Luciana
Vuelvo a golpear como loca para que me abra la puerta, pero sé que no lo harán, no después de lo que hice.
Hace dos semanas que ha empezado mi infierno, y no ha sido nada fácil, pero estoy aprendiendo a sobrevivir o al menos lo intento. Durante este tiempo he conocido actitudes de Marcos que me han dejado sorprendida, y asustada de no saber hasta dónde es capaz de llegar con tal de vengarse.
He intentado escapar varias veces, pero como era de esperarse he fallado en cada una de ellas, como lo hice hoy. Lo que sucede es que espere hasta que se encerrará en su despacho para escabullirme por el jardín y poder encontrar una salida, pero al momento de pisar el jardín fui encontrada por sus hombres, y por eso ahora estoy encerrada en lo que parece ser el sótano, me ha amenazado antes de irse, sé que cuando se le dé la gana vendrá a terminar con el trabajo.
Me doy por vencida, solo hay una maldita puerta y es de un material raro y parece que imposible de romper, ni siquiera hay ventanas.
Me dejó caer en el sucio suelo, tratando de pensar en algo para salir de aquí, necesito hacerlo.
Me encuentro incomunicada, prácticamente estoy secuestrada, solo que nadie sospecharía de mi esposo.
-Mmm.-me quejo por el ruido, pero en cuanto recuerdo en dónde estoy me despierto de inmediato y justo veo como Marcos entra.
Tal parece que me he quedado dormida de tanto pensar. Nos observamos sin decir media palabra, de un segundo a otro se acerca a mí y seguidamente me agarra de mi cabello para levantarme del suelo.
-Suéltame.-le grito, pero como es de esperar no lo hace, y por el contrario me lanza contra la pared dejándome desorientada, mi cabeza zumba por el golpe y veo todo borroso, intento recomponerme, pero justo en ese instante viene el otro golpe.
-Te dije que no te pasarás de lista, pero no puedes hacer nada bien.-dice furioso, pero yo solo puedo pensar en que me matará si sigue así.-Ahora pagarás las consecuencias.-dice para rápidamente sentir su peso sobre el mío.
-No...Para...Marcos.-pido sin mucha fuerza.
-Sh, cariño.-dice al tiempo que rompe mi vestido de un solo movimiento, pataleo mientras suplico que no lo vuelva a hacer.-No sabes las veces que oí a mi madre suplicar así, pero nadie la ayudo, y a ti tampoco te ayudarán.-dice mientras que con una de sus manos se deshace de mis bragas y una vez más comienza a adueñarse de mi cuerpo como si fuese un objeto, cada minuto que pasa me destroza más y más, no solo es el dolor físico sino que también, el hecho de que haya jugado conmigo, de que me haya enamorado para después lastimarme.
Cuando se cansa de hacer lo que se le antoja con mi cuerpo, sale de mi interior para seguidamente pararse, yo por mi parte llevo mis piernas hasta mi abdomen y los abrazos tratando de calmar el dolor que comienzo a sentir.
-Esto solo es una muestra de lo que soy capaz, estarás aquí hasta que lo considere suficiente.-dice mientras se viste.-Nos vemos, mi Diosa.-dice burlista para salir del sótano.
Mis gritos desgarradores es lo único que se escucha en aquel lugar, me siento tan sucia, tan culpable de no poder evitar estas situaciones ¿Algún día lograre ser feliz?
Me tapo con los restos de mi vestido, aquí abajo hace frío, y si a eso le agregamos que me duele horrores el cuerpo.
Luego de varios minutos logro encontrar una posición en dónde estoy cómoda y no siento tanto dolor, pero ante el más mínimo movimiento estaré gritando.
***
Un quejido se escapa de mis labios cuando me muevo de mi incómoda posición, mi estómago reclama por comida, y mi vejiga está a punto de explotar, y todo esto se debe a qué desde aquel día en que me encerró no ha vuelto a hacerlo, lo que significa que no he ido al baño y mucho menos comido o bebido algo, ya he perdido la cuenta de los días en que me encuentro aquí.
Esto me hace recordar cuando mi padre me golpeaba hasta el cansancio para después encerrarme por días, incluso una vez estuve dos semanas sin poder moverme de los golpes, me libero cuando estaba dando mi último aliento, y me tuve que recuperar cómo pude, ya que no me llevaría a un hospital, no después de que el mismo me provocó aquello.
Y ahora, todo parece un deja vu, y todo por haberme enamorado de la persona incorrecta.
De seguro hasta neumonía pesqué con el frío que ha hecho estos días, y sin tener ni siquiera ropa interior ¿Qué clases de monstros tengo en mi vida?
Cuando logro sentarme tomo una larga respiración tratando de controlar la impotencia que tengo y de evitar lastimarme más de lo que ya estoy. Mi cabeza es la más afectada, sé que hasta puntos tengo y como no si me lanzó con todas sus fuerzas.
Me arrodilló e intento levantarme, pero fallo, caigo de inmediato cuando siento una punzada en mi sien y en mis costillas, de seguro tengo una rota.
De repente, escucho como la puerta es abierta y por esta entra un hombre que reconozco como uno de los tantos guardaespaldas que tiene, con mis manos trató de cubrir mi cuerpo, pero esto no es más que en vano, ya que estoy completamente desnuda frente a los ojos de ese hombre, él se acerca a mí en completo silencio, por lo que inmediatamente retroceso como un cordero asustado.
-El señor, ha dicho que fue suficiente.-dice al tiempo que me lanza una sábana y lo cual agarro rápidamente para cubrirme, e inevitablemente cierro los ojos al sentir la suavidad y el calor de esta.-Una semana, nada mal, Señora Rivadeneira.-dice burlista haciendo que abra mis ojos y sin dejarme procesar lo que ha dicho me agarra de unos de mis brazos y me levanta de un solo tirón, provocando que grite del dolor, pero a este no le importa ya que comienzo a arrastra fuera del sótano.
-Pare, por favor.-suplico.
-Ni siquiera se gaste, no tiene ni voz ni voto en esta casa.-dice con superioridad al tiempo que de un segundo a otro me mete al despacho de mi... de él.
-Aquí está, Señor.-dice atrayendo la atención de Marcos, instintamente desvío mi vista sin querer tenerlo cerca.
-Retírate.-ordena a lo que su empleado asiente saliendo del lugar. Sin saber que hacer solo presionó más el agarre de las sábanas queriendo que todo sea una pesadilla.-¿Has aprendido la lección, amor?-pregunta con sarcasmo, pero no respondo ya que si lo hago terminaré por romperme, y es algo que no quiero hacer, no delante de la persona que me quiere ver destruida.-Parece que te comieron la lengua los ratones, Luciana responde o te irá peor.-amenaza por lo que llevo mi vista hacia el chocando con sus ojos carentes de todo ese cariño que tenía cuando nos conocimos, o tal vez nunca lo tuvo simplemente lo imaginé, queriendo sentirme amada por una vez.
-¿Qué quieres que te diga? ¿Acaso tengo derecho a hablar?-pregunto y me sorprende que lo haya hecho sin tartamudear.
-Cuando soy el que pregunto si, ahora responde.-insiste por lo que ruedo los ojos cansada de toda esta mierda.
-No, no aprendí nada porque no tenía que hacerlo. Querer escapar del monstruos que tengo como esposo no es algo malo, pero como estás loco para ti si lo es. Y déjame decirte que si es verdad lo que has dicho de Alfonso, tu eres igual o peor que el por querer vengarte de alguien que no tiene idea de que se le acusa... tú madre debe estar revolcándose en su tumba al ver en lo que te has...-su palma chocando en mi mejilla me impide terminar la oración, se ha enojado porque le he dicho la verdad, y él lo sabe.
-No vuelvas a hablar de mi madre, no eres nadie para nombrarla.-grita enfurecido al tiempo que me agarra de los hombros para zamarrearme.-Aquí no eres más que una más del montón, eres basura grábatelo en tu pequeño cerebro.-dice con odio para soltarme.-Ahora lárgate, ve y date un baño que hueles horrible.-dice dándome una mirada de asco.
Sin decir nada me encamino hacia la salida, y una vez fuera camino a paso lento hasta llegar a la habitación, después de subir por las tortuosas escaleras.
¿Alguien estará preocupado por mí? ¿O nadie se ha dado cuenta de que he desaparecido? ¿Nadie sospecha?
Una vez, adentro de la habitación cierro el pestillo, no confío en nadie así que deberé andar con cuidado de ahora en adelante. Me deshago de la sábana quedando desnuda, camino hacia el baño para preparar el agua y así poder darme una ducha después de varios días.
Cuando consigo entrar a la bañera me recuesto por el respaldo de está sintiendo como el agua relaja cada una de mis extremidades, cierro los ojos mientras las lágrimas bajan por mis mejillas, y así vuelvo a romper en llanto sin que nadie lo sepa.
***
Mi sueño se ve interrumpido por los golpes en la puerta, y tiemblo al saber de quién se trata. Luego, de la refrescante ducha, me cambié cómo pude para después recostarme e intentar dormir, cosa que logré después de dar varias vueltas en la cama.
Si otra opción me siento en la cama haciendo una mueca por el dolor, y luego de unos segundos me encamino a la apuesta para abrirla, cuando lo hago por esta entra un Marcos ¿Asustado? De seguro son ideas mías.
-¿Por qué tienes la manía de cerrar la puerta?-pregunta, pero no puedo responder porque comienzo a sentirme mareada hasta que pierdo el equilibrio y si no fuera por sus brazos que me sostienen hubiese caído de lleno al suelo.- ¿Qué tienes? Acaso es una de tus actuaciones, no caeré si estás fingiendo.-dice y quisiera mandarlo a la mierda, pero no tengo fuerzas y termino perdiendo la conciencia en los brazos del hombre... que amo, pero que me odia por algo que no hice.
Tal vez, y sola tal vez llegó el fin de mi sufrimiento. Capaz Dios ha decidido llevarme con él...
Buenas, espero que estén muy bien y que hayan disfrutado del capítulo y si es así déjenlo en los comentarios.
#Teorías... de lo que tiene Luciana.
Nos leemos pronto.
Estefanía... Saludos ❤️