29. ¡Renuncio! Teté Teté miraba por la ventana, con los codos apoyados en el alféizar de madera. Sus ojos seguían el camino nevado que se extendía hacia la casa, como si esperara ver aparecer una figura conocida en el horizonte. De pronto, un sonido la sacó de sus pensamientos: una suave risa detrás de ella, una mezcla de ternura y picardía. —Mi nieto será afortunado si consigue que una buena mujer como tú lo ame —dijo Cornelius, con voz cálida y cargada de sabiduría. Se apoyó en su bastón mientras soltaba un profundo suspiro—. Recuerdo que mi esposa esperaba mi regreso, así como lo haces tú ahora. Pensar en ella me hacía querer regresar cuanto antes a su lado. Teté sintió que el calor subía a sus mejillas. Se giró lentamente para mirarlo, intentando ocultar la vergüenza que la había i

