CLARA Estaba comprando el estupido café que me habia pedido Eric. Mientras revisaba el caos de notificaciones que tenía en el celular, me di cuenta de que hace rato no sabía nada de Nina. Y como soy una amiga decente, la llamé. —¿Hola? ¿Quién habla? —contestó al tercer tono. —Vale, Nina, córtala. Sabes que soy la única persona que tienes agendada en ese celular —puse los ojos en blanco y empecé a jugar con un recibo todo arrugado. Nina se echó a reír. —¿Qué pasa Clara? —Todo tranquilo, aunque siento que si me levanto se me van a caer los pies del cansancio. La escuché cambiar el teléfono de oreja. —¿Y eso? —Pasé todo el día corriendo entregando sobres de Eric en distintas empresas. Las rodillas ya ni me responden, en serio. Suspiré. —Bueno, pero al menos estás cobrando bien, ¿

