
Dicen que la mujer hace el duelo mucho antes de terminar una relación. El miedo, la vergüenza y la bronca, me hicieron saltar ese paso.
Yo ignoré las señales. No lo lloré semanas viéndolo llegar a casa como si nada. No llené mi cabeza de pensamientos negativos, ni imaginé cómo sería mi vida sin él.
Simplemente, abrí los ojos ante sus supuestos engaños, sus múltiples mentiras y sentí como mi corazón se hacía trizas, para después, sin siquiera oír una explicación, dejarlo.
Al principio, me sentía dentro de un pozo oscuro. De repente no tenía al hombre que amaba a mi lado, aquel que me hacía sentir segura y hermosa. Fue difícil e incluso doloroso salir de ese lugar triste y depresivo, pero lo logré. Tuve que hacerlo por mi hija y por mi propia vida.
Pero las cosas no salieron como esperaba. Pues, yo me esforcé tanto en odiar a Estéfano, que no imaginé que un día, comenzaría a ver qué en verdad él no me mentía. Las verdades fueron saliendo a luz y yo quedé en un punto en dónde ya no tenía retorno. Viendo como él rehacia su vida sin mí, perdiendolo, hasta contagiandolo de ese odio que yo misma inventé.
Solo me queda una cosa, luchar para recuperarlo.
