CLARA Una patada en el costado me sacó de golpe de la nada. Abrí los ojos aturdida, quise limpiarme la cara, pero cuando intenté mover las manos me di cuenta que las tenía amarradas a la espalda con unas bridas. Mi pulsera de la suerte… desaparecida. Estaba sentada en una silla de madera, con los pies bien amarrados con una cuerda y un trapo metido en la boca para que no pudiera gritar. Danna estaba igual que yo, pero todavía no despertaba. Escuché pasos acercándose. Entran Nina, Tessa y Zoe. Nina, jugando con una navaja dice: —Ya decidí cómo va a ser esto. Intenté mover la cabeza y soltarme el trapo, pero nada. —Quiero que sufras, lo mismo que me hiciste sufrir a mí—, dijo, y en un parpadeo ya la tenía enfrente. La navaja brilló justo antes de rasgarme la pierna a través del mezclil

