Capítulo 15: Drogada.

1944 Palabras
Luciana      Niego ante los pensamientos que tengo mientras me observo en el espejo, no entiendo porque de un momento a otro comencé a tener esos pensamientos tan extraños y ese miedo inexplicable a cualquier cosa.      Al menos ya no me duele la costilla y mi mano está casi sana, y todo se debe a qué durante este mes y medio Marcos no me ha lastimado, al contrario, ha estado atento, pero he decidido ignorarlo y no hacerme ilusiones ya que en cualquier momento puede retomar su venganza.     Salgo del baño, necesito estar en la cocina ante de que él llegué, si bien no me ha vuelto a lastimar sí que ha cumplido con lo que soy una más en esta casa.     Cuando estoy llegando al comedor un cuerpo se interpone en mi camino por lo que retrocedo, y miro asustada al hombre que se encuentra enfrente mío. -No te asustes, Luciana.-pide el amigo de mi esposo, lo sé porque estuvo en nuestra boca. -Mi esposo no se encuentra, puede esperarlo en su despacho.-digo apresuradamente con miedo a equivocarme y que Marcos se enoje. -Sé que Marcos no está, solo quería saber cómo te encontrabas.-me dice haciendo que lo observe con incredulidad, y es que ¿Por qué se preocuparía por la esposa de su amigo? ¿Qué me asegura que no fue mandado por él? -Yo... ¿Por qué estaría mal?-pregunto con recelo. -No quiero incomodarte...-comienza a decir, pero es interrumpido por un descontrolado Marcos, que apenas llega hasta donde nos encontramos me agarra con fuerza de mi antebrazo, sin acordarse que apenas me estoy recuperando.-Marcos.-susurra mientras observa la acción de su amigo. -¿Qué haces aquí?-pregunta con rabia presionando el agarre y provocándome dolor, eso no es todo, es más que seguro que me ha dejado su mano marcada. -Quería hablar contigo, pero me detuve a saludar a tu esposa cuando la vi.-miente ¿Por qué lo ha hecho? -Pues que yo sepa no tenemos nada de qué hablar...espera un momento tú te acercaste para pedirle ayuda.-dice lo último dirigiendo su atemorizante mirada hacia mi e inmediatamente mi cuerpo se pone rígido. -No, no...Solo iba...al comedor.-digo sintiendo el verdadero terror. -¿Por qué debería creerte?-pregunta con odio volviendo a ser el frío Marcos que no me gusta nada.-Me las pagarás.-declara en un susurro para seguidamente soltarme y si no fuera por su amigo estaría en el suelo. -¡No la trates así!-le grita su amigo al tiempo que me pregunta con la mirada si estoy bien, siento levemente tratando de evitar cualquier enfrentamiento. -¡Tú no te metas, y por el bien de todos suelta inmediatamente a mi mujer!-contrataca mientras nos fulmina con la mirada. - Yo...ya me iba.-digo separándome de ¿Guillermo? Si, así se llama.     Sin mirar atrás camino con rapidez hacia la cocina en dónde me encuentro con las miradas de desprecio de las empleadas, trago grueso y decido ignorarlas. Ya se me ha ido el apetito, pero debo comer algo o de lo contrario volveré a enfermar. -A Marcos le encantan las mujeres fuertes, no las que se hacen las mosquitas muertas.-dice con cizaña y en consecuencia, aprieto el cuchillo lastimándome un poco mi palma. -¡Salgan!-me encojo en mi lugar cuando escucho el grito y los pasos de mi marido. Las mujeres salen disparadas al ver las furia de la bestia que tengo como esposo.- ¿Te gusta hacerme perder la paciencia, verdad?-pregunta a mi lado por lo que me sobresalto, no me di cuenta que se había acercado tanto.- ¿Tenías hambre, amor?-pregunta con burla al tiempo que de un solo movimiento lanza mi plato al suelo. -Marcos... ¿Por qué lo has hecho?-pregunto con miedo tratando de distraerlo. -No intentes jugar conmigo, viste en mi amigo un escape, pero déjame sacarte de tu error.-dice para seguidamente intentar agarrarme de mis cabellos, pero lo esquivo y comienzo a correr por alguna parte de la casa.-No irás lejos, cariño. Nadie te sacará de este infierno, y el que lo intente terminará igual que tú.-amenaza mientras siento que me sigue.  Cuando intentó escapar de Marcos choco con la pared, este se acerca hasta donde estoy tomándome bruscamente de mi rostro, me mira con tanto odio, que no entiendo cómo no lo vi antes. - Piensas que te puedes escapar de mí Diosa.- dice para seguidamente estampar su boca con la mía en un beso brusco, intento soltarme cuando siento un ¿pinchazo?, pero esto solo ocasiona que apriete más su agarre lastimándome en el proceso. Muerde mi labio inferior provocándome un grito que aprovecha para meter su lengua en mi cavidad bucal. Podré estar enamorada de él pero eso no quita que lo odie por lo que me hace y tampoco le dejaré las cosas fáciles.  Dejó de luchar después de unos minutos, sé que solo empeorará la situación. Cuando se cansa me deja libre, se acomoda su ropa para después agarrar mi brazo y llevarme a empujones hasta nuestra habitación. - Por favor Marcos, no lo hagas.- digo ya que se lo que viene y es que siempre termina mostrándome a quien pertenezco y que estoy condenada a esta miserable vida. - Mejor no hables Luciana te dije que eras mi mujer y debes cumplir con tus obligaciones.- dice con voz furiosa. Cuando llegamos al dormitorio el me sigue sosteniendo mientras pone la traba a la puerta para que nadie nos moleste y seguidamente me lanza a la cama sin ningún tipo de cuidado, para después subirse arriba de mí y comenzar a chupar mi cuello mientras sus manos bajan hasta mis pechos en dónde rompe mi vestido de un solo movimiento para después tirarlo a alguna parte de la habitación, me remuevo intentando librarme de su agarre pero este ejerce demasiada fuerza, sus piernas se encuentran presionando las mías por lo que no puedo moverme. Se quita su remera, para luego tomar mis dos manos y ponerlas arriba de mi cabeza y así quitarse su pantalón y su bóxer quedando completamente desnudo, cuando lo veo distraído le doy un rodillazo en sus partes para huir, y en consecuencia cae a un costado lo que aprovecho para correr, pero no contaba con que mi cuerpo no reaccionaria. El maldito infeliz me drogo no sé en qué momento, pero lo hizo. De todas formas intento levantarme, pero cuando lo logro siento un golpe en mi rostro, me ha golpeado. Por el impacto terminó en el piso nuevamente, ahora mismo me encuentro aturdida por el golpe, además de sentir como corre la sangre por mi labio.    Después de unos segundos siento como soy levantada para ser lanzada nuevamente a la cama. Sigo aturdida por lo que solo puedo sentir como toca mi cuerpo. - Eres mía, Diosa.- dice con posesión mientras siento que quita mi ropa interior que era lo único que me cubría.- Te dije que pagarías lo que me han hecho y lo harás.- dice, pienso decirle que se vaya a la mierda pero en ese momento siento como entra en mi de una sola estocada provocándome un grito de dolor. - Me lastimas Marcos, para por favor.- pido pero eso no le importa ya que continúa entrando y saliendo de mí bruscamente. Solo puedo llorar, porque estoy drogaba y no puedo defenderme.- Por favor.- suplico con la voz entrecortada por el llanto. Pero mis súplicas no lo hacen parar, nunca lo hará el solo quiere venganza. - Todo hubiese sido mejor si ponías de tu parte.- dice como si fuera fácil.- Soy tu marido y debes obedecer mis órdenes o sino atente a las consecuencias.- dice para dar una última estocada y salir de mí. Solo me acurruco en la esquina de la cama para llorar en silencio. Luego, de unos minutos veo como se levanta para dirigirse al baño. Mi vida es tan miserable.  De seguro mis costillas que estaban sanando han empeorado, pero esto no debe sorprenderme sabía que el volvería a hacer conmigo lo que quisiera, al fin y al cabo soy su mujer como tanto se ha cansado de decirme.    Tapo con las sábanas de seda mi adolorido cuerpo, mi mente reproduce una y otra vez todo lo vivido logrando que mi llanto sea cada vez más intenso. -Deja el berrinche, y esto es solo una muestra de lo que te puedo hacer si vuelves a hablar con un hombre que no sea tu esposo.-dice su detestable voz cuando sale del baño.-Eres hermosa, amor.-escucho que dice para seguidamente sentirlo a mi lado, intento alejarme, pero solo son movimientos inútiles, no puedo coordinar mis movimientos por los efectos de lo que supongo es droga.-Mira lo que me haces hacer, tuve que drogarte para hacerte mía.-explica como si nada al tiempo que siento una de sus manos acariciar mis piernas desnudas, e intento que mi cuerpo reaccione, pero este no parece querer hacerlo.-No sabes cómo odio amarte.-dice con voz dura para después levantarse de la cama cosa que me tranquiliza un poco.-El efecto de la droga dudará unas horas, descansa mi amor.-dice al tiempo que comienzo a perder el hilo de la conversación. ***     Me siento en la cama observando desorientada mi alrededor, todo se encuentra en completo silencio, al parecer he dormido todo el día porque por la ventana puedo ver la noche.    Me levanto despacio tratando de no caer sin soltar las sábanas que cubren mi maltratado cuerpo, camino con pasos lentos hacia el baño.    Mi vida en esta casa se resume en soportar los insultos y abusos a quien le entregué mi vida, y por si eso fuera poco debo soportar a sus empleados que me ven como el juguete de su jefe, uno que desechará cuando se cansé, y lamentablemente no están muy lejos de la realidad.     Sé que esto terminará muy mal, y creo que lo mejor y más rápido sería que me matará en una de las palizas que me da, pero como no tengo tanta suerte sé que es más probable que tenga muchos años de vida para seguir sufriendo.     Mientras me encuentro en la tina un pensamiento cruza por mi mente que me asusta al saber que tan desesperada estoy como para que pensar tal barbaridad, no lo haría, no hasta que al menos haya luchado.    Cuando estoy lista para enfrentar lo que sea que me espera salgo de la ducha con una toalla cubriendo mi cuerpo, inspecciono con la mirada si hay algún rastro de él, pero nada así que esa es mi señal para buscar rápidamente mi ropa y vestirme.    Una vez, estoy preparada me acerco al tocador para peinar mi cabello, gracias al cielo mi mano no ha empeorado, o al menos no aún. La mujer que veo en el espejo no es ni la sombra de lo que era hace meses atrás, estoy más delgada y mis ojeras me hacen lucir enferma.    Cuando termino de peinarme me doy la vuelta para regresar a la cama, quiero desconectarme de este mundo, pero antes de llegar a esta la puerta de la habitación se abre dejándome ver a Marcos, e inevitablemente mi cuerpo tiembla ante su atenta mirada. -Al parecer ya ha pasado el efecto.-susurra para sí mismo, pero logro escucharlo.-Que bueno que ya estás cambiada, en cinco minutos te quiero en la sala y más vale que no me hagas venir a buscarte.-amenaza para salir del dormitorio ¿Y ahora que querrá?     Sin otra opción, tomo una respiración profunda para seguidamente salir del dormitorio y comenzar mí como hacia la sala. Buenas, espero que estén muy bien y que hayan disfrutado del capítulo y si es así déjenlo en los comentarios. Nos leemos pronto. Estefanía... Saludos ❤️           
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR