi cuerpo ante su bajeza, sino que también ha abierto una herida en mi alma, una que no sanará ni en mil años.      No entiendo lo que está pasando, es como si todo este tiempo he estado viviendo en un sueño, y... ayer se ha derrumbado, la persona a la que le entregué mi vida, a la única que he amado a parte de mi madre, me ha tratado como sino valiera nada, me miraba con tanto odio ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cómo fingió tan bien? ¿Por qué dice que debo pagar? ¿Acaso le he hecho algo? ¿A qué se refería con "Te haré pagar lo que me hicieron"?    Lo único que sé es que nada es lo que parece, creí que sería feliz, pero en cambio, salí de un pozo para meterme en otro.     -¡Piensas estar todo el maldito día en el baño!-escucho su grito al tiempo que golpea la puerta repetida veces asustándome. Me mantengo en silencio tratando de calmar mis nervios, pero tengo miedo, he vivido toda mi vida en un ambiente de violencia, y todo parece indicar que ese es mi cruel destino.-¡Abre la maldita puerta o la tirarme!-sigue gritando por lo que sin más remedio salgo de la bañera para envolverme en una toalla y caminar con cierto temor hacia la puerta, una vez la abro siento su mano agarrarme con fuerza de mi brazo para comenzar a arrastrarme hacia la punta de la cama.-¿Acaso estabas planeando algo en mi contra?-pregunta con ironía.   -¡Suéltame, no volverás a tocarme!-exclamo al tiempo que lo empujó con mi mano libre logrando quitármelo de encima.-Anoche, me lastimaste de todas las maneras que podías, y si eso es lo que querías pues felicidades.-digo mirándole con una sonrisa aunque por dentro de este muriendo.-Solo responde algo... ¿Qué te hice?-pregunto queriendo entender sus razones para tratarme así.   -Pronto lo sabrás...amor.-dice para seguidamente caminar hacia el baño y cerrar la puerta de un golpazo.      Siento como las lágrimas bajan por mi mejilla, pero me las seco de inmediato, tengo que ser fuerte, toda mi vida he tenido que sobrevivir por lo que ya sé de qué se trata esto. Busco mi ropa que al parecer "mi querido esposo" ha mandado a acomodar, agarro un vestido con mangas largas tratando de ocultar las marcas que me hizo el hombre que amo. Justo cuando estoy por salir de la habitación el sale del baño y me mira amenazante antes de acercarse.   -Como sabrás no iremos de luna de miel, y con respecto a tu vida las cosas van a cambiar.-avisa haciendo que lo observé incrédula ¿Qué cambiará?-No pensarás que vivirás campante, lo que te dije ayer es verdad. Si no quieres que la pequeña Emma o tus amiguitas salgan lastimadas harás lo que yo quiera.-dice sonriendo malévolamente.     -¿Cómo puedes amenazarme con una niña?-pregunto enfurecida mientras me acerco amenazante.   -Tiene que ir aprendiendo a respetar, Señora Rivadeneira.-dice burlista al tiempo que agarra mi mano con la que le estaba amenazando.-No soy para nada paciente, cariño.-dice mientras retuerce mi brazo logrando que grite del dolor.   -Me lastimas.-digo mientras intento soltarme de su agarre.     -¿Y crees que eso me importa?-pregunta con odio.   -Por supuesto que no lo hace, pero al menos no quieres que tus empleados se enteren de nuestros problemas, mi amor.-digo consiguiendo que me suelte irritado y es cuando me doy cuenta que solo una toalla cubre su cuerpo desnudo...no debo pensar en eso, no después de lo que me ha hecho.     -No juegues conmigo, Luciana porque te quemaras.-amenaza, pero yo en lugar de tener miedo por sus palabras solo le sonrió engreídamente.   -Nos quemaremos querrás decir, cariño. Porque si yo me hundo tú te vienes conmigo.-declaro para seguidamente salir prácticamente corriendo del dormitorio.        Una vez llegó a la cocina, las muchachas me miran de mala manera, pero las ignoro, no necesito más problemas.   -¿Que quiere aquí?-pregunta una de mala manera.   -Yo... no sé preocupen solo he venido a prepararme algo para desayunar.- digo mientras me acerco con la intención de agarrar algunas cosas, pero la misma muchacha me lo impide.   -No, nadie tiene permitido tocar las cosas de esta casa, y menos una zorra.-dice haciendo que abra la boca sorprendida ¿Le dijo a alguien de nuestro matrimonio? Pues al parecer no, no soy más que una zorra para todos.   -¿Me repites lo que le has dicho a mi esposa?-pregunta Marcos entrando en la cocina.   -Señor...yo ¿Su esposa?-pregunta incrédula, y yo quisiera reír por su cambio de actitud, pero en cambio me abstengo de hacerlo.   -Sí, y déjame decirte que no me agrada nada la manera en la que le has hablado a mi mujer.-dice remarcando "mi mujer" ¿Ahora me defiende? ¿Qué clase de broma es?   -Lo...lamento, Señor, yo no sabía que ella era su esposa...y es que con todo el respeto del mundo no es la clase de mujer con la que usted se casaría.-dice e inmediatamente me lanzó para darle su merecido, pero antes de lograrlo los brazos de mi esposo envuelven mi cintura impidiendo que golpee a esa descarada.   -Lárgate de mí vista, y que sea la última vez que le faltas el respeto a mi esposa. Ustedes también lárguense-dice con voz dura y todas salen disparadas de la cocina, dejándome a Merced de Marcos.- ¿Qué haces aquí? Mi mujer no puede mezclarse con la servidumbre.-dice asqueado a lo que ruedo los ojos con exasperación.   -Bla,bla,blá ¿No te cansas de dar órdenes?-pregunto irritada mientras agarro una manzana de la heladera, con eso bastará para no ir a trabajar con el estómago vacío.       Al no escuchar una respuesta me doy la vuelta para darme cuenta de que se ha ido.    Me entretengo comiendo mi manzana mientras pienso en lo que me he mentido por mi maldito defecto de creer que todavía existen buenas personas en este mundo, cuando terminó tiro los restos en el cesto de basura y luego me acerco a la mesada para abrir la canilla y comenzar a lavar mis manos, y quitar lo pegajoso de esta.     Una vez, acabo de limpiar mis manos agarro mi bolso que había dejado en la mesa para seguidamente comenzar mi camino hacia la salida, pero en el momento que intento salir dos hombres se interponen en mi camino ¿Y ahora qué?   -¿Qué sucede?-pregunto de mala gana, aunque sé que no tienen la culpa.   -Lo sentimos, Señora, pero su esposo ha dado la orden de que no puedo salir de la casa sin su autorización.-dice y siento como la irás abre paso.   -¿Qué?-es lo único que logro decir de lo sorprendí que me ha dejado, no pensé que llegaría tan lejos, ahora resulta que estoy en una cárcel.   -Señora, lo mejor que puede hacer es cumplir con lo que el señor le pide.-pide ¿Angustiado? ¿Tan malo es?   -¿Algún problema?-pregunta esa voz que estoy empezando a odiar.   -Sí ¿Qué mierda tienes en la cabeza? ¿Me piensas tener encerrada en contra de mi voluntad? ¿Qué carajo haré con mi trabajo? ¿Con mi vida?-pregunto explotando de tantas injusticias.     -Retírense.-ordena y está hombres lo hacen de inmediato, pero no antes de suplicarme con la mirada que no lo provoque.-Para todo lo que has dicho, es un rotundo no. Y más te vale que me hagas caso o de lo contrario...-le corto de inmediato a su parloteo.   -Sí, si no hago lo que se te canta pagaré las consecuencias, anotado.-digo con cansancio.- ¿Pero prohibirme salir? O peor aún ir a trabajar.-pregunto con cólera.   -No tengo tiempo para discutir contigo, estoy llegando tarde, así que ocúpate de hacer algo aquí porque la única manera en que vuelvas a salir de esta casa será en un cajón, amor.-dice sereno, sus palabras me dejan helada ¿Enserio es capaz de matarme?   ***      Suspiro por cuarta vez en menos de un minuto, además de aburrida me comienzo a desesperar al estar encerrada, nunca duraba demasiado tiempo en casa porque si lo hacían las cosas se ponían feas, y tengo ciertos ataques cuando estoy mucho tiempo sin poder hacer algo. Él se ha ido hace más de cinco horas, y desde entonces estoy en su biblioteca, ya que ni siquiera tengo permitido salir al jardín, no solo mi esposo pretende de hacerme la vida de cuadrito sino que también sus empleados.    Mi estómago empieza a pedir atención, y es que no he almorzado ni nada. Me levanto del suelo con el libro en mano, lo llevaré a la habitación, no creo que eso también le moleste a mi adorado esposo, estuve pensando que será lo que quiere hacerme pagar si nunca antes lo había visto.       Cuando dejo el libro en uno de los cajones que no utiliza salgo del dormitorio para dirigirme a la cocina, pero antes de llegar Marcos se interpone en mi camino.   -¿Dónde carajos estabas?-pregunta furioso y yo lo observo confundida ¿Acaso sus empleados no le dijeron? Pues obviamente no lo hicieron.   -En la biblioteca, le dije a una de las muchachas.-le digo sin ganas de pelear, al menos no hoy.   -¿Y por qué tendría que hacerlo? ¿Por qué en vez de estar de cómoda no has limpiado o cocinado?-pregunta al tiempo que me agarra con todas sus fuerzas de mi cabello haciendo que quede cerca de su rostro.   -Duele.-digo tragando el nudo que se ha formado en mi garganta.   -¿Mucho?-pregunta mirándome con una mezcla de desprecio y burla.   -¿Qué... Qué he hecho para merecer esto?-pregunto en apenas un susurro.   -Tú nada, pero tú padre sí que lo ha hecho... Y lamentablemente eres su debilidad.-dice por lo que frunzo mi ceño ¿Su debilidad? Cómo se nota que no conoce a Alfonso Montenegro...soy todo menos su debilidad...soy la hija de la mujer que asesino.   -Te has equivocado... no soy nada para él.-digo queriendo escapar de su lado.   -No importa, si no significas algo para el...igual me servirás.-dice para soltarme de golpe haciendo que termine en el suelo del living.      ¿Qué maldición han lanzado sobre mí? ¿Qué le hiciste Alfonso para que me odie tanto? ¿Esto apenas comienza?       Buenas, espero que estén muy bien y que hayan disfrutado del capítulo.   ¿Qué les parece lo que le hace Marcos a Luci?     Nos leemos pronto.   Estefanía... Saludos ❤️                              
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