La habitación estaba más silenciosa que de costumbre, Hilda y Manuel habían salido de compras al supermercado, les había dicho que iba al centro comercial por unas camisas para la presentación de mi Tesis, de año intermedio, en mi carrera de veterinaria presento dos tesis, una al medio del curso y otra al terminarla. Pensaba vestirme formal, aunque no me gustaba ese tipo de estilo para mi vestir. Pensé en vestirme con una camisa manga larga de lino blanca, unos vaqueros de color caqui, mi correa marrón y un par de tenis, me gustaba conservar mi estilo juvenil.
Caminaba por las escaleras eléctricas de la tienda Zara, una de las tiendas donde más me gusta asistir, tienen las mejores vestiduras, saben combinar lo perfecto con lo moderno. Es simplemente espectacular. Sostenía mi teléfono respondiéndole a Hilda que en poco tiempo me devolvía al departamento. Llego a la entrada del segundo piso de Zara, donde están los atuendos de hombres, camino a ella, iba distraído observando las perfecciones de trajes. Me encantan los sombreros, gorras, gorros, pañoletas y diversos accesorios que combinaran con mi estilo. Camino hasta uno y choco con un niño de no más de siete años. El niño se levanta del suelo viéndome.
-Lo siento, iba distraído -me justifico, el niño me sonríe de forma amigable.
-¡Benjamín! -Se escucha el llamado de un hombre.
El niño, responde tiernamente: -Aquí estoy, papi.
Se acerca un hombre, alto, corpulento, con algunos tatuajes, unos ojos grises que me saca el aliento, un cabello chocolate revuelto, trae una cadena de militar en su cuello, sobresaliendo por la manga del cuello de la camisa. Su mirada intimidante se fija en mí, se sorprende al verme y sonríe. Siento mis mejillas sonrojadas ante la inesperada sonrisa del hombre que tengo en frente. Admito que me atemorizo.
-¡Oh, lo siento! Mi hijo cuando ve ropa de personas mayores, siempre quiere que compre para mí. -siento una calidez, cuando escucho su voz, suena como la gravedad convulsionando a las teorías de Newton.
Nunca había visto un hombre tan hermoso como él.
-No te preocupes -comento-. Tienes un hijo hermoso -me sonríe sin quitar su vista de mi-, te llamas Benjamín ¿cierto? -el niño asiente mostrándome sus pequeños dientes- bueno, Benjamín eres muy apuesto al igual que tu padre. -sus mejillas toman cierto color carmín, voltea a ver a su padre quien también tiene un poco de rubor en sus mejillas ante mi alago -, tu madre debe estar feliz de tener a dos hombres tan guapos como ustedes en su vida.
El niño asiente feliz. El hombre que aún no sé cómo se llama, se acerca a Benjamín cargándolos en sus fuertes brazos, paso saliva cuando siento su acercamiento.
¡Santa mierda!
-Un gusto, soy Richard Styles -estrecho mi mano esperando que el haga lo mismo pero en vez de eso la toma y me da un beso en ella-, ¿y cómo te llamas? -Salgo de mi trance, al escuchar sus palabras, creo que me he quedado estático por su acción.
-M-Mi-i nombre es-s Paul... Paul Monstawer -vacilo nervioso.
-Bueno Paul, por agradecimiento de retener a este ratoncito te invito a que tomemos un helado con Benjamín ¿aceptas?
El niño con su manitas las une haciendo un puchero en suplica. Sonrió con ternura. Richard también lo tiene y me da gracia por su tamaño y fuerza. Me es imposible no aceptar. Uno, porque son bien hermosos haciendo esos pucheros y dos porque siento una ligera comodidad en mi pecho al estar junto a ellos.
-Acepto... pero -ellos se ponen atentos a lo que voy a decir-, me tienen que esperar a que compre algunas cosas ¿sí? -asiente y comienzo caminar, busco en algunos lugares donde este las cosas que necesito.
Encuentro algunas poleras de lino blanca y las tomo, busco con mi mirada pantalones de vestir, hay uno caqui otro de color salmón, azul y rojo. Tomo el caqui colocándolo en las cestica donde están las camisas, ahora voy al probador, donde cuatro, de dos, están ocupados.
Entro al que esta al final. Le entrego la cesta con la ropa a un empleado que esta vestido con un traje de color n***o, no quitaba los ojos de mí, detrás se escucha un gruñido. No le prestó atención y sigo con lo mío. Entro por el quitándome mis ropa quedando en bóxer, el chico empieza a pasar las cosas que me voy a probar y empiezo a colocarme la polera de lino (me queda muy bien), pienso; se moldea a mi cintura y a mis brazos, me la quito al comprobar que me queda bien, ahora me mido el pantalón caqui, ¡me queda estupendo! Me lo quito y empiezo a vestirme de inmediato con la ropa que traía puesta de mi departamento. Ya listo salgo con la ropa que me había medido en mis manos. El chico tiene en su mandíbula un golpe que se empieza a mostrar, lo observo preocupado. Le entrego la cesta, le doy las gracias.
Camino sintiendo las miradas de los hombres en mis nalgas, ruedo los ojos ante tan perversión, me dirijo a la chica que está en la caja, le voy pasando las cosas, sentía la presencia de Richard con Benjamín aun. Sonrío al pensar que habían cumplido su palabra.
-Son tres mil doscientos dólares -le entrego mi tarjeta dorada y ella empieza a pasarla de inmediato por la registradora, luego me entregan dos bolsas de cartulina con el logotipo de la tienda, me devuelve mi tarjeta con la factura-. ¡Gracias por su compra, vuelva pronto!
-Gracias y claro que sí.
Me doy vuelta observando a Richard y a Benjamín quienes me sonríen. Ellos empiezan a caminar pero me hacen ir al lado de ellos.
-¡Papi! ¡¿Ahora si podemos comer el helado?! -Richard asiente. Benjamín se baja de sus brazos, me toma de la mano y luego toma la de su padre, esa acción me hace enternecer- ¡Vamos rápido que se van acabar!
Observo a Richard rodar los ojos ante la desesperación de su hijo. Yo intento ocultar mi risa pero esta sale de inmediato. Caminamos hasta llegar a IceCream Dreamer's. Una tienda donde van muchas personas a cada minuto, el trabajo es pesado por la clientela y la corredera de los camareros. Sin embargo, aun así no le quita el ambiente de tranquilidad y comodidad. Nos sentamos en una mesita que queda afuera del local, Benjamín se sienta en las pierna de su padre, yo por lo menos en las mías coloco ambas bolsas. Se acerca una camarera que al ver a Richard se sonroja. No eres la única, pienso.
-Buenas tardes, bienvenidos. Aquí les dejo el menú de algunos de los helados. -Asentimos. Y Benjamín toma un cartel donde dicen el nombre de algunos helados.
-¡Quiero uno de chocolate con torta suiza y lluvia de colores!... ¡Por favor!
Me enternezco al ver la reacción del niño. Es tan galán como su padre.
-Yo quiero uno de vinilla y fresa. Por favor -solicito amablemente, la chica anota en su tablerito y observa atenta Richard esperando su pedido.
-A mí me traes, uno de choco crema y lluvia de fresas, por favor. -la chica confirma le pedido y se retira- Cuéntanos de ti, Paul.
Antes de llegar a responder Benjamín interrumpe.
-¡Papi! ¿Puedo ir a los juegos? ¡Por favor! -Richard afirma y sale corriendo.
-Eres un padre, admirable -le alago. Por su parte me sonríe-. Bueno, yo soy estudiante de veterinaria, tengo veintitrés años, dentro de unos meses cumplo los veinticuatro. Me gusta la fotografía, la música, los animales. Tengo dos mejores amigos, Hilda y Manuel y tengo una hermana que casi no veo. Vengo de Miami. ¿Y tú?
-Bueno... yo soy militar, tengo veintisiete años, tengo un hijo, me gusta el deporte, la música, el dibujo y soy de aquí. Yo tengo varios amigos, en su mayoría de mi trabajo.
-¿Y tu esposa? -inquiero extrañado de que no la nombrara.
-No tengo -hace una pausa y continua-, ni tampoco novia, Benjamín vino de una aventura que tuve con una mujer hace años. -le resta importancia- ¿Tienes novio?
-¡No! -me sonrojo al notar que lo exclame, un tanto desesperado-, estoy soltero. -le indico más tranquilo.
Me sonríe tiernamente, nos miramos inconmoviblemente como si el tiempo dependiera de ello. La chica que había hechos los pedidos aparece con una bandeja transportando los helados. Richard se levanta pidiendo permiso, para ir en busca de su hijo. Yo me quedo pensando en lo guapo, que es ese hombre.
Suspiro varias veces y noto que parezco un colegial conociendo a su primer amor.
¡Es que es hermoso!
Espero algunos minutos, sentado observando únicamente el helado, esperando a los chicos. No tardan demasiado, Benjamín trae consigo un carrito que lo eleva en sus manos, mientras es cargado en los fuertes brazos de su padre. Percibir aquella escena me llena de mucha conmoción. Son tan parecidos, la diferencia es el cabello de cada uno, porque hasta las mismas expresiones las padecen.
Suspiro nuevamente, cuando están cerca. Pliego mis nerviosas manos, que se colocan así al retornar la cercanía del hombre misterioso, porque es un enigma todo lo referente a él, hasta sus hermosos ojos. Richard, al notar mi nerviosismo levanta una de sus cejas, intenta reprimir un guiño que se eleva sin poder contenerlo, haciéndome abochornar más de lo corriente.
Monótonamente, opino, que este hombre contrariamente además de ser misterioso es muy soberbio.