30. Aliado Alan —¿Este es el sitio? ¿Está seguro? —pregunta mientras observa la imponente fachada de la casa, cuyos detalles parecen desdibujarse bajo el manto blanco de la nieve. Al llegar a Aspen, consigue un taxi saliendo del aeropuerto, dirigiéndose directo a la dirección que le proporcionó Solange. La casa es majestuosa, como una postal invernal perfecta, con ventanales amplios que reflejan el gris del cielo y tejados cubiertos de nieve. El terreno que la rodea es vasto, aunque apenas puede distinguirlo; todo está sepultado bajo un espeso colchón blanco que emite un brillo casi cegador. Es evidente que esta propiedad tiene un valor incalculable, aunque eso no le sorprende. Solange ha tenido algunos maridos con bastante dinero. —Así es, señor, esta es la dirección que me indicó. —E

