El sol resplandecía en su espacio colosalmente. La brisa golpeaba recíprocamente las olas de la costa playera, los pájaros volaban sin rumbo alguno, algunos se detenían, otros seguían. Las personas paseaban junto a sus canes, sus parejas, sus hijos y amigos e inclusive solas. Estaba abatido, el viaje fue más largo que de costumbre; tenía tiempo, sin haber manejado de esta manera, ya que, lo hice como si fuese de forma desesperada, como si estuviera huyendo de algo tormentoso, y sin duda alguna si lo hacía. Condicionalmente cuando quería venir me venía en bus o mi papá venia por mí. No me gustaba de cualquier forma viajar y mucho menos siendo el que manejara, me agoto exorbitante. Solo quedaban algunas cuadras para llegar a la casa de mis padres.
-Espero que estén allí -cuchicheo para mí mismo.
Diviso por el rabillo de mis ojos, a algunos chicos que caminan con sus abdómenes desenmascaradamente, mis mejillas adquieren un tono leve (exageradamente) rojizo, siempre me ha llamado la atención los hombres. Más los musculosos, sin exagerar. No interesa si es blanco, moreno o incluso rojo. Siempre y cuando sea hombre estamos bien. No me caracterizo como un chico afeminado, al contrario me gusta vestirme como hombre, ser hombre, pero de igual forma me gustan los hombres.
Observo un letrero verde con letras en blanco que dice: Miami. Con una flecha en dirección al norte. Suspiro de alivio; ya mis dedos están cansados, al igual que mi cuerpo, creo que apenas llegue a la casa de mis padres caeré dormido en mi antiguo dormitorio. Dejándome llevar por Morfeo hasta que la neblina que me cubra y desaparezca por completo. Observo el valle que conduzco a la última parte del camino, observo a lo lejos el condominio de casas, no son muy grandes ni tampoco pequeñas, son corrientes, de dos plantas, son muy agradables. La de mis padres queda a tres casas luego de la entrada, me gusta este condominio porque hay mucha vegetación, no como las anteriores que había pasado, precedentemente, en estas te puedes relajar más, te sientes mejor contigo mismo. Las plantas y flores junto a los arboles de distintos tamaños y formas, les da esa clase de comodidad espontanea. En mi rostro aparece una sonrisa al notar a mi madre fuera de la casa, en el jardín, regando algunos rosales, que cuida con su vida, mi padre lava su coche.
Como amo esos viejos.
Daría mi vida infinitudes de veces por ellos.
Son mi mundo.
Aparco mi auto al frente de aquel lugar, que fue testigo de mis travesuras, mis aventuras de niño, de mis cumpleaños, de mis lágrimas, de mis sonrisas, de mi juventud. Respiro antes de salir, apago por completo el auto, abro la puerta, cerrándola al salir por ella. Me confundo al no ver que mis padres se hallan dado cuenta que estoy aquí, o alguna persona. Caigo en cuenta de que están escuchando música de la radio. Love me now de John Legend. Una de mis canciones preferidas, donde hay días que me llenan de tranquilidad. Antes de comenzar a caminar hacia mis padres le envió un mensaje a mi amiga Hilda; quien la aguanta con su riñera por no anunciarle que llegue donde mis padres a salvo.
-Señorita tenacidad ya llegue, quédate tranquila.
De inmediato me llega un mensaje de mi amiga, con la respuesta del que le había enviado, este me hace sonreír.
-Gracia al Dios de los pompis, saluda a tus padre de mi parte, y no tengas mucho sexo.
-¿Tengo cara de desesperación?; nos vemos, hermosa Hilda.
-Luego te llamare.
Guardo mi teléfono al recibir el último mensaje, ¿ella piensa que solo vengo a disfrutar el sexo? Bueno si, pero eso sucederá cuando consiga a una persona que de verdad me llame la atención. Camino con mi mochila de gatitos en mi hombro hacia el jardín de mi madre, abro la rejita de madera, que hizo mi padre, para que los perros no hicieran sus suciedades en el jardín, estúpido jardín, todo él. De forma inmediata ellos voltean al escuchar cuando cierro la rejita, ambos me observan sorprendidos, mi madre se lleva una mano a su boca, dejando salir algunas lágrimas, mi padre está igual manera, ellos caminan donde estoy y me abrazan.
-Dios, hijo, no sabíamos que venias -arrulla mi madre, rasgando nuestra burbuja de prosperidad.
-Pretendía darles la sorpresa -bisbiseo.
Mi padre me observa con sumo fervor, no puedo detener los sollozos que salen de mis labios, como los extrañaba, no es lo mismo estar sin ellos, sin estar a sus lados.
-Los adoro tanto -Expreso. Mis palabras salen casi segada.
Se escucha un ladrido dentro de la casa. Mis ojos brillan al escuchar dicho ladrido. Retiro mi cabeza del hombro de mi madre para observar al perro que corre en mi dirección moviendo la cola de un lado a otro.
-¡Droog! -chillo, me agacho y el perro me empieza a lamer el rostro- ¡Oye! -Sonrió-, tranquilo -el perro es un Sambernando de color marrón con blanco. No es tan grande, solo tiene un año. Lo quería llevar conmigo pero no estaba permitido, entonces opte por dejarlo con mis padres, y pues parece que el hermoso perrito no me ha olvidado.
-Te ha extrañado mucho -las palabras de mi padre se hace tintinear. El perro me observa agitando su cola. Debajo de su pancita esta una pelota de color verde, que es de tenis.
La aferro y la tiro lejos, el perro sale corriendo de inmediato en busca de su presa.
-Si, a veces duerme en tu cama, te busca por la casa. -glosa mi madre afligida, a ella le duele saber que su pequeño hijo no está en la casa.
Ley de la vida.
-Lo vislumbro -farfullo.
Camino hasta la puerta de entrada, pasando por un camino de flores a mí alrededor, hay algunas mariposas y aves volando, el árbol de naranjas está cargado al tope de la amena fruta. Mi expresión se transmite. Mis padres me siguen. Mi madre es alta, de piel blanquecina, tiene una linda cintura, es muy hermosa, su cabello es de color chocolate, sus ojos son de color avellana, mi padre es de piel bronceada, tiene grandes músculos, su cabello es de color castaño como el mío, tiene los ojos azules eléctricos. Ellos son el uno para el otro. Me encanta como se transmiten el amor que obtienen. Mi hermana Allison es casi la viva copia de mi padre, omitiendo su cabello, yo salí como mi madre, lo único que llevo de mi padre es su cabello; me enorgullezco de ser hijo de ellos. Al entrar a la casa, me llena un aire de familiaridad, me relajo el exuberantemente, aquí siento mi presencia muy honrada; cierro mis ojos por diez segundos, abriéndolos al sentir una mano en mi hombro, mi madre me observa preocupada, ladeo de un lado a otro mi cabeza despejando mis pensamientos. No quiero abrumarme aquí, no ahora.
-Tu padre está llevando tus cosas a tu habitación -su voz suena audible y emocionada.
Yo la abrazo fuertemente.
-Mami -las lágrimas no tardan en llegar, siento su cuerpo tensarse. No quiero que se preocupe-. Te he extraño tanto.
-Mi bebé -ella me devuelve el abrazo. El aroma a fresas y a frambuesa se cola por mi nariz dejándome sosiego. Extrañaba esta caricia por mi madre, por la mujer que se dedica día a día a ser una guerrera demostrándonos a mi hermana y a mí que nosotros también podemos cumplir nuestros sueños.
-¿Y yo? -pregunta mi padre, me seco mis lágrimas, él se acerca y nos abraza por la cintura a ambos. Acuesto mi cabeza en su pecho.
-Son mi vida -murmuro. El abrazo se hace más fuerte.
Luego de ese momento junto a mis padres, almorzamos en un restaurante, mi padre me comenta sobre el trabajo, me expresa le va muy bien y que le gusta servirle al matrimonio en el que trabaja. Mi madre me cuenta sobre su nuevo trabajo en la mansión de la familia Speller. Como administradora adquisitiva de la familia. Por mi parte le comento sobre mi universidad. Sobre Manuel, y sobre Hilda, quien minutos atrás me llamo, diciéndome que convenció a sus padres de pasar las vacaciones conmigo en la casa de mis padres. Sé de alguna forma que Hilda se está preocupando demasiado, cree que caeré otra vez por pensar en Richard. Cosa que me parece tierna e incómoda. Hay preguntas que hacen mis padres que me sonrojan, de igual manera me hacen sentir incómodo.
-¿Y Richard? -cuestiona mi mamá.
Y ahí viene la pregunta que estaba esperando por parte de ellos.
Abro los ojos, enfocándome en mi madre. Mi padre gruñe, se me olvido decirles que mi padre es muy protector con nosotros. Y aun no acepta que personas desconocidas entren de forma intima a nuestras vidas, así les haya caído muy bien.
Por eso no te preocupes papá. Pienso melancólico.
-Bueno... -trago del vino que sostengo de la copa en mi mano derecha y persigo hablando-...el... murió -musito intentando no derrumbarme, no otra vez.
Mi padre frunce el ceño, mi madre me observa sorprendida, ¿qué esperaban que les dijera? Bueno ahí está la respuesta.
-Oh cariño -mi madre me mira inquisitivamente, esperando que continúe, pero me cuesta hacerlo, por lo que vuelve abrir su boca para hablar-, ¿qué sucedió? -retorna a cuestionar mi madre inquieta, al ver el cambio en mi rostro.
-Bueno -tomo una bocana de aire y continúo respondiendo afligido con la voz temblorosa-, hace varios meses tenía que ir de emergencia aun país por su trabajo, pero hace un mes me llego una carta diciendo que había fallecido en esa guerra -rompo en llanto sin poder contenerme. Mi madre se levanta de la silla y me abraza.
Aún, me es imposible no dejar de pensar en él, en el día cuando estaba haciendo cualquier cosa no pensaba lo suficiente en él; solo lo hacía cuando estaba en mi desolada cama, y llegaban en tiroteo los pensamientos y recuerdos vivos que pudimos vivir en aquel tiempo.
-¡Oh, mi bebé! tranquilo, estamos contigo. Te quiero mucho hijo -me abraza y besa mi cabello. Mi padre tiene la mirada perdida- Tranquilo hijo, solo Dios sabe porque hace las cosas -. Asiento conforme a sus palabras. Mejores cosas vendrán.
Y ahí está de nuevo esa frase. Una de las frases que más daño me ha hecho ¿así se convertirá mi vida? ¿En un bumerán de emociones?
Luego de unos minutos terminamos de cenar. Y nuevamente estoy perdido en mis pensamientos.
[...]
-Amor, vamos al parque de diversiones -le digo a Richard.
Me observa por el rabillo del ojo. Yo estaba cocinando espagueti en su departamento, llevo una de sus camisas de vestir que me queda en los muslos. Él está únicamente en bóxer, uno n***o haciendo resaltar su enorme paquete.
-Bebé luego de comer vamos ¿sí? -asiento, continuo retomando la acción de mover la pasta con el tenedor para que no se peguen a la cacerola. Siento su presencia detrás. Me da ligeros besos en mi nuca, siento su bulto en mi trasero, sus manos en mi cintura -. Le agradezco a Dios por colocarte en mi camino. Eres y serás el hombre más feliz conmigo bebé... sabes ¿porque? -niego y él sonríe-. Porque te amo, y el amor puede más que cualquier otra cosa.
[...]
-Hijo -mi madre me observa atentamente.
Sacudo ligeramente mi cabeza para no adentrarme más en mis resignados pensamientos. Tengo una ligera molestia en mi nuca, como si haber pensado anteriormente de la escena de la cocina con Richard hubiese alterado mi cuerpo de aquella manera. De ahí, es cuando puedo profesar que el sigue vivo en mí.
-¿Si? -Pregunto mirándola, sin notar la presencia que estaba con nosotros.
-Te presento a mi jefe, Raymond Speller -volteo mi cabeza abriendo mis ojos de la sorpresa.
Con lo primero que me encuentro es con unos ojos negros como dos pozos sin profundidad pertenecientes a un hombre de cabello n***o peinado a la perfección del lado derecho, su piel es tostada, tiene un traje azul marino, una camisa de color blanco. Corbata azul claro. Sin duda alguna es un hombre divino. Tiene su vista puesta totalmente en mí con sumo interés, ¿le parezco interesante?; Sus músculos se aprietan a su camisa. Resaltándolos. A su lado lleva una mujer de la cintura, que sin duda alguna es hermosa, tiene los ojos de color avellana, cabello castaño, porta un cuerpo muy curvilíneo, creo que el mío le gana, sonrió orgulloso.
-Un gusto señor, soy Paul.
Le estrecho la mano, él toma y se inclina dándome un casto beso en ella.
Su expresión de presentación me hace ruborizar de una forma poco afable.
-Él gusto es mío señorito, soy Raymond. -sus palabras salen como dagas clavándose en mi cuerpo, que reacciona de una forma poco tolerable.
Este hombre, tiene una mirada un poco inquisitiva, como si quisiera jugar, un juego del que estuve acostumbrado con hombres de su clase.
Sonrió para mis adentro. Esto será divertido.