Roba maridos

1544 Palabras

CLARA Piqué el botón de imprimir y me quedé esperando… pero nada que salía el bendito papel. —Oye, Danna, ¿qué pasa con esto?— pregunté, dándole un par de golpecitos a la impresora. Ella ni me hizo caso. Me di la vuelta y la vi ahí, sentada en su escritorio, con el teléfono color perla pegado a la oreja y el cable enredado en su dedo. —Sí, está aquí— dijo, mirándome de reojo. —Bueno, que suba— y colgó. —Eric quiere hablar contigo. —¿Qué? ¿Ahorita?—. Me quedé fría. Lo había estado esquivando y pensaba que me salía bien la jugada. Pero Danna solo asintió. —¿Y la impresora?— pregunté, más que nada para no moverme. —Yo me encargo. —Uf, que desgraciada, Danna— dije de broma, aunque por dentro no tenía ni pizca de ganas. Ella se rió. —Suerte. Solté un suspiro y me fui hacia la oficina

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