Empleados consentidos

1610 Palabras

A la tarde del segundo día, Sebastián, con una excusa, se acercó a la oficina de su madre. Rosita sonrió, había tardado más de lo esperado. Para ingresar a su oficina, debía pasar por la oficina de Loana. Sebastián se entretuvo hablando con Loana, a quién había saludado con un beso en la mejilla, pero cerca de la comisura de los labios, luego le comunicó que necesitaba hablar con su madre. -Te anuncio. -No hace falta. -Pero Rosita dijo que hasta a vos, te tenía que anunciar. -¿Eso dijo? -Sí. -Ya me va a escuchar. Sin mirar a Loana, entró a la oficina de su madre, con una actitud bastante infantil. -¿Cómo es eso de que ella me tiene que anunciar a mí? -Cálmate, parecés un chico haciendo un berrinche, si le digo que te anuncié, lo tiene que hacer, depende de mí, no de vos. -Pero

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR