Capítulo 4

1751 Palabras
Mi madre manejaba cuidadosamente (su lado paranoico de que podríamos tener un accidente es muy alto). En la radio del coche se reproducía la canción de Taylor Swift Blank Space. Tatareaba junto a mi madre la canción, sonriendo como si el tiempo que llevamos aquí, no nos importara. Frente a mis ojos se colaba la mansión de la familia Speller, un escalofrió me aventajo en el cuerpo. Adquiría un augurio; sin embargo, no podía captar si era caritativo o protervo, tal vez un poco de ambos. Se abrió paso al atractivo jardín que mi madre con jactancia y mucho efecto plantaba, dándole a la mansión un toque de distinción y de beldad. Sin fluctuación cualquiera, era un excelente trabajo, haciendo que el jardín se viera esplendido. Mi madre es una heroína, una heroína que amo, y premio de lo que me ha consagrado. Ambos salimos del auto, cuando aparca el coche en la parte frontal del jardín. Un aire prometedor se cola por mi nariz. -¿Qué te parece? -consulta mi madre vanidosa de su trabajo en el jardín. Giro mi cabeza a mirarla. Tiene sus ojos fulgurando de éxtasis, en cada paso que damos hasta llegar a un arreglo de petunias muy hermosas. Las que más sobresalen, en el jardín botánico de la mansión. La vivienda tiene una organización muy pretendida, se lograba ver que fue muy bien trazada, bien perfilada; por el frente hay dos ventanales de cinco metros, con el borde plateado, dentro de ella se notaba que hay una cortina de color beis. El color de la gran organización es de matiz inmaculado, con el tejado de color fuliginoso tizón, dejando que tome el toque novador. Los senderos eran más vivos que cualquier otro en la residencias de este lugar, el verde descollaba en todo el anverso; y un guardia de seguridad en el portón gigante n***o. Las letras de la entrada era Sepeller's, con un diseño muy concreto. -Es muy hermoso -le confieso a mi madre, sobre la interpelación que precedentemente me había hecho. Una de las criadas, traía consigo un perro de r**a, labrador, se veía cachorro -El perrito se llama José Peluche -se le escapa una risa; yo también la acompaño. ¿Quién rayos le coloca ese tipo de nombre a un perro? -Que seudónimo más... mmm ¿impar? -mi madre me da un codazo en el pecho, haciéndome reír más fuerte. Algunas personas que trabajan para esta familia, me observan confundido. De inmediato me ruborizo al tener todas las miradas en mí. Mierda. Y yo que apenas llego. Pienso. Mi madre empieza a avanzar hasta la gran puerta transcendental, la observo hasta llegar a su lado. La empuja suavemente, abriéndose ante el tacto de las manos. Si por fuera es una belleza, por dentro me quedo sin palabras. -Extraordinario -es lo señero que sale de mis labios. Hay varios muebles de del mismo color, rojo. Pero no es un rojo habitual es más... como decirlo, más triste. Los cuadros son del mismo señor Speller, que cuelgan arriba de la chimenea, hay algunos cuadros abstractos, otros mosaicos pero tiene un toque de dispendioso y refinado. El que diseño toda la mansión junto a las demás vicisitudes, sí que sabe lo que hace. -Hijo -mi madre me saca de mis pensamientos. Volteo y le prestó atención, ella está junto a la señora Speller, o para mí, la zorra Speller, me sorprendo de mis pensamientos hacia a la mujer... pero no entiendo porque no me sorprende pensar de esa manera. Perra tenía que ser. -¡Oh!, Paul ¿cómo estás? -Se acerca y me toma de las mejillas jalándomelas al instante, inmediatamente me coloco rojo de la furia ¿quién se cree esta arpía para tocarme? Se me adhiriera lo zorra. Bueno... ya la tengo, no obstante, no es tan alto rango de necesidad como el de ella. -Señora Speller, buenos días -le doy mi mejor sonrisa de agraciada, para cumplir mi meta necesito tenerla cerca. Ella me devuelve la sonrisa de inmediato. ¡Ja!, caíste perra. Se escucha pisadas provenientes de las escaleras, disimuladamente volteo mis ojos, para observar al Señor Speller bajar de ellas, lleva una americana de color n***o, una pajarita de color blanco, y unos pantalones de vestir del mismo color de la americana. ¡Este hombre sí que es incandescente! Lleva unos RayBan de color n***o, con la barandilla de color dorado. Su peinado lo lleva de modo Long Fade. Sin duda alguna es hermoso ese hombre. Creo que si yo fuera una chica estaría toda humedecida en este instante, ya que su mirada está puesta totalmente en mí. -Buenos días -su palabra sale bravata, arisca y muy vigorosa. El porte con el que camina es selecto y muy valeroso. Oh por los dioses. Se arrima a nosotros. Siento su presencia por detrás, trago saliva al sentir su inhalación. Mis labios se ponen pálidos, mi garganta se reseca, mi pulso emprende a correr con más ímpetu, mi sistema endocrino empieza a vociferar en mi interior: ¡Bésalo, que de todas formas él también te desea! Mi estómago empieza hacer ruidos extraños, llamando la atención de los presentes, mis mejillas se ruborizan al sentir la intensa mirada de Raymond. -¿Aún tienes hambre? -mi madre me consulta confundida y asimismo con una inflexión sarcástica, haciendo que mis mejillas parecieran luces de ambulancias. -He-e... -mi vocablo surge soporífera, balbuceaba como un idiota. -Señora Monstarwer, quería solicitarle aquiescencia, para dejar ir a su hijo conmigo a la empresa. Necesito una ayuda extra y le había dado el día libre a mi asistente -me coloco nervioso al pensar estar solo junto al guapo-vaqueros-censurados. Mi madre observa en mi dirección, y luego posa su vista en el candente hombre. -¡Claro que sí, señor Speller! Mi hijo debería aprender de todo un poco. Se encamina, donde su esposa y le da un beso en los labios. Siento algo romperse en mi pecho, creo que fue mi estómago. Supongo que sí, aún tengo hambre. El me observaba, como demandando justificaciones, aunque no lo admita estoy furioso con la arpía esa. Maldita bicha horrorosa. -Sí -mi voz apenas sale como un bisbiseo, bisbiseo del cual me voy a tragar con otra cosa. Malditos, sucios pensamientos. -Bueno -se aleja de su esposa y posa su vista nuevamente en mí-. Nos tenemos que ir. Necesito llegar cuanto antes. Asiento, parezco perro obedeciendo a su amo. ¡Maldita voz de dominante! -¿A dónde nos dirigimos? -el recelo repica en mi voz, cuando veo pasar la empresa. Según, sé, por mi madre, el señor Speller es un abogado muy codiciado y tiene un bufete en las más altas zonas de Florida. -Ya verás... hermosura -mis ojos se abren como platos al escuchar tal cumplido. Oh... Dios, de la santa mierda bendita, esto sí que me está colocando frenético. Expresar que no estoy perturbado era una mentira bien mentirosa. Estoy nervioso y despavorido de lo que podría llegar a suceder con el señor Speller, sé que es un hombre casado y me agita saber si llego a estar con el de las formas amorosas y sexuales. Ha cada segundo volteaba a observarme, cosa que hacía acrecentar mi ritmo cardiaco excesivamente. Mis manos empezaban a transpirar, mi inhalación se entrecortaba, mis labios se sentían pálidos, considero la alteración de mi vientre, dando vuelcos como olas en las playas. Miraba su reloj, fijándome en la hora. Son las 10:00am, suficiente tiempo para que hiciera conmigo lo que pretendiera. No lo conocía, podría ser un homicida, un mafioso con cara de ángel fogoso, un ángel que no posee alas, despojadas por su libídine, y yo sería aquel humano que derribaría en sus garras. Hurtando mis sentimientos, mi prejuicio, mi respeto y mi nobleza. No mentiré diciendo, que lo deseo, como cualquier persona que lo viera, el maldito es muy divino, que da miedo pensar de qué real se tratara. Se podía observar que la ciudad de pronto iba cambiando por un frondoso bosque, un camino de pura vegetación, muy fastuoso. Se podía también mirar pocas casas en el camino, mis nervios seguían acrecentando, el auto poco a poco iba descendiendo la velocidad, desistiendo que mis nerviosos llegaran a su tope, me hacía temblar. Su mano se posó en mi rodilla más cercana, remontando poco a poco. Se quita sus lentes Channel, dejándolos en el espejo retrovisor, sus ojos marinos se reposan en mi rostro, observándolo con solicitud, opinando con la vista, como si fuera una auténtica faena de destreza. -Al fin disfrutaré... el agrado de conocerte bien-su voz tintinea repleta de libídine, apetito, satisfacción y erotismo. -¿Qu-ué... di-ices? -balbuceo inquieto. Sonríe evidentemente, me pone los pelos de punta. -Nada... -hace un ademan con su mano sin importancia- olvídalo. -acerca su rostro al mío. Su mirada esta posada en mis labios, los observa con tanto anhelo y luego mira a mis ojos, sin entenderme asiento sin saber por qué lo hice. Sus labios se adhieren a los míos, dejando un casto beso, lo observo perplejo pero el vuelve a besarme, pero esta vez no es un casto, es un beso demandante, un beso lleno de lo que su mirada reflejaba. Sus manos se posan en mi cintura jalándome hasta sentarme en su regazo. El beso se empieza a poner más intenso. Sentía mis labios tumefactos, mi polera ya no estaba en su sitio, mis vaqueros menos. Raymond, solo tenía su bóxer. Inmediatamente me retiro de encima de él. Sentía las lágrimas bajar por mis mejillas. Me sentía deshonesto, estúpido, le había hecho una promesa a Richard y he caído muy bajo. -¿Qué ocurre? -su expresión sale intermitente por el aliento dilapidado. Lo miro, y le doy una bofetada. -¡Estás casado, imbécil! -me mira tirante, me empiezo a colocar mi ropa debidamente. Ya listo salgo del coche, dando un portazo, escucho el grito de Raymond maldiciendo. Abrazo mi cuerpo, sintiendo aun las lágrimas descendiendo de mis ojos, no puedo creer que me haya dejado llevar por los deseos que siempre he reservado. Aun siento la ausencia de Richard, pero es la promesa la que no me deja pensar con lo que debe ser mi ahora vida sin él. Recuerdo aun cuando nos conocimos. Me derrumbo de rodillas en suelo de la carretera, aun me duele la muerte de Richard. Extraño a Richard, Benjamín está viviendo con su madre en el sur de la ciudad. En pocas ocasiones lo puedo ir a visitar. La universidad no me el tiempo, que quiero. En este tiempo, iré con a buscarlo y traerlo a casa de mis padres. Mis sollozos me están impidiendo respirar regularmente. El coche deportivo de Raymond se detiene a un metro de mí, se escucha cuando la puerta se abre y se cierra. Él llega mi lado, se agacha; siento como su mano corre algunos mechones de cabello de mi frente. Estoy en total agonía. Siento mis parpados cerrarse, poco a poco quedo sumergido en mi propio poso sin luz.   
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