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4979 Palabras
hambre. Por favor, Venezuela exige un cambio, y los que debemos comenzar a cambiar somos nosotros. Si tienes una pareja estable y un trabajo estable también, tenga los hijos que puedas educar, y que puedas formar con orgullo y comodidad. Si no, no haga el gran gafo de los papeles de parir y parir como una coneja, y de empreñar y empreñar porque eres sumamente lindo, y un gran machote, porque después pudieras estar en una calembe casa, y con una gran muchachera muriéndose de hambre y sin dinero en el bolsillo y viendo como la lluvia arrastra cantidades y cantidades de casas y mueren también cantidades y cantidades de gente. Haciéndose reflexiones, que siempre acostumbraba, se quedo profundamente dormido, verdaderamente ese descanso le hacia bastante falta, ya que se sentía extenuado en extremo. No habían pasado unos minutos cuando algo se presento ante él. Un perfecto bosque, enorme, grandioso, con cientos de árboles idénticos entre sí y de igual tamaño, por medio del cual un pequeño riachuelo atravesaba. Como estaba amaneciendo, y estaba nublado, el sol llegaba como si una gigantesca linterna se prendiera allá en lo alto.  Los rayos, atravesaban las nubes y llegaban en grupo al bosque. En las hojas de los árboles, el roció que aun permanecía en sus hojas, reflejaba la luz del sol y pareciera que todos los ellos estuvieran cubiertos de un brillante alazán. La apuesta de las nubes por una deliciosa brisa matutina, que se respiraba como una magia el señor sol, penetró al bosque en toda su plenitud. Había un camino, y a ambos lados, árboles y más árboles. El camino parecía el paso de los reyes. Un árbol de mil colores, parecía muy extraño; pero en realidad no era tal. Una bandada de pajaritos de todos los colores, volaron desde el árbol en que habrían dormido y dejaron al descubierto las verdes hojas. Que hermosos paisaje. Al fondo se veía una pequeña casa que dejaba escapar humo por una pequeña hermosa. Cuatros ciervos se acercaron al riachuelo a beber, y después comenzaron a jugar entre ellos, eran una pareja con sus dos crías. Jugaron largo rato y luego las crías se dispusieron a beber del preciado líquido que manaba de su madre y el padre echado en el pasto, rumiaba sin cesar. Al cabo de un rato, corrieron velozmente desapareciendo tan  igual como habían llegado. El sol calentaba la tierra y se sentía la brisa que arrastraba consigo al aroma de las flores. Escuchaba el sonido del viento, de las ramas de los árboles, del trinar de los pájaros. Escuchó también el timbre del despertador que le trajo a la realidad. Se despertó con rabia ya que se percato de que había sido un sueño, y no era una realidad lo que había estado observando. Ahora si que le resultaba bastante extraño; porque después de vivir tantas cosas horribles en el hospital, en su vida diaria, lo más probable era sentir pesadillas, pero en su caso, eran verdaderas joyas naturales las que observaba en su sueño, verdaderamente unas grandiosas creaciones divinas. Durante diez minutos se quedó en la cama inmóvil, pensando aún en ese nuevo sueño exquisito; pero recordó que tenía que viajar y bruscamente se incorporo e inició la rutina matutina. Ya la cafetera dejaba escapar el aroma de siempre. El sol a esa hora cubría toda la ciudad y el agradable frío nocturno desaparecía bajo los dominios de astro rey. Momentos más tarde abordaba un expreso hacia la ciudad donde residía su padre y este inició su recorrido cuarenta minutos después de la hora estipulada. Rigoberto pensaba y pensaba en aquel otro paisaje que había venido a él en sus sueños, tan o más hermoso que el primero; pero ambos perfectos, completamente naturales, salvó la pequeña cabaña que percibió en este último. El autobús, hizo un raro ruido y se detuvo a orilla de la carretera, el chofer y su ayudante revisaban la avería y reparaban el desperfecto; allí perdieron buena parte del tiempo. La gente protestaba; pero Rigoberto apartado de la realidad, recordando el sueño que había tenido, ni siquiera se percato del acontecimiento. Ya superado el percance, la unidad continuo su recorrido. A la vista se presentaban cientos y cientos de cocoteros que caracterizaban aquella zona. El paisaje que la naturaleza ofrecía, no era visto por Rigoberto, éste, distraído aun en el extraño pero portentoso paraíso con el que soñó, no le daba oportunidad de ocuparse de otra cosa. En la parada que hicieron, descendió y fue al baño, luego se dispuso a observar el paisaje y nada había parecido a lo soñado. Ya le parecía tan sencillo todo lo que observaba, que no le presto la mayor importancia, y ascendió a la unidad, y se dispuso a leer el periódico, cosa esta que hacia a diario desde que era muy niño. El motor arrancó y ya no seria hasta llegar a su destino donde se detuviera. Cuando había llegado, ya la ciudad mariana estaba cubierta de un acentuado calor, típico de esa zona. El famoso calor coriano. Se unieron en un fuerte abrazo y permanecieron así, uno tan cerca del otro, que sus respiraciones se confundía. _ Bendición Papá. _ Que Dios te bendiga querido hijo. _ Dime ¿cómo estas? _ Muy bien, - le contestaba ocultando su mirada. Rigoberto no lo notó. _ Cuéntame ¿qué haces? _ No mucho, trabajar y echarte mucho de menos. Cuanta falta me haces hijo mío, no te imaginas lo desesperado que estoy en que termines tus estudios para que vuelvas nuevamente a casa. _ Pronto Papá;  ya solamente me falta un año. _ ¡Ay! mi hijo, como pasa de rápido el tiempo.- Decía caminando hacia la ventana que daba a la calle. - No hace mucho eras un bebe, no hace mucho que tu mamá te trajo al mundo. Y un silencio se apoderó de él, y ambos conocían su origen. _ Ya viejo, no te pongas triste; mira que acabo de llegar y quiero que me regales muchas sonrisas. _ Tienes razón hijo, discúlpame, no debí ponerme melancólico.   Decía esto solamente para que Rigoberto creyese que olvidaría el asunto; pero ambos sabían que no sería así, ya que la melancolía de Andrés Eloy era perpetua. Vivía permanentemente con ella y de seguro moriría con ella. Pasaron unos días deliciosos, visitaron a varios  amigos, y visitaron las playas de la península. Ahora ambos lucían unos bronceados perfectos. Que lindas son las playas paraguaneras.  El estado Falcón cuenta con un caudal de belleza. Hermosísimas playas con cristalinas aguas. Un ambiente xerófito especial. Grandes cantidades de ganados caprinos se observaban por doquier.  La capital, cuna de la evangelización, es ahora patrimonio histórico y cultural de la humanidad, además de su puerto. Lindísimas casas al estilo colonial nos trasladan al pasado y nos hundimos en nuestra historia colonial.  El balcón de los Arcaya, la Casa de las Ventanas de Hierro, las Calles de Piedras, La Cruz de San Clemente, la Basílica Menor, en fin, toda esa cantidad de maravillas que existen en la ciudad de Coro. En la vía hacia el Zulia, una gran cantidad de pueblos típicos, adorna aquella parte del Estado. Lo más maravilloso dentro de tanta maravilla, es la sierra coriana, donde bellísimos pueblos asentados en esas lindísimas montañas. Donde el clima es delicioso y el contraste con los otros sitios del Estado, hacían una diversidad de climas. Era maravilloso pasar el día en las bellas playas de Adícora, Buchuaco, El Supí, Tiraya o Villa Marina, entre otras y luego al terminar la tarde, estar instalado en Curimagua, San Luis o Cabure, por ejemplo. Comprar pescado en Cumarebo o La Vela, así como en Zazárida de Buchivacoa. Asistir a las ferias de Churuguara, al Baile de Las Turas de Mapararí. A los homenajes que se le hacen en todos los pueblos de Falcón, al inmortal Alí Primera. Falcón es una tierra de gracia, cuna de Juan Crisóstomo, de Josefa Camejo, José Leonardo, y también cuna de la primera sublevación de los negros liderada por el zambo Chirino. Es maravilloso observar, que cuando se va por la autopista Coro – Punto Fijo,  enormes grupos de flamencos, adornan con su lindo color Rosado, que le proporcionan su lindo color a su plumaje. No existe nada como detenerse en la capilla creada a los milagros de las ánimas de Guasare,  sitio obligado a la peregrinación. Pero a Rigoberto, lo que más le fascinaba de Coro, eran sus médanos. Pequeño desierto en medio de la ciudad, y sobre todo aquel monumento construido a los pies de estos, aquel monumento que desde que lo conoció, lo inmortalizó, por ser el hermoso monumento a las madres. Pasaron deliciosos momentos antes de partir nuevamente. Hicieron una parrillada junto a unos vecinos y tomaron cervezas. Jugaron dominó durante todo el día. También saborearon un delicioso cruzado que Andrés Eloy hizo con tanto amor y sazón. Cuando hubo de marcharse, Andrés Eloy y Rigoberto fueron presas de la más honda tristeza. Aquellas separaciones los hacían desgraciados. Se marcharía en la mañana  a las cinco, y desde ya se despedían, entre llanto y palabras amorosas. Esa noche durmieron en la misma cama como cuando eran un bebe, y Rigoberto conversó largamente con su papá. _ Papá, quería contarte algo muy extraño que me ha estado sucediendo desde hace varios días. _ Si mi hijo ¿De qué se trata? - Bueno papá, a lo mejor no tiene mucha importancia. _ No hijo, nunca vuelvas a repetir eso, todo lo que nos sucede en la vida, ya sea bien o mal, tiene siempre una importancia,  habla ¿qué te ocurre? _ Es que he tenido unos sueños papá. _ ¿y? _ Bueno, es que no son unos sueños cualquiera. _ Sigo sin entender, a ver explícate mejor.             Rigoberto contó detalle a detalle a su padre, los sueños que había tenido y le preguntaba si tendrían algún significado en especial. _ Mira hijo, en nuestras vidas nos han pasado muchas tragedias, bastante diría yo. Dios te regala en sueños cosas agradables, verdaderos paisajes lindos, belleza, en fin, situaciones que te alegran la vida. _ Tienes razón viejo, pero es que si supieras lo mágico de aquello que soñé, quedarías tu también fascinado ante tanta belleza; es que pareciera el paraíso. Ambos se quedaron dormidos, y por la mañana tomó un avión hasta el Arturo Michelena de la ciudad de Valencia, donde lo estaba esperando una hermosa dama, Rosángela, hermosamente vestida y sonriéndole con coquetería. Como provenía de una familia muy adinerada, un gran automóvil último modelo le esperaba.   _ Hola Rigoberto. - Rosángela, que sorpresa, como supiste que vendría hoy y por avión precisamente. _ Me lo dijo un pajarito. _ Creo que sé quien es esa avecilla. Un pájaro llamado Andrés Eloy. _ Si, tienes razón, lo llame anoche, y me enteró de todo, le pedí por favor que no te contará nada. Ya el chofer guardaba las maletas en el auto y Rosángela le decía a Rigoberto. _ Te prohíbo que me digas que no. _ ¿Qué no a qué? _ Que te invito a la casa de una amiga. Quiero que pases un  rato con nosotras, te quiere conocer. Conocerás también a su familia. ¿Qué te parece?   _ Bueno, la idea no es mala, pero déjame pensarlo – decía haciéndose el interesante simulando como que lo pensaba detenidamente durante largo rato. Luego atino a decir – Bueno  me convenciste. Vamos pues.  Y ambos abordaron el lujoso auto. Conoció a la amiga de Rosángela, una chica muy hermosa. También conoció a su enorme y preciosa casa. Conversaron sobre muchos temas. Pasó casi todo el día allí, y el chofer lo llevó al apartamento cuando caía la noche.             Mientras dormía, se presentó nuevamente otro paisaje. El mismo que soñó la primera vez, pero las montañas no estaban cubiertas de nieves. El sol alumbraba ardientemente en lo más alto del cielo y la hermosa pradera cubierta de miles de colores, invitaban a correr en ella, daban ganas de revolcarse en el césped y quedar empapado del aroma del la  grama. Que suerte la de él que volvía a presenciar aquella deidad. Una bandada de guacamayas con sus coloridas plumas cruzó el azul del cielo. Quien tuviese una cámara y plasmara aquello. Quien pudiese hacer un cuadro de aquella naturaleza viva. Todo permanecía en intensa calma, ahora no había una brisa que moviera aunque sea una hoja. De repente apareció algo muy espectacular. Una figura femenina de entre los árboles caminó despacio pasando frente a él. De seguro era una diosa o una hada madrina. Aquella belleza era más linda que Rosa y Rosángela juntas, aun muchísimo más.  El cabello azabache se deslizaba cual cascada por sus hombros desnudos y le llegaba hasta la espalda toda. Un precioso vestido rosa, cubría su cuerpo y denotaba sus preciosas curvas. Un escote minúsculo dejaba visualizar levemente unos maravillosos senos. Los ojos negrísimos, la boca intensamente roja, su piel de una blancura que cegaba, un preciosismo rostro. Aquello era la perfección hecha mujer. Se acercaba más a él, mucho más, y estando tan cerca le sonrió, dejando ver unos blanquísimos dientes perfectos, aquella era la sonrisa de un ángel. Sonrió con tanta ternura durante largo rato, que sus ojos se empañaron de emoción. Luego le hizo un gesto con la mano para que le siguiera como de regreso y sus curvas se acentuaron más. Los glúteos eran hermosos y los movía con mucha sensualidad al caminar. Antes de adentrarse entre los árboles, volvió a mirarlo con tanta delicadeza y se perdió en el hermoso paraje. ¡Dios mío que mujer!, jamás había mirado  algo semejante. Quedó completamente sumergido bajo los encantos de aquella hembra ¿Cómo puede existir tanta belleza en una sola persona?               Ya Rigoberto estaba cursando el decimoprimer semestre, casi terminaba su larga carrera hacia el éxito. Los últimos semestres que le habían tocada enfrentar habían sido muy sacrificados. Ya los exámenes eran mucho más frecuentes y enormemente difíciles. Para él, el sacrificio era otro, no ver a diario a su padre.  Tenía que dedicarle más tiempo a estudiar, casi no dormía ni frecuentaba los sitios a que otros jóvenes de su edad frecuentaban.  Ese era el duro precio que había que pagar para saborear el dulce néctar de la victoria. Parece mentira pero muchas veces esos sacrificios de miles de jóvenes se desvanecen en la nada. En nuestro país, cualquiera sea el sitio donde posemos nuestros pies  para dar un paso, en ese subsuelo existe una gigantesca  cantidad de combustible fósil. A diario extraen millones de barriles que exportan y producen ganancias diarias de miles de millones de dólares y ¿Y que pasa con ese dinero?  La mayor parte se va hacia el extranjero en los repletos bolsillos de los políticos ladrones. A una persona que no posee bienes y fortuna más que los necesario, los ubican los compañeros del partido de turno, en por ejemplo, una prefectura; y cuando entrega el cargo, resulta que tiene una mansión, cuentas enormes en varios bancos, los hijos o nietos estudiando en el extranjero y una vasta hacienda con unos cientos o miles de cabezas de ganado. Que modestos. Ocupan cargos ministeriales sin preparación alguna. Basta con pertenecer al partido de gobierno y adentrarse en una camisa roja y una boina. Ya hoy Ministro de agricultura, mañana de educación, luego en cualquier otra vaina. Son todos unos ignorantes que se pasean por cargos poderosos solo para robar y robar. Asi ocurren los desaciertos, las desgracias y el desplome de una economía preciosa pasada a menos en una gran miseria que se devora las esperanzas de los pobres y hace millonarios a esos desgraciados sin alma.  Y un profesional universitario, que dedica 25 años o más de su vida al desarrollo  del país, si se compra una casa, los intereses bancarios le sacan los ojos y durante veinte años pagan. En caso de que compren un carro nuevo es casi lo mismo, y si se endeuda en una cosa, no lo puede hacer con otra. Mucha gente pensando en su futuro y en el de los suyos utilizan los bancos, y los señores banqueros se marchan al exterior y se llevan todo el dinero que los pobres incautos les confiaron. Los ministros se aumentan el sueldo cada vez  que lo creen conveniente, los concejales ganan una gran cantidad de dinero por hacer nada. Bueno, eso es la revolución, que feliz democracia, cuando no hay libertad de expresión, cuando uno no puede decir lo que le venga en gana, y niños mueren diariamente de enfermedades propias de la pobreza, sin medicinas, mueren de hambre, de miseria. Que gran democracia. Rigoberto, realmente cuando inició su carrera, gozaba de un significativo aporte que sus tíos le otorgaban mensualmente y con ello vivía y estudiaba holgadamente, ya que su padre, con lo poco que ganaba, realmente no era mucho con lo que podía ayudarle. Después de la muerte de su tía  y la desaparición de su tío, se vio en la imperiosa necesidad de entregar el pequeño apartamento; por no poder cancelar el alquiler del mismo, y convino en vivir en una pequeña habitación que compartía una sola sala de baño en común. Tres metros y medios cuadrados era el tamaño del inmueble, y allí se sentía muy cómodo, no tenía otra alternativa. La situación económica del país era la peor en toda la historia de la era democrática, y nadie se escapaba de ella. La educación estaba por el suelo, los cuerpos de seguridad, los diferentes ministerios y sobre todo  a lo que él le atañe, los hospitales, estaban en quiebra. Muchos sofisticados aparatos, estaban en clínicas privadas, aunque debiera estar en los hospitales públicos. Se ingresaba algún paciente que ameritaba alguna intervención quirúrgica, de traumatología por mencionar solo una, los usureros que por supuesto no son todos, dicen: - “Bueno vas a tener que esperarte porque hay paro de obreros; porque no hay aire acondicionado; porque tengo una uña partida; porque se le murió el gato al anestesiólogo, en fin, una gran gama de explicaciones  mezquinas; y luego remontaban así: “Tendrá que operarse en una clínica”. Era un día martes, le tocaba guardia desde las 7 de la mañana hasta las once de la noche. Solamente tenían derecho al almuerzo, que por cierto era una pequeña porción de muy mala calidad, incomible. El hospital carecía en su totalidad de lo más elemental; no había medicamentos de emergencia, antibióticos, anestesia, suturas, soluciones parenterales, etc. Y a los pacientes le tenían que llevar su comida sus familiares. Si alguien  acudía con un dolor de cabeza por ejemplo, tenía que comprar en la farmacia la inyectadora y el analgésico, solo le facilitaban “la mano de obra”. Hubo un caso, de un enfermero que hizo lo siguiente: A cada paciente le pasaban los récipes para que compraran los medicamentos que necesitaban, y las inyectadoras. Por ejemplo el paciente X tiene indicado durante la noche dos frascos de un medicamento, uno para las 12 a.m. y otro para las 6 a.m. Como tenía cada paciente que comprar su medicamento, se hacía una lista de todos los  requeridos para la guardia, si tenía todas las dosis, se señalaban en la lista si tenía solo alguna de igual modo. El paciente en cuestión solo tenía la dosis de las 12 a.m., por lo que le era sumamente necesaria la dosis de las 6 a.m.    El siniestro personaje, era el encargado de la guardia y mandaba a sus subalternos con la lista que el ya había realizado, a solicitar los medicamentos. Había algunos que con sacrificio, compraban sus fármacos, y otros que desgraciadamente no lo hacían. El subalterno entregaba la caja con los medicamentos recolectados con su debida identificación y el procedía a prepararlos para posteriormente administrarlos. Los subalternos continuaban realizando otras labores, o charlaban en el balcón mientras no había nada que hacer, que era muy poco común. Lo que hacia este delincuente era que todos los medicamentos los guardaba en un bolso de su propiedad y llenaba las inyectadoras con solución solamente. Después de esconder bien el bolso, se disponía a cumplir el “tratamiento” que en su gran mayoría eran antibióticos, y en realidad era agua lo que les administraba; por supuesto, los pacientes no mejoraban, al contrario, empeoraban, y los médicos, no hallando una explicación lógica le cambiaban el tratamiento por otro más efectivo, y por supuesto muchísimo más costoso. La tarea se le facilitaba por lo siguiente; esto era una gran mafia, con tentáculos por todos lados. Hospitalizaban  un paciente cualquiera, bajo un diagnostico también cualquiera y era él, quien  fungía como aguantador de los medicamentos. Al poco tiempo de su ingreso, tenía prácticamente, una “farmacia” en su mesa de noche. Había varios cómplices en el servicio. En la noche, que era cuando más se llevaba a cabo el crimen, la señora que tenía un solo medicamento, le faltaba el de la seis, entonces el “criminal” le decía: _ Señora, le tengo una sorpresa, en la cama X, hay un paciente que estaba recibiendo esa medicina, y puede ser que le haya sobrado algunas ampollas. Y la presentaba con el paciente quien en efecto, le había sobrado algunas ampollas.        Como la señora estaba sola  y era muy tarde para buscar una farmacia y con tanta inseguridad, se la compraba al señor que le estaba haciendo el gran favor y un poco más barata. Luego la dama se la entregaba al enfermero, este le colocaba agua en lugar del medicamento y volvía a llevarle la medicina al aguantador. Compraba la misma ampolla varias veces, y nunca se la administraban, y el paciente cada vez  peor. Cuando llegaba algún pedido que debería durar un mes, estos malditos seres sustraían la mitad del pedido y se lo llevaban a sus casas. A medio mes, ya el medicamento se había agotado, y les pasaban la receta a los familiares para que la compraran en el comercio. Entonces actuaban estos estafadores: _ Señor ¿Tiene la medicina? _ No mijo, no la tengo, tengo la plata pero estoy sola y yo no conozco nada por aquí. _ Bueno señora yo voy a hacer una excepción con usted para que vea que soy buena gente, le voy a pedir permiso a mi jefe - el otro delincuente -  y voy un momento en mi carro y le hago el favor de comprarla. _ La verdad se lo agradecería  toda la vida. No sabe cuanto se lo agradezco. La señora le entrega el dinero y la receta, el tipejo iba a su casa donde tenía bolsas de las farmacias, y hasta facturas selladas y firmadas en blanco. Regresaban con el encargo y la factura para que no quedara ningún tipo de dudas. Y ella agradecida le regalaba hasta una propina. Esto lo repetían con muchos más pacientes. Hasta que una noche se descubrió todo. La acompañante de un paciente  tenía sus dudas desde hacia bastante tiempo, ya que su esposo que padecía de una ulcera en el pie producto  de la diabetes, estaba cada vez peor. Nunca dejaban de comprar los antibióticos y nada, y hasta habían decidido darle un lapso de espera para ver su mejoría y si no, le amputarían el pié. Cuando pasaron haciendo el recorrido la señora tenía solo una ampolla de Antibiótico, y antes de entregarla, le dibujó una equis en una parte no visible, y alguna otra seña, y luego la entregó como si nada, como siempre. El delincuente preparó suero solo, y entregó la ampolla al paciente cómplice. Habiéndole cumplido el “tratamiento”, es decir, el agua a las doce de la noche, la señora le preguntó al susodicho si no sabía de alguien que le hubiera quedado alguna clindamicina que se la vendiera. Este disimulando, hizo como si pensaba y le dijo: _ Creo que el de la cama 60 puede ser que tenga, vamos a preguntarle.         Se dirigieron al cuarto del cómplice que se hacia el dormido. - Compa, tu no tienes por casualidad alguna ampolla de clindamicina que te haya sobrado. _ Si, si tengo, pero todavía las estoy recibiendo y no tengo muchas. _ Hay señor, véndame una, que yo mañana se la repongo; lo que pasa es que no le quiero interrumpir el tratamiento a mi esposo, porque le pueden quitar el pié. _ Bueno señora esta bien; pero mañana me consigue otra, no vaya a ser que no me venga visita y me falla el tratamiento; pero me la paga ya.             Y sacaba de su mesa de noche la caja de medicina. La señora miró el estuche y notó la equis y la otra seña que había hecho y llamó inmediatamente a la policía. Se habían puesto al descubierto los ladrones y ambos se culpaban mutuamente. La trampa fue hecha con astucia, el paciente dado de alta; porque la mayor culpa la tuvo el enfermero a quien encarcelaron por unos días, y le hicieron firmar una renuncia, en lugar de botarlo. Había delito de robo a la nación, vender lo robado a los pacientes, administrarle agua sola, volver a practicar el círculo vicioso una y otra vez, y vender una misma medicina muchísimas veces y nunca aplicarlas. Y sabe Dios cuantos muertos tendrán  en sus conciencias si es que las tienen. Así de podrido está el sistema, esa mafia existe en todos los hospitales.       A las doce en punto, ingresa un bebe de seis meses de edad. Era  una preciosa niña, gordita, presentaba un bestial ataque de asma bronquial, respiraba con una máxima dificultad, los labios y la zona alrededor de ellos los tenían de un color azul. Los padres daban gritos de desesperación, sentía que su única hija se le estaba muriendo. Rigoberto recibió a la criatura y les dijo a los padres que se calmaran, que ya estaban en el hospital, que allí los ayudarían.      Colocaron al infante en una camita, no le colocaron el monitor porque se habían robado una parte del mismo, le colocaron oxigeno. Mandaron al padre a comprar un catéter para ponerle un suero. _ ¿Cómo cuanto costará? ¿Costará más de tres mil bolívares porque eso es lo único que tengo? Una voz le contestó, de seguro alguien que había comprado también aquel instrumental. - No vale, eso no cuesta siquiera mil bolívares. Y el padre del niño salió corriendo hasta la farmacia que afortunadamente no quedaba muy lejos. Al llegar este  con el catéter, le fue insertando en una vía periferia y se le administró una solución que el médico le había dicho a Rigoberto que utilizará. La bebé estaba de malas condiciones generales. Pidieron valoración por el especialista de terapia intensiva quien al poco rato valoró al pacientito, el diagnostico fue muy desalentador. El niño tenía una neumonía fulminante y tenía líquido en abundante cantidad en uno de los pulmones. Estaba sumamente grave. Necesitaban pasarlo a cuidados intensivos; pero los medicamentos tenían que comprarlos los familiares. Necesitaban un equipo especial para colocar suero y era costosísimo. Cada ampolla de antibiótico costaba cuarenta y dos mil bolívares cada una, y necesitaban por lo menos dos diarias. El otro antibiótico que necesitaban asociar con el primero era aun más caro, más de cien mil bolívares, y les duraba un solo un día. El pobre padre se llevó las manos a la cabeza y salió corriendo llorando y pidió un adelanto en una construcción donde estaban trabajando, le dieron  treinta mil bolívares. Se puso a pedir y logró aunque sea para el antibiótico más barato. La bebé se ponía cada vez peor, ya respiraba por aparatos que la tenían conectada a un respirador artificial. Apenas le habían puesto una dosis, decidieron cambiarle el tratamiento por otro mas fuerte y extremadamente costoso. También necesitaban urgentemente un broncodilatador, éste era el más apremiante y por supuesto, carecían de él. Le tomaron una muestra de sangre y en el laboratorio no tenían reactivo, tenía que hacerle el examen en un laboratorio particular y le costaba veinte mil bolívares. Fue a la alcaldía y pidió colaboración  llevando un informe médico que le habían realizado rápidamente, y la respuesta que le dieron que no había presupuesto, que las ayudas estaban suspendidas hasta nuevo aviso. Fue a hablar con el gobernador y este estaba reunido con la gente del partido, analizando las estrategias para enfrentarse a la oposición apátrida e imperialista. Le mandó cinco mil bolívares con un guardaespaldas  para que lo dejaran tranquilo. El muchacho salió de allí dando gritos de rabia e impotencia. Un caballero le compró una de las medicinas, que era muy costosa, el caballero notó que en realidad el padre estaba desesperado. El pobre hombre pidió un aventón hasta cerca del hospital y corrió hasta que llegó al mismo, cuando iba a entregar la medicina, su esposa lo miro y rompió a llorar desconsoladamente. La bebé hacía una hora y media que había fallecido por no tener con que hacerle el tratamiento. Como se pierde una vida  por no tener dinero, y tanto que hay en este país. Llegó a su casa a la una de la mañana aproximadamente, así notablemente afectado por la escena vivida,  por cual el niño murió, por no tener dinero. Pero si esos medicamentos los había en cantidades suficientes no hacia mucho tiempo. Esos medicamentos no se usaban muy frecuentemente. No se explicaba el joven bachiller; porque sucedía eso. Que maldición  es ser pobre en este país tan rico. Se dejó caer en la pequeña cama que dejaba sentir   unos resortes le llegaban hasta el alma. Mamá te das cuenta lo que acaba de pasar,  ¿Cómo es posible? A esa niña la toqué yo, le tomé las muestras, ella me miraba con aquellos ojos azules tan preciosos; mamá y la muchachita murió porque no había plata para comprarle unos medicamentos.  
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