Capítulo 14: Sentimientos contradictorios.

1832 Palabras
Luciana     Mi cuerpo duele horrores, intento abrir los ojos, pero no puedo y lo único que logro es escuchar unas voces a mi alrededor, y cuando me doy cuenta a quien pertenece dejo de intentar. Espero que me esté muriendo y no puedan hacer nada, sé que no hay que escoger el camino fácil, pero ya no quiero seguir luchando para sobrevivir. -Su esposa no está nada bien, Señor Rivadeneira, sabe que nuestro trato es confidencial, pero no puede volver a dejarla así o de lo contrario tendrá problemas.-le aconseja una voz desconocida, que supongo es el médico, trato de no moverme para que creen que sigo dormida, pero es difícil al tener a mi agresor cerca. -Tú solo ocúpate de atenderla, y por tu bien espero que se recupere.-dice con voz dura. -Lo recomendable sería internarla, pero como no podemos, lo único que podré hacer es sacarle una muestra de sangre para hacerle los análisis, pero no sé cuánto pueda tardar eso, y para curarla necesitaré varias cosas.-le dice mientras trato de no dejarme en evidencia. -¿Es grave?-pregunta en voz baja, pero logro escucharlo. -Por lo que veo, si.-le informa. -Bien, uno de mis empleados estará a su disposición, ante el mínimo inconveniente me llama.-dice para segundos después escuchar sus pasos alejarse. -Señora, sé que está despierta.-dice el doctor por lo que abro mis ojos de golpe, él se ha dado cuenta, y tal vez hasta Marcos... de seguro luego se las cobrará.-No se preocupe, el Señor no se ha dado cuenta. Mejor si está despierta así puedo revisarla.-dice regalándome una sonrisa, es un hombre mayor y parece buena persona, pero ya aprendí que no debo confiar en nadie. -Yo... estoy bien, puede irse.-digo apresuradamente, mientras aferró las sábanas a mi cuerpo, tal parece que Marcos me ha cambiado, tengo una de sus malditas camisas. -No tema, Señora. Sé que no está bien, si de algo me sirven mis años de experiencia, puedo decirle que está deshidratada y hasta desnutrida ¿Hace cuánto no ingiere algo?-pregunta cauteloso, y yo temo decir algo que sea usado en mi contra.-No, no le diré a nadie, esto es entre usted y yo.-asegura cuando de seguro ve la desconfianza en mi mirada. -Una semana... no lo sé.-susurro apenada. -Eso es mucho tiempo.-dice al tiempo que se acerca e inevitablemente retrocedo temerosa.-No sé qué le han hecho, pero le prometo que solo quiero curarla.-dice mientras con la mirada me pide permiso para revisarme, a lo que termino asintiendo. -Auch.-me quejo cuando llega a la zona de la costilla. -Lo que me temía, tiene una o más costillas rotas...eso sí que está complicado.-dice haciendo que lo mire asustada.- ¿Qué otro golpe tiene?-pregunta pensativo. -La... cabeza, y creo que tengo la muñeca rota.-digo rompiendo en llanto, aunque he intentado no llorar esto es muy difícil. -Bien, necesito que se tranquilice. Primero, haremos los análisis para comprobar que esté todo en orden y traeré lo necesario para curarle los golpes.-me informa mientras que de su maletín saca una jeringa.     Se acerca nuevamente a mí, y busca una vena, en cuanto la encuentra comienza su trabajo de sacarme sangre. -Le prometo que apenas tenga los resultados le estaré informando.-me dice terminando de guardar sus cosas. -¿Yo... puedo saber primero los resultados?-pregunto ansiosa. -Así será, Señora. Le daré un calmante para que descanse, porque lo necesita.-informa y no puedo responder porque en ese momento ingresa mi esposo, por lo que rápidamente desvío mi mirada para otro punto. -La señora debe hacer reposo, alimentarse bien y no hacer esfuerzos... tiene su muñeca izquierda rota y probablemente dos costillas.-le informa provocando que el ambiente se vuelva más tenso de lo que ya estaba. -Ella estará bien, necesito saber los resultados cuanto antes.-dice con voz neutra, demostrándome una vez que no le importo en lo más mínimo.      Cuando el doctor se despide, tengo ganas de suplicarle que no me deje con este monstruo, pero en cambio, me acurruco más en la cama rogando que el calmante que me coloco antes de irse haga efecto. -¿Te...te duele mucho?-pregunta al tiempo que se acerca hasta donde me encuentro, no digo nada porque mis ojos se van cerrando de a poco.-¿Cariño?-escucho a lo lejos, pero no puedo decir responder.-El calmante ha hecho efecto.-susurra, al parecer el efecto del calmante no es tan fuerte, porque puedo escucharlo.-Me he pasado, no sé qué sucedió, me enloquecí cuando intentaste escapar, solo tienes que aguantar un poco más, yo... Necesito que seas fuerte para que podamos ser felices al terminar mi venganza.-dice.-Te amo, pero el deseo de vengarme es más fuerte que el amor que siento por ti.-dice para seguidamente sentir un beso en mis labios.    De seguro estoy alucinando, él no me diría que me ama porque no lo hace.    Que ingenua fui al pensar que al fin descansaría, pero al parecer todavía tengo que seguir luchando en este mundo cruel. *** -Me temo que no le traigo buenas noticias.-dice el doctor.-Debo decirle a su esposo.-me dice e inmediatamente niego, pero no sirve de nada ya que en ese momento entra mi esposo. -¿Ya tiene los resultados?-pregunta mientras me da una repasada y en consecuencia, bajo mi mirada a mis manos tratando de evitar cualquier contacto visual con él. -Sí, está por debajo de su peso, y tiene principios de anemia, así que si la Señora no se cuida como es debido más adelante esto puede ser perjudicial.-explica.-Ahora te colocare el yeso en tu mano y con respecto a las costillas lo único que podemos hacer es ponerte hielo para desinflamar y vendas.-dice al tiempo que se acerca para comenzar a vendar mi muñeca, duele mucho, pero me aguanto.-Al menos 6 semanas tardarán en sanar.-informa refiriéndose a las costillas. -Gracias.-digo cuando termina de curar mis heridas. Con el corte de mi cabeza no se pudo hacer mucho, ya que para poder hacer puntos tenía que ir en el momento, así que irá cerrando por sí solo, lo único que hizo fue desinfectarlo y ponerme una venda. -Es un placer, Señora.-dice.-Le recomiendo que se haga un chequeo, hay algo que no me gusta, pero puede ser una alteración.-concluye para seguidamente salir de la habitación dejándome a solas con Marcos. -Enseguida traerán la cena.-avisa, pero lo ignoro mientras me acomodo para poder dormir tranquila.-Luciana.-dice entre dientes y sin saber porque comienzo a temblar mientras comienzo a recordar todo lo que me ha hecho. -No...No te acerques, por favor.-pido asustada de que me vuelva a lastimar. -No te haré daño, mi Diosa.-dice y parece sincero, pero no le creo, ya no. -¡Vete, déjame sola!-grito al tiempo que llevo mis manos a mi cabeza tratando de borrar esos malditos recuerdos, pero esto se repiten una y otra vez enloqueciéndome. -Luciana, me iré, pero no te alteres.-pide, pero no puedo controlar el horror que siento al tenerlo tan cerca. -Basta, basta, por favor.-grito sintiendo una fuerte punzada en mi cabeza, y segundos después vuelvo a perder el conocimiento. Marcos    -¿Luciana?-pregunto cuando veo como su cuerpo va perdiendo fuerza, pero ella no me responde y por el contrario sus manos que sostenían su cabeza caen de lleno en el colchón.    Me agachó de inmediato para quedar a su altura, para seguidamente llevar una de mis manos a su cuello controlando su pulso, y me asusto cuando lo siento muy débil, me encamino con pasos apresurados hacia el baño para buscar alcohol y algodón para hacerla volver en sí.     Al encontrar lo que estoy buscando regreso a la habitación, y me siento en la cama para acomodar su cabeza en mi regazo.    No puedo creer que la haya lastimado tanto, ese día me desquite con ella porque se cumplía 18 años de la muerte de mi madre, y si no es una excusa, pero no pude controlarme.     Mojo el algodón para después pasarlo por su pequeña nariz, veo como la arruga al tiempo que va despertando.    Sus ojos asustados me observan expectante supongo esperando lo peor, y verla así me duele... ¿Cómo puedo amarla y odiarla al mismo tiempo? -Déjame sola.-pide con cansancio mientras se aleja de mí, y puedo ver qué hace una mueca por el movimiento brusco que hizo para separarse de mí. -Lo haré, enseguida traerán la comida.-aviso sintiendo un nudo en mi garganta. -No comeré, hubiese sido mejor que me dejaras en el sótano hasta que Dios se apiadará de mí y al fin me llevará lejos de este sufrimiento.-dice sin ningún tipo de sentimiento.     Decido no responderle, sé que no está bien, y todo es por mi culpa, pensé que esto sería fácil, pero no contaba con enamorarme de la hija de mi enemigo, no contaba con sentirme la peor basura al verla así.    Salgo de nuestro dormitorio para dirigirme hacia mi despacho. Una vez llego, me sirvo un vaso de whisky para tomarlo de un solo trago, Luciana tiene razón, termine siendo la misma basura que su padre, pero no puedo evitarlo, necesito sentir el sufrimiento de alguien para sentir un poco de alivio, quiero dejar de sentir ese dolor que cada día me hace más cruel e insensible. -No quiero ver a nadie.-digo con voz dura cuando escucho los golpes en la puerta. -Sé que necesitas hablar con alguien.-dice mi mejor amigo y sin esperar una respuesta de mi parte entra para después cerrar la puerta y acercarse hacia donde me encuentro.- ¿Así resuelves tus problemas?-pregunta con reprobación, pero lo ignoro no estoy para sus reproches. -¿Qué quieres? ¿Acaso vienes a refregarme en la cara que tenías razón?-pregunto cabreado conmigo mismo. -No, aunque no estaría mal.-dice burlista y solo ruedo los ojos con exasperación.- ¿Qué tan mal están las cosas?-pregunta poniéndose serio. -Pésimas, yo... perdí el control, y lo peor es que no vi la gravedad de mis actos hasta que ella se desmayó en mis brazos.-confieso sintiendo una opresión en mi pecho. -¿Está bien?-pregunta atenta. -No, tiene dos costillas rotas y su muñeca izquierda, y... otros golpes.-digo avergonzado de mis acciones. -Oh, por Dios esto es peor de lo que pensaba.-dice incrédulo. -Lo es.-digo mientras me sirvo otro trago. -¿Y ahora dónde está?-pregunta con preocupación. -Dormida, o al menos eso quiero creer.-susurro.-Ella me tiene miedo, y a veces me encanta sentir que me tiene terror, pero otras me destroza.-confieso a mi amigo de años. -Estás enamorado, pero no quieres aceptarlo, luchas contra lo que sientes y lo que crees es lo correcto.-dice analizando la situación.-Solo diré que si no cambias ahora que estás a tiempo, cuando te des cuenta que estás haciendo mal las cosas, será muy tarde.-concluye dejándome mudo. -No, no puedo olvidarme de mi venganza.-digo después de unos minutos en completo silencio. -Es tu decisión, pero luego no te arrepientas.-advierte para seguidamente salir de mi despacho    Hola, espero que hayan disfrutado del capítulo y si es así déjenlo en los comentarios. ¿Quién odia a Marcos? Nos leemos pronto. Estefanía… Saludos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR