No dormí nada. Y no porque no lo intentara. Simplemente no pude. Apenas cerraba los ojos, su rostro volvía a mí con una nitidez dolorosa. Su voz ronca, su perfume tan jodidamente masculino, la tensión en sus hombros, el modo en que sus ojos me desnudaban sin siquiera pestañear. Todo él era una maldita alarma contra mi paz mental. Y ahora, para colmo, tengo que verlo de nuevo. Porque Alaric me citó en su despacho. Según él, para darme mi primer pago mensual. Qué irónico. Pensar que recibiré dinero por cuidar a su hija… cuando yo estoy lejos del mío por su culpa. Todo esto sigue siendo demasiado absurdo. Como si mi vida se hubiera convertido en un maldito experimento social. Cuando llego a su despacho, Alaric ya está ahí, de pie junto a la barra de licor. Su chaqueta está sobre el re

