Capítulo 3

1626 Palabras
Miraba al hombre que tengo al frente, para ser muy cierto, es demasiado airoso, no lo niego. Tiene esa sonrisa atractiva, que seguro hace que cualquier mujer se moje las bragas. Sus brazos son bien tonificados que se marcan en su americana. Tengo mis mejillas totalmente ruborizadas, creo que me veo totalmente patético. ¿Por qué mis mejillas la mayor parte de mi tiempo están ruborizadas? -Señor Speller, mi hijo Paul. Se quedara en las vacaciones de verano aquí. Y me preguntaba... ¿si no había problema, en que me acompañe en el trabajo? -mi madre, observaba fijamente al sujeto de cabello color castaño oscuro. -Desde luego que no, Martina. Es todo un gusto de tener a su hijo. Ya que él estudia en otro lugar del estado ¿cierto? -Mi madre asiente. Yo la miro sorprendido, no creí que mi madre pidiera esa hospitalidad al señor guapo-vaqueros-censurados. -Bueno, nos despedimos tenemos la cena de aniversario -habla esta vez la que esposa del señor Speller-. Un gusto haberte conocido, señorito. Se dirige hasta a mí, me da un beso en la mejilla y hace la misma acción con mis padres, aun sentía la ardiente mirada del hombre, que por primera vez en meses me hace ruborizar nuevamente de aquella manera. No entiendo porque sentí "esa" opresión en el pecho al escuchar "Cena de aniversario". Mierda, parezco novia celosa, y peor aún que apenas conozco a esta pareja. Aunque estoy emprendiendo en odiar teniendo que estar cerca de ellos. ¡Rayos! -Que tengan una encantadora noche. Se dirige esta vez el señor Speller, que disimuladamente me sonríe de forma seductora ¿o era mí imaginación? Creo que comer Cupcakes de arándanos me está empezando a caer mal. En fin, miro como ellos se retiraban, no entendía porque no podía quitar mi mirada de su espalda, es como si los celos estuvieran apoderándose de mi cuerpo, aunque no debería estarlo. La velada, fue fantástica, la comida demasiado exquisita, tenía mucho tiempo sin haber probado un bocado de este tipo de comida. Mi madre me hacía reír con constancia sobre las cosas que le habían pasado a mi padre en su trabajo de jardinería. Ya que mi padre, nunca le había gustado ese tipo de cosas, recuerdo que una vez, hace tres meses atrás, Hilda, me había hecho ir a un jardín botánico en North Central Florida, donde en la excursión teníamos que plantar unos claveles, pero creo que herede una de las cualidades de mi padre, el odio a las actividades de agriculturas. Es casi extraño, ya que mi madre la adora. -¿Cuándo creciste? -la pregunta de mi madre me hace mirarla entre triste y enternecido. A ella aún se le dificulta pensar y observar que su único hijo varón está creciendo-. Recuerdo cuando corrías en pañales por toda la calle, algunos vecinos te observaban con burla. Me ruborizo exuberantemente. Mierda, creo que esta vez le gano a un tomate o a una manzana por su tono de color. Mi padre estaba en silencio, observándonos a ambos con orgullo, una de las tantas cosas que agradezco a Dios, es que me aceptaron por ser homosexual, sé que no es fácil para ellos aceptarme así de fácil. Pero según sus palabras: "Te amamos y tu felicidad, orgullo y sonrisas son las que nos importa para toda la eternidad". "Si no te aceptamos es porque jamás te amábamos y creo que te amamos demasiado, y podremos con ello". Muchas veces me hacían llorar de la emoción, como en mi cumpleaños anterior, al regalarme mi auto, una de las cosas más valiosas que tengo. Luego de haberlo cambiado por uno más nuevo. El céfiro de la noche colisiona contra mi cuerpo, forjándome estremecer por completo, la oscuridad baña las calles de Florida. Sentía libertad en mi ciudad, en el lugar donde crecí, no es lo mismo, estar o pensar en un nuevo lugar donde debes adaptarte, sin saber cómo llegar allí, como se encuentra; el mundo está lleno de obstáculos por evadir, pero algunos obstáculos son tan pesados, que da miedo enfrentarlos. Consideraba la presencia de mis padres, las luces de algunos faros era lo único que me dejaba ver alrededor del camino. Sentado en la parte trasera de la camioneta de mi padre, me dejaba pensar por momentos, pero en otros me desviaba a recordar a Richard, y no quería eso. Tenía miedo de que no fuera capaz de enfrentarlo. Suspiraba dos veces por tres segundos, sentía la misma opresión en mi pecho, no sabía el cual era la respuesta de aquello. No me había dado cuenta en que momento me había quedado dormido, pero fue así de fácil, como la muerte, te duermes sin darte cuenta. ~***~ -Hijo... -abro mis ojos poco a poco, adaptándome a la luz que mi ventana abierta me dejaba observar. Bostezo indolentemente, mi madre se carcajea por ello, sacándome un mohín de emoción. Extrañaba esta parte de mi vida. Ser despertado por mi madre-... oye, levántate que me tienes que acompañar al trabajo. Impulsivamente me levanto de la cama, mi madre se ríe llegando a la puerta de mi habitación. Ella lleva una falda floreada hasta las rodillas, una musculosa sin mangas, dejando ver por ellos los brazos pálidos de mi madre. -Buenos días, mami -ella se invierte al escuchar como la llame, me sonríe ampliamente, sé que ama que la llame como si fuese un niño pequeño. Ya que, para ella sigo siendo su niño pequeño. Creo que es con toda madre. -Buenos días hijo. Levante, que tu padre pronto devorara tu desayuno si no bajas. -Te escuche cielo. -se escucha el alardeo de mi padre por el pasillo. Nosotros soltamos una risotada. Dejándonos sin aire, brotando algunas lágrimas de nuestros rostros (que exagerados somos). Estos son los momentos que amo. Y que anhelo que permanezcan en mi mente. Por siempre. Porque a pesar de todo, hay recuerdos que permanecen nuestra mente para no irse nunca. -Ya bajo, mamá. Me ducho, me cepillo y desayuno contigo y con el señor, que se comerá mi desayuno -ironizo. Ella asiente y desaparece por la puerta. Entro al baño despojándome de mi pijama en el camino. El baño es de tres dimensiones cuadradas, no es muy ostentoso, debe ser de algunos pocos metros. Tiene un color blanco, con azul rey. Tiene algunos barcos como papel tapiz en la pared, diagonal a toda la pared. Entro a la ducha, abriendo con mi mano derecha la llave que deja salir el agua. Esta de inmediato abate en mi cuerpo. El agua artificial, baja la tensión de mi cuerpo, agarro con mi mano contraria el jabón de baño, pasándola por mi cuerpo, de arriba abajo. En sentidos contrarios. Con mi otra mano, busco el recipiente del champú. Lo destapo dejando salir el delicioso aroma de flores, pero con la molécula trivial, ya que me gusta oler como el cabello de un niño. Luego de haberme duchado, cepillado mis dientes, hecho mis necesidades fisiológicas. Bajo de mí habitación totalmente vestido. Llevo unos vaqueros de color caqui, una ramera de color n***o, un chaleco de jean azul. Mis zapatos son de color negros, unas Converse para ser más exactos. Llevo conmigo mi cámara profesional Nikon. Una de las cualidades de mi vida, es que amo la fotografía, ser fotografiado y fotografiar todo lo que me parezca interesante. Y creo que llevarla a la mansión Speller y fotografiar, será interesante. -Ya estoy listo... -ingreso a la cocina, dándole en el camino un beso en la cabeza a mi padre. En la radio que tiene la cocina suena la canción de Ariana Grande Into You. Demasiado movible y excesivamente perfecta. -Guau, pareces un muñeco de revista, bebé -me alaga mi madre, por mi parte hago una reverencia ante su alago que me costó el sonrojo de mis mejillas. -¡Mamá! -le exclamo ultrajado- ¡cierto!... -prorrumpo-. Antes de que se me olvide. -ella comienza a servirme el desayuno, que consiste en tostadas a la francesa, zumo de naranja, una pieza de queso asado, huevos revueltos y café con leche, mi padre intenta tomarlo, pero le da un golpecito en sus manos, el protesta defendiendo su anarquía en la casa, sin embargo, mi madre no le presta atención, si no, que está esperando a que termine de hablar- Hilda viene esta próxima semana a quedarse y para pasar la vacaciones de verano. Dice que quiere cambiar de ambiente -con mi mano derecha empiezo a aferrar una tostada dándole una mordida. -Mierda. -Ese vocabulario Monstarwer -me riñe mi madre, mi padre por su parte observa todo con gracia. -Lo siento, madre -niega con la cabeza riendo. Termino de comer, todo lo que mi madre me sirvió en el plato, mi padre come tranquilamente mientras lee el periódico, tiene tres sobre la mesa, esta es un poco grande, tiene diez puestos, por lo que tiene espacio suficiente para reposar sus periódicos, su trabajo le permite llegar un poco más tarde que los demás empleados de la empresa, ya que es el gerente de la extensión de Miami. Mi padre lee tres periódicos, el regional, el nacional y el internacional, siempre le ha gustado estar al tanto de lo que sucede en el mundo, en el país y en el estado. -¡Los chinos están tramando algo nuevo! -profesaba mi padre viendo atentamente el periódico nacional. Mi madre me mira con una ligera sonrisa -¿Por qué? -le pregunto un poco curioso, tampoco es que me interese lo que hagan. Desde luego, conversar algo con mi padre es algo interesante porque parece una vieja chismosa agregándole cosas a lo que lee. -Quieren conquistar Norte América, "se creen la gran cosa" ¡ha! -niega sin mirarme, yo solo me rio negando divertido al ver las acciones que mi padre hace. Supongo que estar de esta forma es muy hermosa. Y solo que estar en esta situación a tan solo tres años atrás me fastidiaba porque me parece aburrido mi rutina, y no me había dado cuenta de que esta era más valiosa de lo que pensaba. Disfruta que después lloraras.   
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